El oso y la abeja

Las mandíbulas poderosas, las afiladas garras, los aguijones punzantes y los peligrosos venenos ya no sirven para pelear contra su mayor amenaza: la extinción.

Desde los grandes depredadores a los más pequeños insectos, pasando por un amplísimo abanico de especies vegetales, el peligro de extinción golpea cada día a un número mayor de especies. El último estudio realizado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), publicado a finales de 2017, revela que de las 87.967 especies estudiadas, 25.062 (más del 28%) están en peligro de extinción.

En España, más de 1.700 especies están catalogadas como vulnerables, en peligro de extinción o en peligro crítico. Con diferencia, es la flora la que sufre en mayor grado los riesgos, constituyendo las especies vegetales más de dos tercios del total de especies amenazadas del país. Dentro del Reino Animal, son los invertebrados (especialmente insectos, los grandes olvidados) los que se encuentran en peor situación de conservación, suponiendo casi la mitad del total de animales en peligro.

El preocupante riesgo que sufren gigantes como el quebrantahuesos, el lince ibérico, el oso pardo o el águila imperial es “solo” la punta del iceberg de la desdicha en que se encuentra la biodiversidad ibérica. Los datos son, como mínimo alarmantes pero, ¿a qué se debe esta situación?“En España, más de 1.700 especies están amenazadas”

Los imbricados tejidos de los ecosistemas son la clave de la estabilidad del mismo. Los múltiples tipos de relaciones que se establecen entre especies, desde la básica de depredación hasta otras como la competencia o el mutualismo, crean lazos entre todas ellas, formando una compleja red.

No puede analizarse la amenaza para la conservación de una especie sin concebir su papel en el ecosistema ni el estado del mismo. Cualquier factor que perturbe dicha estabilidad, empezando por la destrucción y la alteración del hábitat, afectará, en mayor o menor medida, al conjunto de especies de la comunidad. “El preocupante riesgo que sufren gigantes como el quebrantahuesos, el lince ibérico, el oso pardo o el águila imperial es solo la punta del iceberg”

La ganadería y la agricultura convencionales son con frecuencia situadas como grandes responsables de la extinción de especies. Por ejemplo, el uso de insecticidas en los cultivos es el principal responsable de que una de cada diez especies de abejas silvestres europeas esté amenazada.

La pérdida de biodiversidad tiene un impacto incalculable para nuestro bienestar, nuestra salud, nuestra cultura y nuestra economía, ¿por qué no se explotan los recursos de una manera sostenible? ¿Es acaso incompatible la actividad humana con el respeto a la Naturaleza?

Los hechos demuestran que no. El hombre lleva milenios de respetuosa convivencia con la Naturaleza. Y los valientes ganaderos extensivos y agricultores ecológicos hoy, sin ayudas ni amparo, sino acorralados por el Estado y un mercado controlado por gigantes monopolios, demuestran que sí es posible generar productos saludables de manera respetuosa y solidaria con el medio ambiente. Es la lógica capitalista, la explotación de los recursos regida por la máxima ganancia, la que hace completamente impensable el desarrollo sostenible.

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