De la buena y la mala educación

Entrevista a Ricardo Moreno

Ricardo Moreno Castillo, ejerce en el instituto Gregorio Marañón de Madrid y también es profesor asociado en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense. «Panfleto Antipedagógico » irrumpió en internet lanzando verdades como piedras con un contundente resultado: crí­ticas ruidosas pero minoritarias y un apoyo rotundo de la mayorí­a, y de muchos docentes que vieron en él la cristalización de lo que todos pensaban pero pocos decí­an. «De la buena y la mala educación » es la continuación de aquél, pero en construcción de propuestas. Léanlos del tirón, se reconocerán.

De la buena y la mala educación es su segundo libro, ¿toma como lataforma o es una continuación de Panfleto Antipedagógico? En gran medida es una continuación del Panfleto, qué duda cabe. Decía Voltaire “me repetiré hasta que me entiendan”, y yo procuro seguir esa máxima. Pero algunos de los temas de los que hablo en el segundo libro son novedosos, como la necesidad de conocer la historia de la ciencia o la de inculcar a los niños el hábito de la lectura. Desde el tremendo éxito en su edición, en internet, y en el blog de Panfleto Antipedagógico, ¿Cuál es la evolución que ha seguido desde uno a otro, de conocimiento del problema? La mayoría de los ataques que he recibido eran de tipo personal, casi nunca con argumentos. Esto me ha enseñado que la adhesión a la reforma es, las más de las veces, algo visceral, como si la LOGSE fuera una cuestión de fe, no de razón. Me han acusado de reaccionario, fascista y nostálgico. Y estos ataques deben ser respondidos, por supuesto con argumentaciones, no con insultos, pero quienes me descalifican no deben creerse que han dicho la última palabra. Por otra parte, hay problemas nuevos frente a los que había que posicionarse, como el de la educación para la ciudadanía, tema sobre el cual también ha habido más visceralidad que argumentación. Unos opinan que la causa del bajo nivel de nuestros estudiantes está en los cambios sociales, otros en la presencia de inmigrantes, y otros es en la poca formación de los padres, pero usted ve claramente el problema en la ley, es un problema de contenidos pero también de la propia orientación que sigue, ¿no? En efecto, es un problema de la propia ley, y querer atribuir el fracaso de nuestro sistema educativo a cambios sociales (cuando nunca España fue tan libre y próspera como lo es ahora) o a la poca formación de los padres (cuando por primera vez en nuestra historia la generación de los padres está mejor formada que la de los hijos) no es más que un modo bastante burdo de los creadores de la LOGSE para disimular sus errores. Porque además se presenta por parte de sus defensores como algo progresista, acusando a quien se opone como mínimo de derechas o de pensamiento conservador… Se presenta como progresista pero en realidad es profundamente reaccionaria. Lo mejor que se puede hacer por los pobres es darles una buena educación, y si la educación pública se degrada, los pobres seguirán siendo pobres, y solo saldrán adelante quienes puedan pagarse un colegio de élite. Solo en un sistema educativo que premie el trabajo y el esfuerzo pueden competir pobres y ricos en igualdad de condiciones. ¿No cree que en su desarrollo el sistema educativo ha hecho desaparecer la figura de autoridad y respeto del maestro, incluso de los padres en las familias? En efecto, ese presunto progresismo ha desdibujado la autoridad del profesor, como si carecer de autoridad fuera algo progresista. ¿Sería progresista despojar de autoridad a los agentes de tráfico? Los conductores no serían por eso más libres, al contrario, estarían más a merced de los locos de la carretera. Lo mismo sucede en la escuela, si los maestros están desautorizados, los alumnos no son por ello más libres, sino que están sometidos a la férula de los más gamberros, haciendo cierto el viejo dicho militar: “Cuando los oficiales hacen dejación de sus funciones, los sargentos tiranizan a la tropa”. ¿Cuándo habla en Panfleto Antipedagógico de que la educación se han convertido en un aparcamiento para pobres, a qué se debe? Si un niño (pongamos a partir de los doce años) se empeña en no estudiar, quedan dos opciones: o se le da la posibilidad de estudiar una formación profesional para que a los dieciséis años salga cualificado al mercado laboral, o bien se dedicará a molestar a sus profesores y compañeros hasta que a los dieciséis años abandone la educación obligatoria sin título de ninguna clase, y solo pueda ser mano de obra barata. Pero volviendo a la perdida de autoridad. Pese a que lo que se dice es que los chavales no respetan a la autoridad, ¿lo que pasa no es que se impone una autoridad, la del ministerio o el estado, por generar mano de obra barata? Puede ser cierto eso. Es la interminable discusión entre quienes discrepamos de la famosa reforma educativa. ¿Fue hecha de buena fe, o realmente tenía el propósito de crear bolsas de mano de obra barata?

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