Cárcel por hacer ruido

El no va más del civismo

Cinco años y medio ha condenado el tribunal de la Audiencia de Barcelona a la dueña de un pub por las lesiones provocadas a las personas por el ruido. Cuatro años por un delito contra el medio ambiente, y tres penas de seis meses por el delito por lesión a cada una de las tres ví­ctimas, vecinas del primer piso del inmueble en cuyos bajos estaba situado el bar

Aunque establece un recedente para toda España, parece que se está extendiendo una corriente por doquier para hacer delito desde el ruido hasta la emisión de CO2 al quemar las fallas. Con la sentencia catalana sí es la primera vez que se considera el exceso de volumen como un delito no sólo contra el medio ambiente sino contra las personas. La propietaria del bar instaló un equipo de cinco altavoces que emitían hasta 70 decibelios de ruido entre las nueve de la mañana y las tres de la madrugada, sin atender requerimiento alguno de los vecinos para que bajara la música. El tormento acústico, que duró entre abril de 2005 y mayo de 2006, en pleno centro de Barcelona, provocó que los vecinos del piso inmediatamente superior al bar tuvieran que tratarse con ansiolíticos y atención psiquiátrica. La sentencia en cuestión, aunque reconoce la petición de delito por lesión, rebaja la cantidad pedida inicialmente de las indemnizaciones y absuelve a la imputada de las acusaciones de coacción.Aunque los demandantes estén satisfechos con el veredicto, tiene delito y es un fracaso del sistema judicial que haya que llegar a estos extremos cuando se podía haber resuelto el problema in situ. Las sentencias judiciales como esta dejan un cierto sabor a desproporción. En Valencia en plenas fallas se ha cerrado un Casal Fallero por exceso de ruido. Los propietarios se quejan de que no se les ha dado tiempo para rectificarlo.En este caso estamos hablando de un período de años en los que los tres principales afectados han sufrido enfermedades a causa del estruendo constante. Que se equipare a la tortura es comprensible, sobre todo por parte de los afectados. Que se pida una compensación por los males causados es lógico. Lo que no es aceptable es que los jueces metan sin contemplaciones al propietario del bar entre rejas y no pidan cuentas a las fuerzas de la ley que se supone tenían que haber acudido en auxilio de los demandantes y evitar que lo que empezó siendo una molestia se convirtiera en un incordio y pasara a ser una enfermedad. Porque denuncias habrán digo yo, en tres años, unas cuantas. ¿O no?

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