Seis tesis sobre los resultados de las elecciones vascas

Euskadi: segundo round del ciclo electoral

Las elecciones vascas son -tras las gallegas y antes de las catalanas y europeas- el segundo jalón de un intenso ciclo electoral, que decidirá buena parte de la correlación de fuerzas en un convulso y tenso plano político nacional. ¿Qué saldo deja el 21A? ¿Cuáles son las principales conclusiones de sus resultados?

Las elecciones en Euskadi son el segundo round de un ciclo electoral que culminará en las europeas, con una votación en el conjunto de España, y que también recorre las tres nacionalidades históricas: Galicia, Euskadi y Cataluña.

Ofreciendo una correlación de fuerzas política que afectará a la estabilidad del gobierno de coalición, a la lucha contra un saqueo que pervive y será más agudo a partir de 2025, y a la defensa de la unidad.

¿Qué saldo dejan las elecciones vascas? ¿Cuáles son las principales conclusiones de sus resultados?

Veámoslo en cinco tesis:

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1-

El PNV sigue siendo la fuerza más votada y gobernará Euskadi. Pero su retroceso evidencia el rechazo de la sociedad vasca a quien ha gestionado en Euskadi la ejecución de los recortes.

Por primera vez estaba en discusión si el PNV seria la candidatura con más votos en unas autonómicas vascas. Ha conservado esa primacía por menos de 30.000 votos. Pero ha sido superado por Bildu en Gipuzkoa y Álava, y en dos de cada tres municipios.

Si miramos la evolución del voto del PNV, su pérdida de la hegemonía política en Euskadi es patente. Ha obtenido 27.000 votos menos que en 2016, y se queda a 100.000 votos de su registro en 2005. Si lo comparamos con las autonómicas de 2001, el PNV ha perdido más de un tercio de sus votantes.

Imanol Pradales, ganador de las elecciones

¿Qué ha pasado en Euskadi?

Por un lado, tras la desaparición de ETA el voto es más libre en Euskadi. Y eso ha perjudicado más al PNV que a Bildu.

Por otro, se ha penalizado una política, encabezada por el PNV, que ha degradado y privatizado la sanidad pública, disparado el precio de la vivienda y el alquiler, o dado un bocado considerable a los salarios vía inflación o subida de hipotecas. Mientras utilizaba su influencia en Madrid para conseguir rebajas de impuestos para Iberdrola o Repsol.

El PNV intentó detener ese retroceso cambiando su cartel electoral, sustituyendo a un desgastado Urkullu. Y ha jugado la carta de ofrecerse como voto “de estabilidad” a los que temían que Bildu pudiera ganar.

Conservará la lehendakaritza al reeditar el pacto con el PSE. Pero solo le votan uno de cada cinco vascos. Y el rechazo que genera es cada vez mayor.

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-2-

Bildu ha obtenido los mejores resultados de su historia. Pugnando hasta el final con el PNV por ser la fuerza más votada. Aunque ha basado su mensaje en presentar una cara de izquierdas, y sin mencionar apenas la independencia, durante la campaña se ha visto lastrado por su apoyo y connivencia con el terror. El ascenso de Bildu, consiguiendo la hegemonía de la izquierda en Euskadi, es una mala noticia.

Arnaldo Otegui abrazado a Pello Otxandiano, celebrando los resultados de EH Bildu el 21A

Bildu ha superado por primera vez el 30% de los votos. Ha sido la fuerza más votada en dos de las tres provincias vascas, y en dos de cada tres municipios de Euskadi. Es la candidatura que mas ha crecido, con casi 100.000 votos más que en 2020.

¿Significa esto un repunte del independentismo en Euskadi? ¿O un avance de la connivencia con el terrorismo? No. La campaña de Bildu se ha basado en presentar un rostro de izquierdas, con propuestas contra la subida de alquileres -uno de los principales problemas en Euskadi-, o frente a la degradación de la sanidad pública. Se ha beneficiado del hundimiento de Podemos y de la derechización de Sumar. Cosechando el voto de muchos electores de izquierdas, en buena parte jóvenes.

Un solo dato lo explica todo: en 2014 el 86% de los votantes de Bildu apoyaban la independencia; ahora solo la respaldan el 55%. Más de 30 puntos menos, que se corresponde a mucha gente que han abandonado Podemos y ahora votan a Bildu por su carácter de izquierdas pero siguen si ser independentistas.

Han escondido a Otegi en el armario. Y durante la campaña el llamamiento a la independencia apenas ha ocupado un lugar relevante.

Si no ha obtenido más votos es por el lastre de su pasado de brazo ejecutor del terror, y del presente de un criminal negacionismo, cuando su candidato, Pello Otxandiano, se negó a calificar a ETA como una banda terrorista.

En las generales de 2016 Podemos obtuvo el doble de votos que Bildu. Hoy el partido que sigue dirigido por Otegi ha recibido más votos que toda la izquierda no nacionalista vasca. Esta es una pésima noticia.

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3-

Los resultados de las elecciones vascas perjudican la defensa de la unidad. Pero no se ha producido ninguna “avalancha del soberanismo” ni el apoyo a la fragmentación se ha hecho dominante en Euskadi.

Todos los medios repiten que “este será el parlamento vasco más soberanista”, con 54 de los 75 diputados en manos de PNV y Bildu. Y muchos, especialmente en los sectores más reaccionarios, alertan contra un independentismo que “ya es hegemónico en Euskadi”.

La realidad es otra muy diferente. La suma de PNV y Bildu representa dos tercios de los votos, pero poco mas del 40% del censo.

Y no se pueden contar todos sus votos como independentistas. Según el Sociómetro del gobierno vasco, solo el 17% de los votantes del PNV apoyan un Estado vasco, y el 45% de los votantes de Bildu rechazan la independencia.

Actualmente, el apoyo a la ruptura en Euskadi está bajo mínimos: solo la apoyan un 13% de los vascos.

Y el voto nacionalista se sigue beneficiando de su aplastante dominio en el mundo rural, más conservador que las ciudades, donde se concentra la clase obrera y el pueblo trabajador.

En las ciudades de más de 50.000 habitantes, que concentran casi la mitad del censo, el voto nacionalista y no nacionalista está igualado. Pero en los pueblos PNV y Bildu triplican a los partidos no independentistas.

El caso de Bildu es paradigmático: el 65,3% de sus votos vienen de los municipios de menos de 50.000 habitantes. El doble que en las grandes ciudades.

Hoy siguen existiendo en Euskadi, en los pueblos más pequeños, muchas “parrokiokavernas”, donde la suma del voto a PNV y Bildu supera el 90%, y el voto a partidos no nacionalistas es una heroicidad.

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4-

El resultado de las elecciones vascas favorece la estabilidad, beneficiando al PSOE. Mientras el PP crece en una de las comunidades donde había alcanzado cotas mínimas.

Pedro Sánchez, en la campaña vasca con el candidato a lehendakari, Eneko Andueza

Ni PNV ni Bildu van a “echarse al monte”. El PNV lo condiciona todo a conservar el poder autonómico, y el dinero público que permite controlar. Para lo que tendrá que pactar con el PSE. Y Bildu sabe que mostrar abiertamente propuestas independentistas o su connivencia con ETA es “veneno para la taquilla” electoral.

Tras el batacazo en Galicia, el PSOE ha cosechado unos buenos resultados en Euskadi. No ha recuperado los votos perdidos tras 2012, por la ejecución de los recortes. Pero obtiene dos diputados más, y será decisivo para que el PNV forme gobierno, garantizando el apoyo de Sabin Etxea en Madrid.

El PP aumenta un 50% sus votos en Euskadi, ganando un diputado. Beneficiándose de la desaparición de Ciudadanos, aunque no ha conseguido engullir a Vox.

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5-

La debacle de Podemos, y el pírrico resultado de Sumar, es una mala noticia. Deja huérfanos a muchos miles de votantes de la izquierda no nacionalista. Y reafirma la tendencia a que la hegemonía de la izquierda en las nacionalidades históricas recaiga en fuerzas independentistas.

La candidata a lehendakari por Sumar, Alba García

Podemos fue la fuerza más votada en Euskadi en las generales de 2015 y 2016. Llegando a acumular más de 300.000 votos. Ahora, contando a Sumar y Podemos, apenas supera los 50.000. Han perdido 280.000 votos.

¿Dónde han ido? Casi todos los analistas plantean que se los ha comido Bildu. Pero el partido de Otegi solo ha crecido en 120.000 votos desde 2016. Si le sumamos los 20.000 que ha ganado el PSOE… quedan todavía 140.000 personas que apoyaron a Podemos y que no votan ahora ni a Bildu ni al PSOE, se han desmovilizado.

El desastre del espacio político que representaba Podemos en Euskadi se explica por dos factores.

Por un lado el programa exageradamente de derechas que presenta Sumar, provocando el rechazo de muchos votantes de izquierdas que han preferido apoyar a Bildu.

Por otro, la campaña de Podemos, especialmente por parte de Pablo Iglesias, que ha situado como único objetivo evitar un gobierno del PNV, llamando en los hechos al voto útil a Bildu.

Uno de los titulares de Público, el mayor periódico digital de la izquierda, evidencia una tendencia preocupante: “Las izquierda soberanistas de Catalunya, Euskadi y Galicia se erigen en freno al acenso conservador en el Estado”.

En Galicia se entregó la bandera de la izquierda al BNG, y en Euskadi se ha hecho lo mismo con Bildu.

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6-

Primero en Galicia y ahora en Euskadi se evidencia la necesidad de una izquierda que luche contra el saqueo y defienda la unidad, enfrentándose a la fragmentación. Hay una base de masas “huérfana” en la izquierda para una “tercera vía” como la que representa la línea y el programa de Recortes Cero.

El BNG en Galicia o Bildu en Euskadi han crecido ofreciéndose como referencia a una parte de la izquierda no nacionalista. Pero no lo han acaparado todo.

Hay mucha gente de izquierdas que ha abandonado Podemos o Sumar, y no va a votar al PSOE, pero tampoco a fuerzas independentistas.

Son una base de masas que conectan con lo que representa Recortes Cero, en su lucha contra el saqueo -que Pedro Sánchez gestiona desde la Moncloa-, y en su defensa de la unidad frente a la fragmentación desde la izquierda.

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