El fracaso de Puigdemont abre una nueva etapa

El 1-O se ha cerrado una etapa de esta larga batalla política con el fracaso del gobierno de Puigdemont y Junqueras y su intento de hacer pasar por una “consulta democrática” la estafa del referéndum.

Hay una opinión generalizada de que el referéndum atentó contra las mínimas garantías democráticas. Nada ni nadie puede ocultar los hechos: el insólito cambio de las reglas de juego media hora antes de la votación -con un “colegio universal” que permitía votar donde se quisiera y en las condiciones que fueran-, la falta de control sobre el censo, con un soporte informático que no pudo funcionar durante mucho tiempo, la evidencia de que era posible votar dos, cuatro u ocho veces, el control de las mesas por parte de los “voluntarios” de las organizaciones indepentistas, la ausencia de una sindicatura electoral independendiente que controlara el recuento y avalara los resultados…

Y nadie a estas alturas nadie otorga credibilidad alguna a unos resultados a la vista de las múltiples irregularidades. Tres días después de la celebración, aún no han proclamado los resultados. Pero incluso con los datos oficiales aportados, cocinados y controlados por el Govern, los números revelan su profundo fracaso.

Como se puede observar en el cuadro de resultados que publicamos en la página 2, han obtenido 45.000 votos menos que el 9-N. La mayoría de los catalanes (el 57,66%) se ha abstenido, no ha participado ni avalado con su voto, mientras que la participación no ha superado el 42,34% respecto al censo y los sí a la independencia se quedan en el 37,8% respecto al censo, son minoría y solo uno de cada tres apoya la segregación de Cataluña.

A pesar de su fracaso, los Puigdemont y Junqueras se han apropiado los resultados para anunciar que están dispuestos a llevar al Parlament una declaración unilateral de independencia (DUI).

Y están utilizando el lógico rechazo e indignación entre una mayoría de catalanes contra la violenta actuación policial el 1-O como palanca de agitación y movilización para movilizar la calle y radicalizar al independentismo, en un intento de obtener por la “propaganda” lo que no ha logrado en las urnas.

El empecinamiento en su hoja de ruta independentista, ha abierto una nueva etapa aún más grave, iniciada con una “huelga política” insólita, convocada y organizada desde la Generalitat y redoblando el órdago al Estado con el llamamiento a que las fuerzas policiales, Policía Nacional y Guardia Civil, presentadas como “fuerzas de ocupación” abandonen Cataluña.

El Estado ha respondido con la intervención del Rey situando a Puigdemont y su gobierno como los únicos responsables de la situación, de haber quebrado el orden constitucional y haber fracturado a la sociedad catalana y a Puigdemont como un dirigente “fuera de la ley”.

Los intentos de Puigdemont de lograr una mediación internacional de la Unión Europea han fracasado. Incluso los principales medios internacionales como el New York Times, han cambiado sus portadas con imágenes de la violencia policial a editoriales de apoyo al gobierno de Rajoy y la legalidad constitucional.

Y en su discurso de respuesta al Rey, ha remarcado con un “Así no” sentirse decepcionado por su intervención, sin dar muestras de estar dispuesto a dar un paso atrás, a pesar de presentarse dispuesto a encontrar una mediación entre el Estado y la Generalitat que el preside. Un camino harto difícil si no imposible si antes no hay una renuncia explícita a su hoja de ruta independentista fuera de la legalidad constitucional.

Así las cosas, cuando cerramos esta edición de la revista a cinco días de la sesión del Parlament en la que se pretende presentar la DUI, todas las opciones están abiertas y llenas de interrogantes.

La declaración unilateral de independencia por la escueta mayoría independentista en el Parlament. Lo que supondría la aplicación del artículo 155 por parte del Estado, para que el gobierno asumiera competencias de la Generalitat y convocar elecciones. Incluso la posibilidad de que se decidiera su aplicación para impedir esa DUI.

Un aplazamiento de la DUI, “echar el freno”, impuesta por algunos sectores dentro de PDeCAT para intentar consolidar su posición y ganar tiempo.

La mediación, descartada la internacional, es la gran desconocida. ¿Quién podría asumir ese papel ahora y con qué posibilidades si no hay una marcha atrás de Puigdemont? ¿Estaría el Estado dispuesto a hacerlo?

Una cosa está clara, estamos ante una larga batalla contra la fragmentación y por la unidad del pueblo trabajador del conjunto de las nacionalidades y regiones de España. Y, a la espera del desarrollo de los acontecimientos, hay que seguir, por un lado desmontando la estafa antidemocrática de Puigdemont poniendo claro sobre negro los propios resultados del referéndum. Y por otro, denunciar cómo la independencia va contra los intereses de la clase obrera y el pueblo trabajador. Solo unidos el pueblo trabajador de las nacionalidades y regiones de España podremos hacer frente a las diferentes situaciones y defender nuestros intereses comunes de progreso y libertad.

Un comentario sobre “El fracaso de Puigdemont abre una nueva etapa”

  • Coñ…con el fracaso de Pigdemont y ganada la batalla de la unidad de España,nos toca quitar el poder politico y económico a los yankees.¡¡viva l revolución!!

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