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El lince ibérico sale de los infiernos

Hay razones para el optimismo, pero también para la cautela. De confirmarse la tendencia, 2016 puede ser el año en el que el lince ibérico (Lynx pardinus) abandone la categorí­a de especie en peligro de extinción y pase a extenderse por la pení­nsula.

Atras quedan los críticos años (2000-2004) en los que su escasísimo número -en torno a 100 ejemplares- hizo temer por la irremediable extinción de esta especie endémica de la península ibérica, una joya biológica amenazada de desaparecer. Afortunadamente el felino ha logrado salir de la situación límite, y ha triplicado su población en sólo una década.

El censo de población de lince ibérico de 2015 certifica su ascenso: después de dos años estancados en torno a 330 ejemplares, hoy hay 405 linces ibéricos viviendo en libertad, el mejor dato desde que comenzó su recuperación. El mejor dato es el número de 120 hembras reproductoras, repartidas por cinco áreas de la Península Ibérica: Doñana (Andalucía), Sierra Morena (Andalucía y Castilla-la Mancha), Montes de Toledo (Castilla-La Mancha), Valle de Matachel (Extremadura) y Vale do Guadiana (Portugal).

El éxito del aumento del censo se debe a Life-Iberlince, un programa en el que participan cinco administraciones españolas (principalmente la Junta de Andalucía, junto al Ministerio de Medio Ambiente y las consejerías de Extremadura, Castilla la Mancha y Murcia) y una portuguesa. A este proyecto se han sumado casi una decena de organizaciones no gubernamentales como WWF.

“El lince ha triplicado su población en sólo una década “

Life-Iberlince se ha centrado en las reintroduciones. Hasta hace poco, el lince ibérico sobrevivía estancado sólo en dos áreas andaluzas: Doñana y Sierra Morena. Ahora se ha logrado crear con éxito nuevos grupos de linces en Jaén, que además se comunican reproductivamente con sus zonas de origen, lo que es fundamental para evitar la consanguinidad y favorecer la riqueza genética de la especie. Pero aunque Andalucía sigue siendo la patria de los linces, los programas de reintrodución han logrado un objetivo que años atrás parecía muy lejano: empezar a expandir al Lynx pardinus por la península. Ya hay 43 ejemplares fuera de Andalucía, entre ellos 16 en Badajoz, 10 en Portugal y 8 en los Montes de Toledo. Y se esperan la confirmación de la presencia de linces en el Parque Nacional de Cabañeros, en Ciudad Real.

El programa de cría y las liberaciones de ejemplares jóvenes van camino de consolidar seis nuevos núcleos. El lince ibérico se asienta con éxito en todos los enclaves donde se le está reintroduciendo. “El crecimiento ha sido particularmente rápido en los núcleos andaluces de Sierra Morena, tanto en los ya existentes de Andújar y Cardeña como en los nuevos de Guarrizas y Guadalmellato. Ahora ya hay en total 285 ejemplares, 38 más que en el año anterior”, destaca Miguel Ángel Simón, coordinador del programa Life+Iberlince. “La expansión ha sido tan exitosa que ya puede hablarse de una única metapoblación”, dice el coordinador “porque los ejemplares se mueven entre las diferentes colonias”. Incluso se producen contactos con los linces liberados en la vertiente norte de Sierra Morena, ya en la provincia de Ciudad Real.

La clave para el éxito de la reintroducción “es el número de hembras territoriales en libertad, y ya estamos en 120″. Para considerar consolidado un núcleo se necesitarían 30 hembras y unos 120 individuos, insiste Simón, “pero para ello no basta con soltar animales”. “Tiene que haber reproducción en libertad, entre 15.000 y 20.000 hectáreas bien conservadas y una buena densidad de conejo, que es su alimento casi exclusivo”.

Amenazas para su recuperación.

Es precisamente la baja densidad de conejos -su presa por antonomasia- lo que constituye el principal peligro para la recuperación del lince. La culpa la tiene una cepa especialmente virulenta de enfermedad hemorrágica vírica (EHVb) de los conejos que está causando estragos. Las poblaciones de estos lagomorfos han caído más de un 50% en la mayor parte de las zonas linceras. “La situación del conejo es especialmente preocupante en el entorno de Doñana, cuya población, pese a mantener un alto número de hembras territoriales, se ha visto reducida por segundo año consecutivo a valores de hace cinco años y con un número de cachorros muy bajo”, alarman Luis Suárez de WWF. Se están liberando conejos de cría como suplemento para la alimentación, “pero esto no puede ser la solución definitiva”, reconocen desde Life-Iberlince, e insisten en la necesidad de que las administraciones inicien actuaciones para su recuperación. “De lo contrario, asistiremos a una auténtica catástrofe ecológica dado el papel clave del conejo en los ecosistemas mediterráneos”, dice Suárez.

El otro peligro que sigue acechando a la especie es la alta mortalidad causada por los atropellos, con un total de 51 linces muertos en las carreteras en los últimos tres años. “Las grandes carreteras no son necesariamente las peores puesto que suelen tener zonas de paso inferior o puentes que pueden aprovechar los animales. El problema más grave son las carreteras locales que a ambos lados no tienen más que monte”. Ambos problemas están relacionados. La escasez de presas causada por la enfermedad hemorrágica del conejo empuja a los linces a aumentar sus áreas de campeo, explorando territorios más antropizados y cruzando carreteras en muchos casos. Otro grave problema que amenaza el futuro de la especie es la consanguinidad. Es muy importante que la especie se recupere aumentando al máximo la variabilidad genética. Esto es lo que se hace con el otro centenar de linces de “reintroducción no viable” que -además de los 405 en libertad- permanecen en 5 centros-cria de Andalucía. Se empareja a machos y hembras de orígenes distintos en programas de cría en cautividad. En 2015, las 27 parejas de los centros de cría en cautividad sacaron adelante a 53 cachorros. Este año se han constituido 23 parejas, con una estimación de entre 28 y 40 nacimientos. Los cachorros nacidos en cautividad permanecen lejos del contacto humano y son liberados en la naturaleza cuando superan el año. “Tienen que temer al hombre”, remarca el coordinador de Life-Iberlince.

El reto: reintroducir al lince por toda la Península.

Antes de que la reducción de sus espacios naturales y la caza indiscriminada diezmaran sus poblaciones, el lince ibérico ocupaba un vasto territorio por toda la península. Debería poder reintroducirse en numerosos enclaves poco poblados de Castilla y León, Aragón, Madrid, La Rioja y hasta la Comunidad Valenciana, Murcia o Navarra. “Pero será necesario un estudio técnico que asegure la presencia de conejo. No todas las zonas en las que hubo lince décadas atrás están en disposición de acogerlos ahora”, advierte Simón.

“El programa Life-Iberlince ha sacado a los felinos de su situación límite”

La prueba de que el lince puede volver al norte peninsular son dos ejemplares “aventureros” liberados el año pasado en Toledo, los linces Kentaro y Kahn que, con un radiotransmisor al cuello, han recorrido centenares de kilómetros y atravesado carreteras y autovías hasta llegar a la provincia de León y al Algarve portugués.

La reintroducción de este felino en otros lugares de la Península pasa especialmente por su retorno y consolidación en la región mediterránea, reto no exento de dificultades por estar densamente antropizada.

Además de su extensión y protección, la otra clave para su recuperación es garantizar la conexión reproductiva natural -o asistida – de las distintas subpoblaciones existentes y de las nuevas colonias que se vayan creando. Debe ser fundamental minimizar la consanguinidad y maximizar la diversidad genética de este tesoro biológico felino, tan esquivo como escaso: el lince ibérico.

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