SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

“Esto sólo lo puede parar Felipe González”

“Esto sólo lo puede parar Felipe”, dicen en Madrid quienes más temen la excursión de Pedro Sánchez hacia los pantanos de la izquierda, donde han acampado, con más escaños de los previstos, los partisanos de Pablo Iglesias.

“Esto sólo lo puede parar Felipe”, dicen en Madrid quienes más temen la excursión de Pedro Sánchez hacia los pantanos de la izquierda, donde han acampado, con más escaños de los previstos, los partisanos de Pablo Iglesias. “Esta locura sólo la puede parar Felipe González”, se comenta en algunas sobremesas de Madrid, atónitas ante un escenario político sin precedentes en la España contemporánea. Se encienden velas y se encargan rogatorias. Hay que frenar a Sánchez como sea. La Palabra de Felipe está al caer, dicen. El secretario general perpetuo podría expresarse en forma de artículo en los próximos días –quizás hoy mismo–, una vez se recupere de una reciente operación ocular y pueda ver, con mayor claridad, la luz del mundo. “Esto sólo lo puede parar Felipe”, dicen algunos de los que conspiraron fieramente contra él en los noventa. Hace veinte años soñaban con verle en prisión. Hoy esperan sus Divinas Palabras.

El Partido Socialista Obrero Español se halla ante un gran dilema estratégico. Ha de elegir entre el Partido de la Responsabilidad, al estilo de los socialdemócratas alemanes; o el Partido Explorador, mitad responsable, mitad aventurero, para cortarle el paso a la Syriza española. Veamos rápidamente la síntesis de las dos posiciones.

Al habla uno de los colaboradores del secretario general Sánchez: “Nos piden responsabilidad quienes han abusado de la mayoría absoluta. Nos exigen responsabilidad quienes creían que la crisis económica iba a garantizar un largo ciclo de gobierno a la derecha, con un Partido Socialista inválido, los sindicatos desinflados y la protesta juvenil atomizada, y ahora se dan cuenta de su error de cálculo. Para algunos responsabilidad quiere decir que nos pongamos a las órdenes del Partido Popular y nos ­convirtamos en su muleta. Esa ‘responsabilidad’ significaría bajar del 22% al 12% de los votos en poco tiempo. Así se materializaría el sueño de Podemos: un viejo Partido Socialista recluido en el Sur de España, menguante entre los trabajadores y el funcionariado, anulado en las grandes ciudades, y cada vez más débil en Catalunya y el País Vasco. Un comodín del 12%, para ayudar a gobernar al PP, o a Podemos, cuando estén maduros para ello. El Pasok español. Quienes nos ponen como ejemplo el SPD alemán parecen ignorar que los socialdemócratas alemanes no cesan de bajar en las encuestas, en beneficio de Los Verdes y de La Izquierda (Die Linke). No queremos seguir ese camino. El PSOE ha de seguir siendo una nítida alternativa de gobierno a la derecha española, no una triste fuerza subalterna”.

La visión de los social-centristas: “Más que un mandato de cambio radical, las recientes elecciones expresan un mandato de pacto. Hoy en España, el pacto es el cambio. El PSOE ha de obligar al Partido Popular a pactar una valiente agenda de reformas, y a buscar una solución que permita desactivar gradualmente el independentismo en Catalunya. No olvidemos que la Constitución no se puede reformar sin el concurso del PP. El cambio es el pacto. El cambio es la corrección de la política europea para cerrar el paso al populismo. El PSOE debe aprovechar su posición en el tablero para lograr los mejores pactos posibles y no debe temer el reformismo. Hay que trabajar con las luces largas, sin tanto miedo a Podemos. Un gobierno socialista muy inestable podría conducir al PSOE al desastre a corto plazo”.

Esas son las posiciones de fondo. El mayor dilema al que se enfrenta al PSOE desde que decidió el abandono del marxismo en 1979. Una disyuntiva dramática y apasionante que no se presenta en forma de debate académico, puesto que en las verdaderas encrucijadas de la política siempre hay fango.

El reciente intento de asesinato en el Comité Federal lo contamina todo. La fallida maniobra de Susana Díaz contra el secretario general, a finales de diciembre, cuando aún se estaba destilando el resultado de las elecciones, empujó a Sánchez hacia adelante y ahora, en alta mar, una brusca conjura de los patricios del partido para frenarle supondría una grave humillación, con serios daños para el Partido Socialista.

Tiene la palabra Felipe González.

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