El “colchón internacional” de Puigdemont

La denuncia por parte de algunos de los principales medios europeos del pensamiento xenófobo de Torra ha llevado a algunos a pronosticar el final de los apoyos internacionales al procés. Pero cuando ha llegado el momento de los hechos, la realidad se ha vuelto mucho más inquietante.

Junto a pronunciamientos de gobiernos o instituciones internacionales defendiendo la integridad territorial española, algunos poderes globales no solo no se han enfrentado sino que han protegido las maniobras de Puigdemont.

Cuando se habla de injerencias internacionales, hay quien se escandaliza ante el apoyo ruso a los independentistas. Pero Moscú, más allá de sus deseos, poca capacidad tiene para azuzar conflictos internos en España. Es mucho más inquietante el peligroso juego de poderes presentados como aliados, pero que parecen trabajar para garantizar que los ataques contra la unidad en España puedan seguir desarrollándose.

El Frankfurter Allgemeine Zeitung, uno de los periódicos que actúan como portavoces de importantes nódulos de la burguesía alemana ha acusado al nuevo president de la Generalitat, Quim Torra, de “propagar la xenofobia y el nacionalismo del peor tipo” y “predicar el odio”.

Hasta aquí las palabras. Pero los hechos que se desarrollan en Alemania no tienen esta claridad tranquilizadora para España.

El gobierno de Merkel apoya al de Rajoy en todas sus declaraciones, y la fiscalía germana colabora con la española para conseguir la extradición de Puigdemont. Pero la Audiencia del land de Schleswig-Holstein, el órgano judicial que debe tomar una decisión, ha reiterado su negativa a extraditar al ex president por los delitos de rebelión y sedición. Anunciando además que ni siquiera se le podría acusar de alteración del orden público, y presentando numerosas dudas incluso de la posibilidad de acusarle de malversación de fondos públicos.

En Alemania Puigdemont tendría prohibido hacer política, puesto que los partidos independentistas son ilegales. Pero los tribunales germanos parecen querer proteger a quien proclama una independencia unilateral en España.

No se trata de un problema puntual reducido a un confundido tribunal alemán. La justicia belga ha declarado nulo por defecto de forma la petición de extradición contra los tres ex consellers fugados, otorgándoles una libertad completa.

Fuentes del Tribunal Supremo han reaccionado indignados, afirmando que “no es aceptable que cuando España más necesita ayuda de sus socios europeos, porque Puigdemont ha atentado contra las estructuras del Estado, se lleve este revés”.

Al otro lado del Atlántico, importantes centros de la superpotencia norteamericana también se han pronunciado sobre la situación catalana. Ha sido la agencia Stratford, entidad privada pero con una conexión tan directa con la inteligencia yanqui que es considerada “la CIA en la sombra”. Suele estar demasiado bien informada sobre lo que sucede en España. Antes de que Rajoy siquiera pensara en él, anticipó que Luis de Guindos sería el nuevo ministro de Economía de su gobierno.

Stratford ha afirmado que “ en los próximos meses la tensión política en Catalunya probablemente no llegará a los niveles de finales de 2017”, para a continuación sentenciar que “el choque entre el govern catalán y el gobierno español seguirá” y “la cuestión del secesionismo tampoco se resolverá”.

La “CIA en la sombra” considera que el Estado mantendrá su firmeza (“Rajoy no hará concesiones a los independentistas”) y que el nuevo gobierno de Torra provocará con “gestos simbólicos” aunque “presumiblemente no presionará para una independencia inmediata o declarada unilateralmente”.

Pero sobre todo insiste en que “la solución al conflicto no solo está en punto muerto, sino que será difícil de alcanzar”. La herida debe permanecer abierta, porque esa es una vía privilegiada de intervención sobre España.

El para algunos sorprendente colchón internacional que disfruta Puigdemont no es resultado de los éxitos de la propaganda independentista, convenciendo para su causa a la opinión pública europea. Se corresponde con los intereses de algunos grandes centros de poder mundiales, interesados si no en fragmentar España sí en que continuemos enredados en nuestros “demonios internos”, mientras ellos nos imponen nuevas y peores condiciones.

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