Las conexiones internacionales del independentismo catalán

El peligroso “amigo americano”

Antes de abandonar su cargo de conseller de Exteriores de la Generalitat para encabezar la lista de ERC a la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall ha visitado Washington para inaugurar la reapertura de la nueva “embajada catalana” en la capital norteamericana.

Allí se reunió con el congresista Mario Díaz-Balart, una de las voces que, en el corazón de la superpotencia, más han apoyado la causa del independentismo catalán.

¿Quién es este “amigo americano” del procés? ¿Es la posición individual de un congresista, o hay sectores en EEUU que cuanto menos arropan a quienes atacan la unidad en España?

La “embajada catalana” en EEUU ha sido una de las apuestas más fuertes de los intentos de internacionalización del procés. Ha sido una de las primeras que se han reabierto tras cerrarse durante la vigencia del 155, y no se han escatimado recursos, destinando más de un millón de euros.

Cuando Ernest Maragall llegó a Washington, se entrevistó con mario Díaz-Balart. Fue una reunión discreta, pero extremadamente significativa. Balart es uno de los vértices de los apoyos al procés desde los grandes centros de poder mundiales.

Es uno de los congresistas más reaccionarios, detractor del aborto y el matrimonio homosexual, y defensor de la venta de armas. Apoya el veto migratorio de Trump y exige más mano dura con Venezuela o Nicaragua.

Pero Díaz-Balart no es un “congresista reaccionario”. Participa directamente en algunos de los organismos donde se discute y se dicta la política norteamericana, como el influyente subcomité del Senado para Asuntos Europeos. Y es el sorprendente copresidente del Grupo de Amigos de España en el Congreso. Sorprendente porque su actuación persigue siempre el norte de atacar a nuestro país: defendiendo la autodeterminación de Cataluña, apoyando siempre a Gibraltar, o respaldando las ambiciones expansionistas de Marruecos en el Sahara Occidental.

Díaz-Balart forma parte de un influyente grupo de congresistas hispanos, del ala más derechista del Partido Republicano, que han respaldado al procés, primero con Mas y luego con Puigdemont. Sector encabezado por Ileana Ros-lehtien, presidenta de importantes grupos en la Cámara de Representantes, como el subcomité sobre Oriente Próximo y Norte de África o el comité de Inteligencia.

Todos ellos mantienen estrechas relaciones con Danna Rohrabacher, presidente durante años del subcomité para Europa, Eurasia y Amenazas Emergentes del Congreso, y que fue una de las opciones valoradas por Trump para ocupar el cargo de Secretario de Estado, el “ministro de Exteriores” en EEUU.

Entre las “especialidades” de Rohrabacher figura la de fomentar la disgregación como arma de dominio. Fue un activo defensor de que EEUU financiara y armara al Ejército de Liberación de Kosovo, para convertir al país, ya segregado, en una inmensa base norteamericana. O propuso al Departamento de Estado en 2002 patrocinar movimientos separatistas en Irán como vía de intervención en el país.

Esta es la cabeza de los apoyos norteamericanos del procés. Un poderoso y influyente grupo que ha utilizado, y sigue utilizando, la siembra de la división en los países dominados o que se pretenden dominar como instrumento para someterlos a los dictados del imperio.

No parece que quieran fracturar España. Pero sí les interesa “arropar” a los dirigentes del procés para que este continúe siendo una herida abierta que debilite a España, haciéndola más “flexible” a unas exigencias norteamericanas cada vez más dracnianas.

One thought on “El peligroso “amigo americano””

  • CORRUPCIÓN Y DESHONOR dice:

    Los estadounidenses tienen bien clara su identidad, esto es, su serenelmundo y las potencias a las que se enfrentan. Los españoles, sin embargo, nos esforzamos por agradar a quienes tienen la sartén por el mango, aunque esos mismos necesiten limitar nuestra soberanía para mantener su hegemonía. El proceder yankie es social-natural. Al proceder español y de su Estado, Nietzsche lo llamó «corrupción» (hacer en contra de uno mismo»), es decir, la antítesis del honor (etimología: «favore»), es decir, contar con el favor de uno mismo para sí.

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