Enfermedades del siglo XXI

El origen social

“Se trata de comer menos y mejor y sobre todo incrementar nuestra actividad fí­sica, no se trata de que algunos estén delgados o se maten en el gimnasio, sino de que toda la población pueda comer de manera equilibrada y andar o montar en bici en su dí­a a dí­a

Así habla El profesor Manuel Franco, epidemiólogo e investigador de la Universidad de Alcalá de Henares, que lideró un estudio sobre los efectos del período especial en Cuba sobre la salud de los corazones de los isleños.

La ciudad de Boston nombró un carril bici en honor al Dr White, cardiólogo y médico de Eisenhower. Un médico que da ejemplo es la base primera para transformar la salud colectiva.

Combatir la enfermedad colectivamente

Ahora, un proyecto dirigido por el profesor Franco y financiado por Consejo Europeo de Investigación (ERC en sus siglas en inglés) pretende comprobar el efecto del entorno en aspectos de la salud que hasta ahora se enfocaban con el cristal del “estilo de vida” individual.

No fume, no beba, haga ejercicio… A partir de ahora podremos conocer el riesgo que supone vivir en tal o cual barrio, por los tipos de comida, posibilidades para hacer ejercicio o por el mayor o menor acceso al alcohol y al tabaco. Estos datos que recojan médicos, biólogos, sociólogos, geógrafos, periodistas y demógrafos, abrirán la posibilidad de diseñar estrategias urbanísticas y de salud para corregir dichos riesgos de forma colectiva. “El sistema público de alquiler de bicicletas en Barcelona ahorra hasta 12 muertes al año”

El Dr. Franco trabaja en la epidemiología y prevención de las enfermedades cardiovasculares y sus principales factores de riesgo. Estudia cómo las características sociales relacionadas con la dieta, la hipertensión, diabetes y la obesidad determinan la enfermedad cardiovascular. Especialmente la dieta y, para ello, estudia y mide las características a nivel de barrio relacionadas con un mejor estado de salud poblacional. El estudio propuesto cruzará los datos sobre dichos factores de riesgo con los registros sobre salud cardiovascular de 2.000 personas recogidos en centros de atención primaria. Así se conocerá el efecto del entorno en la salud del corazón y el sistema vascular.

La medicina será preventiva, o no será.

La relación entre el nivel socioeconómico, o sea, la clase a la que se pertenece, y el riesgo de padecer infartos o ictus, está demostrado en general. Las diferencias de esperanza de vida entre los barrios de clase alta y de clase trabajadora están cuantificadas.

Pero este estudio permitirá profundizar y concretar. Y no caer en lugares comunes. “Se podría explicar porque los ricos comen mejor o tienen mejores instalaciones para hacer ejercicio o viven en lugares menos contaminados pero… en Atlanta, en EEUU, una ciudad con un alto nivel de renta, en el que todo el mundo necesita coger el coche para todo… hace que, pese a la renta, la gente tenga más peso y peor salud”.

El uso de un sistema público de alquiler de bicicletas en Barcelona ahorra hasta 12 muertes al año.

Según el profesor,. “la gran mayoría de las personas que enferman no está en situación de alto riesgo. A la gente que no está en situación de riesgo, no los puedes vigilar y son los que están, sin saberlo, en una situación de mayor peligro. De 100 personas a las que les da un infarto, 75 no tenían la tensión alta”.

La respuesta está en el barrio

Las claves para afrontar este problema de salud oculto pueden estar a la vuelta de la esquina.“En 1996, 5 años después de iniciarse la pérdida de peso, la mortalidad por diabetes cayó rápidamente”

Así es, este estudio es resultado del que publicó en abril del presente año en el British Medical Journal. Junto a otros investigadores en España, Cuba y Estados Unidos, concluía que, a la hora de promocionar la salud cardiovascular y disminuir la mortalidad por cardiopatías (principal causa de muerte en el mundo), las intervenciones poblacionales pueden resultar de gran utilidad.

El estudio, centrado en Cuba durante el Período Especial (Ver recuadro “cinco kilos), tiene, salvando las lógicas diferencias, la misma filosofía que el estudio proyectado en España: “no se trata de cambiar uno a uno a todos los individuos, sino de que todos cambiemos un poquito. No se trata de que uno que está mal se cuide, sino que todos podamos caminar en lugar de coger el coche para todo o que no tengamos un restaurante de comida rápida en cada esquina antes de disponer de una frutería”.

Cinco kilos

Con la pérdida de solo cinco kilos de peso de media en toda la población mantenida durante años se podría reducir en un tercio la mortalidad por enfermedades coronarias y en casi la mitad las defunciones por diabetes. También bajarían, en un porcentaje menor, las muertes por infarto cerebral o ictus.

Las conclusiones de este trabajo único se basan en la observación de una población muy particular durante 30 años, un escenario ‘imposible de replicar en un ensayo clínico’, según señala el científico.

Lo que hace única a esta población es que, en su totalidad, experimentó una pérdida de peso moderada y un aumento importante de la práctica de ejercicio físico durante al menos cuatro años (1991-1995). En esos años, Cuba sufrió una terrible crisis económica, motivada por la caída de la Unión Soviética, que facilitaba al país caribeño –sometido a un embargo por las autoridades estadounidenses- alimentos y petróleo.

Así, los cubanos pasaron a depender de sí mismos para desplazarse, por la práctica anulación de los medios de transporte públicos y privados, lo que supuso un aumento muy significativo (del 30% al 80%) del porcentaje de población con niveles de actividad física moderada. Al mismo tiempo y de manera paulatina y sostenida se redujo considerablemente la ingesta calórica per cápita (de 3.000 calorías diarias a 2.200). Como consecuencia se produjo una pérdida de peso generalizada que se calcula de 5 kilos para una persona de talla normal.

Según señala el profesor Franco, las observaciones son aún más interesantes si se tiene en cuenta que la población cubana es muy homogénea. ‘No hay grandes diferencias en salud, raza, renta o nivel educativo’, explica.

Lo más interesante del trabajo es la comparación con los años posteriores, cuando la crisis terminó y los cubanos volvieron a ganar peso. En esos años (entre 1995 y 2010), la población aumentó su peso en una media de nueve kilos y la prevalencia de diabetes se disparó desde 1997.

En 1996, cinco años después del inicio de la pérdida de peso, comenzó una rápida disminución en la mortalidad por diabetes que duró seis años. En 2002, se revirtieron estas tendencias y la mortalidad por diabetes inició una tendencia ascendente.

Aunque los investigadores esperaban que, una vez la población empezara a ganar peso, volviera a aumentar la mortalidad por enfermedad coronaria (que había disminuido un 34% durante los años 1996-2002), lo que sucedió fue que las tasas de defunciones se estabilizaron, es decir, dejaron de disminuir, pero no aumentaron. ‘Esto contradice las tendencias más agoreras’, apunta el profesor Franco. (reproducido del portal de la Universidad de Alcalá, www.portal.uah.es).

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