Erdogan, más sultán que nunca

Con este nuevo triunfo electoral, Recep Tayyip Erdogan se convertirá en el gobernante más duradero (16 años) de la historia reciente de Turquía. Lo hará después de haber moldeado el régimen de un sistema parlamentario a uno presidencialista, lo que le otorga aún mayores atribuciones. La Turquía de Erdogan, un jugador activo cada vez más autónomo, se ha caracterizado por un alejamiento creciente respecto a la órbita norteamericana, así como por un acercamiento a Rusia que inquietan a Washington.

Casi culminado el escrutinio de la doble jornada electoral (presidenciales y legislativas), y con una altísima participación (87%), Erdogan, el líder islamista que ocupa el poder en Turquía desde 2002 ha obtenido el 52% de los votos, lo que le da la victoria sin necesidad de ir a una segunda vuelta. En los comicios al Parlamento, su Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP) se aproxima a la mayoría absoluta con el 44% de los votos, que sumados al 11% de su aliado Movimiento Nacional (MHP), le garantizan el control de la Cámara.

Erdogan ha culminado con éxito su maniobra. Adelantó las elecciones 18 meses. Al motivo oficial, la inestabilidad de Oriente Medio («la guerra siria y los acontecimientos en Irak”), hay que sumarle la creciente desaceleración de la economía, la inflación y el aumento del desempleo, que están minando su popularidad. Erdogan no quería que las malas perspectivas y el fortalecimiento de la oposición pusieran en peligro su reelección en 2019, y se la jugó al adelanto electoral.

Pero no es una victoria más. Esta vez Erdogan recibe mucho más poder que en su anterior investidura. El referéndum de abril de 2017 -que ganó con un resultado ajustado y notables dificultades- reduce las atribuciones del Parlamento y designan a un superpresidente que podrá emitir decretos ejecutivos, declarar estado de emergencia, disolver el parlamento y nombrar ministros y funcionarios de alto nivel. Esto, sumado a la intensa depuración de los aparatos del Estado que Erdogan acometió después del fallido golpe de 2015 (de factura made in USA), dejan al presidente con una enorme concentración de poder.

Sin embargo, el país está polarizado. No solo por los sectores más vinculados a Occidente, que tienen ahora en una mujer, Meral Aksener, apodada la “Thatcher turca”, su gran esperanza. El prokurdo e izquierdista HDP (Partido Democrático de los Pueblos) ha superado el umbral del 10% de los votos para tener diputados, lo cual ha sido celebrado con festejos en las regiones kurdas del país.

El rumbo del gigante otomano es un poderoso ejemplo del convulso periodo de transición entre el declinante mundo unipolar y el naciente orden multipolar, donde pueden surgir y romperse insólitas alianzas. De la mano de Erdogan, Turquía -un país aún de la OTAN y con una notable vinculación a EEUU- ha ido alejándose más y más de la órbita de Washington, tomando un rumbo cada vez más autónomo y audaz, y trabando relaciones que inquietan en la Casa Blanca: principalmente con Rusia, pero también con Irán. ¿Cuál será el camino que emprenda ahora el sultán otomano?

Un comentario sobre “Erdogan, más sultán que nunca”

  • seraph the matrix dice:

    Si será independiente el turco,que hace poco tiempo estuvieron a punto de darle un golpe de Estado «made in USA»,con militares y policías controlados por el Pentágono

Deja una respuesta