Bolsonaro, las entrañas del ejército brasileño y la embajada de EEUU

El “huracán Trump” asola el mundo

La ola de extremismo reaccionario desatada tras la elección de Trump en Estados Unidos comienza a convertirse en una plaga mundial. Los últimos estragos de ese viento huracanado acaban de producirse en las elecciones presidenciales de Brasil, donde un antiguo capitán del ejército y declarado simpatizante de las dictaduras militares brasileñas alcanzó en primera vuelta el 46% de los votos y podría ser elegido, el próximo 28 de octubre, nuevo presidente del gigante sudamericano.

Jair Bolsonaro, líder del Partido Social y Liberal, ex capitán del ejército, demagogo profesional, literalmente un “gángster” de la política, ferviente admirador de los militares que sometieron a Brasil a una dictadura ignominiosa durante más de una década, en la que asesinaron y torturaron a mansalva (Bolsonaro tiene los retratos de los 5 militares que presidieron esa dictadura colgados en su despacho), obtuvo días pasados más del 45% del voto de los brasileños en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Las encuestas le auguran cerca de un 60% en la segunda, donde habrá de enfrentarse con Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, que alcanzó el segundo puesto en la primera vuelta con cerca del 30% de los votos y tiene en la actualidad una intención de voto del 42%.

Aunque Bolsonaro no oculta sus simpatías y sus vínculos con los círculos más reaccionarios del Ejército brasileño y su connivencia con militares ultraderechistas y simpatizantes de la dictadura militar (su número dos y candidato a vicepresidente es el general en la reserva Hamilton Mourao, depurado por la ex presidenta Dilma Rousseff por sus declaraciones antidemocráticas y progolpistas), el candidato del PSL ha recibido en los últimos días no pocos parabienes y respaldos internacionales a su candidatura a la presidencia, tanto de líderes sudamericanos como de la prensa de EEUU. Así, el Wall Street Journal, cabecera de la prensa reaccionaria norteamericana y de los círculos económicos que respaldan la presidencia de Trump, se despachaba hace unos días con un editorial en el que decía que Bolsonaro “es lo que Brasil necesita”. Por su parte, el presidente chileno, el conservador Sebastián Piñera le echaba un capote desde el cono sur, arguyendo que las propuestas económicas de Bolsonaro “sonaban bien”. Son, sin duda, los preparativos para la “entrada en sociedad” del gángster que ha prometido a los brasileños que “va a acabar con la corrupción y la violencia” y que va a “restablecer el orden” que el país necesita.“Para el Wall Street Journal, el ultraderechista Bolsonaro es ‘lo que Brasil necesita'”

La candidatura de Bolsonaro, nadie lo duda, ha surgido de las entrañas del propio ejército brasileño, donde desde hace años se viene cocinando la fórmula más idónea para acabar con la política diseñada por el Partido de los Trabajadores, encabezado primero por Lula y luego por Rousseff, y dirigida a poner los recursos del país al servicio del pueblo, conquistar la soberanía nacional frente a EEUU y potenciar los vínculos con América Latina. La estrategia de acoso y derribo contra el PT, impulsada por EEUU, y orquestada por los poderes más reaccionarios del Estado (ejército, policía, judicatura…), en colaboración con poderosos círculos económicos del país, ya logró años pasados un triunfo con un “golpe de Estado” parlamentario, que supuso la destitución ilegítima de la presidenta Rousseff y la llegada al poder del conservador Miguel Temer. Pero los casos de corrupción que envolvieron pronto a éste, hicieron temer el fracaso de la operación y la posible vuelta de Lula al poder, por lo que de inmediato se inició un juicio “por corrupción” contra Lula, con el objetivo esencial de impedir que volviera a presentarse a las elecciones y volviera a ganarlas. La batalla judicial por excluir a Lula duró meses, y supuso al final un triunfo de los partidarios del “golpe”. Es entonces cuando comenzó a cobrar fuerza la “opción” Bolsonaro, impulsada por los defensores del “orden”, y contando ya con el respaldo de todas las fuerzas “golpistas” del país y el “viento a favor” de los EEUU de Trump, que viene jugando fuerte en Brasil, donde podría dar prácticamente el jaque mate a la política bolivariana que dominó el subcontinente americano la década pasada. Bolsonaro es ahora mismo la gran pieza del juego de Trump y de EEUU en América del Sur. Y la pieza que completaría el cerco final a Venezuela, dando nuevas opciones a la posibilidad (ya barajada por la Casa Blanca) de una intervención militar.

Las armas de Bolsonaro para triunfar no difieren mucho de las que utilizó Trump para ganar en EEUU; y son las mismas con las que la actual administración americana está intentando dar un vuelco antidemocrático a Europa y América. Se trata de aprovechar el enorme descontento popular que recorre el mundo para aupar líderes enérgicos, reaccionarios, que aparentemente no pertenecen al stablishment, que reniegan de las “viejas” élites corruptas, y proponen soluciones “de fuerza” para resolver “los problemas de la gente”: la corrupción, la violencia, la inmigración… Poco importa que tales líderes sean literalmente gángsters, siempre que sean capaces de capitalizar el descontento y proponer fórmulas sencillas y contundentes, que las redes sociales viralizan en poco tiempo, haciendo realidad lo que parecía impensable.“La candidatura de Bolsonaro ha surgido de las entrañas del ejército brasileño y la embajada de EEUU”

Es la misma fórmula que está ganando una fuerza inusitada en Europa, donde en apenas dos años se ha generalizado por todo el continente un alud de fuerzas de derecha extrema, con discursos xenófobos, y aun racistas, llamamientos “al orden”, denuncias a las “viejas “élites, discursos contra la inmigración, contra la corrupción… que están alterando a velocidad de vértigo la correlación de fuerzas en Europa… hasta el punto de que ya se están planteando su coordinación y dar “batallas mayores”. Una reunión días pasados en París entre Matteo Salvini, de la Liga italiana, y Le Pen, del Frente Nacional, llamaba a todas esas fuerzas a agruparse para “ganar las elecciones europeas”” del próximo año y acabar con la Unión Europea. La propuesta podría contar con el apoyo de los partidos gobernantes en Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría, con la Liga italiana, el FN francés, el Partido de la Libertad sueco, el austríaco, el partido xenófobo holandés, Alternativa por Alemania, el segundo partido de Finlandia… todos ellos con responsabilidades gubernamentales o una posición ya muy sólida en los parlamentos de sus respectivos países. También en España cuentan ya con su representante: Vox. Y todos ellos cuentan con el “viento a favor” del “huracán Trump”, que no se recata a la hora de dar su respaldo a esta ingente troupe reaccionaria con la finalidad inequívoca de constituir una nueva mayoría en Europa que respalde su política internacional de cerco a China.

¿Una ola imparable? ¿Un huracán devastador? No, necesariamente. El foco propulsor de este cambio, el propio Trump, podría quedar muy desactivado, si perdiera las elecciones de medio mandato del próximo 20 de noviembre, donde está en juego la mayoría en el Congreso de EEUU y numerosos gobernadores y altos cargos. La batalla en EEUU es ahora mismo a cara de perro y crucial. Los dos sectores enfrentados de la clase dominante de EEUU están llevando su antagonismo a una situación de máxima tensión. Pero Trump defiende su posición con más dominio de lo esperado, y ha conseguido revalidar a su candidato al Tribunal Supremo incluso con varias acusaciones de acoso sexual por enmedio: ahora tiene la mayoría en la más alta magistratura del país. Y su “guerra económica” con China no le está causando serios problemas internos. Además ha logrado un acuerdo comercial con México y Canadá, sus dos vecinos, que le otorga una inesperada estabilidad. Con todas esas bazas en su mano, podría ganar el 20-N: pero también puede perder, y quedar como un “pato cojo” para el resto de su presidencia.“Salvini y Le Pen proponer crear un frente para ganar las elecciones europeas y acabar con la UE”

Como también podría perder Bolsonaro en Brasil: su victoria no está asegurada, y el PT ha demostrado una gran fortaleza pese a las adversidades.

Como también es posible derrotar en Europa a las fuerzas reaccionarias que tratan de importar al viejo continente las fórmulas y las demandas del “huracán Trump”. Pero ello no se conseguirá si no se es consciente de la importancia de la batalla y si no se diseña una política que responda medida por medida a esa ofensiva. Está en juego la libertad en Europa.

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