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El retorno de Alemania

Hace mucho tiempo que Margaret Thatcher vio el reto que iba a afrontar Cameron. En una discusión llena de franqueza sobre la unificación alemana, celebrada al final de la guerra fría con François Mitterrand, George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov y que se publicó en la revista New Perspectives Quarterly (NPQ) en 1995, Thatcher no se mordió la lengua: “Yo me opuse a la unificación alemana desde el principio por razones obvias. Unificar Alemania iba a convertirlo en el país dominante dentro de la comunidad europea. Los alemanes son poderosos y eficientes”, afirmó entonces.

Y continuó con unas palabras dirigidas a Bush y Gorbachov: “El presidente Mitterrand y yo lo sabemos. Hemos estado en la mesa de negociaciones muchas veces. Alemania utilizará su poder. Aprovechará el hecho de ser el mayor contribuyente a Europa para decir: ‘Yo doy más dinero que nadie, así que debo salirme con la mía en lo que yo quiera’. Se lo he oído en varias ocasiones. Y he visto cómo los países pequeños se mostraban de acuerdo con Alemania con la esperanza de obtener determinadas ayudas. El Parlamento alemán no estaba dispuesto a ratificar el Tratado de Maastricht si el banco central de la divisa única no se establecía en su territorio. ¿Qué dijo la Unión Europea? Muy bien, lo tendréis”.

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