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Frustración del NYT sobre el BAII

Un reciente editorial del New York Times (NYT) sirve como perfecto ejemplo de la frustración de la parte estadounidense sobre el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) iniciado por China.

El artículo titulado “Aliados de EEUU atraídos por Banco de China” e impregnado con condescendencia, describe la decisión de Reino Unido, Alemania y otras naciones europeas de unirse al BAII como la “última fiebre del oro”.

Dejando a parte el intencionado sarcasmo, el editorial concluye acertadamente que es el potencial de los beneficios de la inversión en proyectos de infraestructura en Asia lo que ha motivado a estos aliados de EEUU a embarcarse en el BAII.

Como bien han observado expertos de muchas partes del mundo, China, con su rica experiencia en fundar o llevar a cabo tales proyectos en las vastas regiones del mundo menos desarrollado está especialmente equipada para impulsar la inversión en infraestructura en Asia.

A pesar de las repetidas peticiones de EEUU a sus socios para que permanezcan alejados del banco, alegando “estándares dudosos” sobre la gobernanza y las salvaguardas medioambientales y sociales, cada vez más de los aliados del país norteamericano se están uniendo a la iniciativa liderada por China.

Su decisión es un voto de confianza a China que ha conseguido tres décadas de éxito económico y se ha preparado para realizar mayores contribuciones al desarrollo global. Sin embargo esto no es lo único que hace al BAII tan popular.

A diferencia de las instituciones crediticias globales tales como el Banco Mundial, en el que Estados Unidos desempeña un papel dominante y cuenta con el derecho a veto, el BAII no otorgará tal privilegio a la nación asiática. En cambio, todos los miembros participarán en el proceso para tomar decisiones a fin de lograr resultados de beneficio mutuo.

Es decir, el BAII no busca debilitar las instituciones establecidas sino fortalecerlas e impulsará aún más la economía global.

Estados Unidos podría sentirse avergonzado debido al hecho de que no solo uno, sino muchos de sus aliados han ignorado sus advertencias y se han unido al BAII, pero como sugiere el NYT en su editorial, “se trata de un problema causado por el propio Estados Unidos”.

Por ejemplo, ha sido lento al avanzar la reforma en las existentes instituciones financieras globales, en las que la distribución de poder ya no refleja la realidad del panorama económico del mundo.

Los responsables de tomar decisiones en Estados Unidos deben recordar que si no se unen al tren de los cambios, acabarán siendo atropellados por él.

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