Muere Paco de Lucí­a

El hombre con más cultura en la sangre

Ha muerto a los 66 años, ví­ctima de un infarto, Paco de Lucí­a. Alguien ha dicho, para elevarlo a la categorí­a de mito, que “era algo más que un músico”. No es verdad. Era un músico, uno de los mejores y por eso ha sido tan grande. Su guitarra revolucionó el flamenco, haciéndolo más hondo y hermanándolo al mismo tiempo con el jazz o el blues. Desde Algeciras traspasó fronteras y se convirtió en uno de los músicos más universales. Como en el bolero, la guitarra llora porque Paco ya no volverá a arrancarle otra nota.

En su conferencia “Teoría y juego del duende”, Lorca se refiere a Manuel Torres, uno de los mejores cantaores de la época, como “el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido”. Y nos cuenta que “escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, dijo esta espléndida frase: “Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”. Y no hay verdad más grande. Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte (…) Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto”. “Con Paco de Lucía se va todo un emblema del flamenco y uno de los mejores guitarristas de la historia”

Estas palabras de Lorca parecen pensadas para Paco de Lucía.

Discípulo de guitarristas clásicos como Niño Ricardo y de Sabicas, por su madre portuguesa fue conocido como “Paco, el de Lucía”, al identificar, igual que en Andalucía, al hijo con el nombre de la madre, Lucía Gomes.

Empujó al arte jondo por nuevos e inexplorados caminos. Con él se pasó de usar la guitarra como acompañamiento del cante a enaltecerla como instrumento de concierto.

Su asociación en el olimpo del flamenco con Camarón durante los 60 y 70 le hará eternamente recordado.

Se atrevió a hacer música de fusión cuando nadie sabía lo que era. Sus primeros escarceos con el jazz provocó que algunos le acusaran de “bastardización del arte jondo”. Pero Paco de Lucía siguió ampliando los límites del flamenco, dando forma a una banda irrepetible, nutrida del talento de sus hermanos, Pepe de Lucía y Ramón de Algeciras, y los jóvenes Jorge Pardo, Carles Benavent y Rubem Dantas, con el que se introdujo el cajón peruano en la ecuación flamenca.

De los ochenta data también su asociación con dos titanes de la improvisación a las seis cuerdas: Al di Meola y John McLaughlin.

Por su magia, por su forma única de tocar la guitarra, por su contribución a la música, por estas y muchas otras razones podemos concluir que con Paco de Lucía se va todo un emblema del flamenco y uno de los mejores guitarristas de la historia.

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