Entrevista con Lidia Falcón, presidenta del Partido Feminista, sobre la ley del aborto

“El capitalismo tiene que imponer la obligatoriedad y el control de la reproducción”

Lidia Falcón es una revolucionaria incansable, un referente de la lucha feminista. Abogada en ejercicio, escritora, con una amplí­sima formación y aún mayor trayectoria polí­tica, fue militante del PSUC, presidenta y fundadora del Partido Feminista.

Según las encuestas más del 80% de la sociedad rechaza esta ley, e incluso puede sorprender que el 68% de los votantes del PP, e incluso el 59% de los católicos no la ven necesaria. ¿Cree que esto evidencia también que existe más conciencia en la sociedad sobre este derecho de las mujeres y por lo tanto su libertad?

Creo en lo que la realidad enseña. Y estos 30 años de disfrutar de un derecho, parcial, pero un derecho al fin y al cabo, ha enseñado a la gente que esa es la única manera de avanzar y defender la libertad de las mujeres. Por la experiencia que tengo, a mi despacho acude gente de todo tipo, votantes del PP y que se consideran muy católicos, y cuando necesitan interrumpir un embarazo lo hacen. En esos casos yo nunca les planteo cuestiones religiosas y políticas a mis clientes. Vienen a pedirme ayuda y se sienten muy poco culpables. “El mejor indicativo es que el aborto no ha salido nunca del Código Penal en nuestro país. El aborto es un delito. Nunca, ni con González, ni con Zapatero, se ha despenalizado”

La práctica cotidiana indica que las necesidades humanas hay que resolverlas, y que cuando se han puesto en marcha algunos mecanismos, aunque no todos los que se deberían, y se han solucionado gravísimos problemas, no solo de salud, sino morales y de supervivencia, la sociedad ha visto que ese era el camino. Eso es lo que se quiere olvidar y tapar ahora. Esto es una demencia que les ha dado a los sectores más ultras del PP, porque han creado un conflicto donde no lo había.

¿Cómo cree que debería avanzar la ley que ahora tenemos?

La actual ha avanzado sobre la anterior, aunque no reconoce todos los derechos que deberíamos tener las mujeres. El mejor indicativo es que el aborto no ha salido nunca del Código Penal en nuestro país. El aborto es un delito. Nunca, ni con González, ni con Zapatero, se ha despenalizado. Hay unas excepciones de responsabilidad que se han ido arbitrando estos años. El período en el que las mujeres pueden interrumpir el embarazo sin pedir permiso a nadie es de 14 semanas, y es muy corto. Por ejemplo, Bélgica, que es un país muy católico, Francia, Alemania y Suecia, tienen el plazo de 22 semanas. Hay que empezar por aquí.

Pero es que expirado ese plazo, con una serie de condicionantes enormes, se necesitan toda una serie de certificados médicos para interrumpir el embarazo, incluso en el caso de que el feto sea inviable o con grandes malformaciones. O sea que se ha avanzado muy poco en el derecho de las mujeres a escoger su maternidad.

Más que al análisis político, me gustaría preguntarle por el problema de fondo, el papel que juega el control sobre el cuerpo de la mujer en el capitalismo, en una sociedad patriarcal…

Vivimos en una sociedad patriarcal y en ella se decide sobre el cuerpo de las mujeres. Las mujeres tenemos asignado el papel de la reproducción y hay que controlar cómo, cuándo y quién lo hace. ¿De qué manera?, pues lo hace los poderes, el político, el económico y el religioso.

Claro, luego está el problema demográfico, porque cuando las mujeres han podido escoger entre maternidad o profesión, parece que no tienen mucho instinto maternal. Y ante está situación hay que aumentar la dominación sobre ellas. Y ésta es la base del patriarcado.

Las mujeres luchamos por ser dueñas de nuestro cuerpo y nuestra decisión. Es la batalla que el feminismo lleva desde hace un siglo. La cuestión fundamental es que el embrión no tiene derechos, los derechos los tiene la mujer. El individuo ya nacido es el que tiene derechos. El embrión tiene posibilidad de desarrollarse si la madre quiere, y si no, pues no. Y mientras esto no se reconozca así estaremos en las mismas. Si ahora quieren volver a una discusión propia del Concilio de Trento, de cuándo entra el alma en el embrión, pues no hemos avanzado en siglos. Las personas lo son desde el momento en el que nacen, pero antes no. Hasta entonces depende de la voluntad de la madre, que es la persona que debe decidir si quiere ser madre.

Se trata de una sociedad patriarcal, pero también capitalista, por lo que la maternidad cumple también el papel de producción de fuerza de trabajo…

Por supuesto. Un país sin población no es nada, no puede salir adelante. Que es uno de los problemas que hay ahora. Las mujeres no tienen más hijos porque no tienen ayudas para tenerlos, y porque la que quiere ser madre y trabajar está penalizada. Si un país no tiene una adecuada y suficiente asistencia social, guarderías, atención personal… ¿cómo lo hacemos?, ¿poniendo a las mujeres a parir como conejas?

El capitalismo tiene que imponer la obligatoriedad y el control de la reproducción. Y si una mujer trabaja, que se vuelva a casa. La vuelta de la mujer al hogar es una vieja consigna que después de cada guerra, cuando los hombres volvían a los puestos de trabajo, se ha aplicado para expulsar a las mujeres del mundo laboral. Esto parece el eterno retorno. Parece que todavía vivimos en los años 30. Las condiciones han cambiado, pero las condiciones fundamentales que hacen referencia a la reproducción, la cuida de las crías y quién las saca adelante no ha cambiado. Lo dicho, si las mujeres no se espabilan volveremos a los años 30… “Es, por lo tanto, un derecho que nos concierne a todos, no solo a las mujeres”

De hecho, en el capitalismo la fuerza de trabajo es una mercancía, por lo que hablar de la maternidad es como hablar de la reproducción de una mercancía…

Claro. Los úteros de las mujeres son las fábricas de niños, y quién controla la fábrica intenta planificarla. Y para los capitalistas las mujeres no son seres humanos con voluntad propia, sino fábricas de niños.

Es, por lo tanto, un derecho que nos concierne a todos, no solo a las mujeres…

Pero, ¿cómo lo resolvemos? No olvidemos que por mucho que hayamos avanzado, y yo soy la primera satisfecha de que mi lucha haya servido para algo, la sociedad patriarcal sigue. Y resulta que el trabajo doméstico, el cuidado de los mayores, de los hijos sigue recayendo sobre las mujeres. Tenemos los puestos peores pagados porque nuestra primera obligación es cuidar a nuestras familias. Y mientras no se cambie esto, todo lo demás seguirá igual. Porque si las mujeres decidimos no tener hijos, entonces ¿qué haremos?, ¿probetas?

Stuart Mill decía que tal y como se comportan los hombres se diría que lo último que quieren ser las mujeres es madres, y que por lo tanto hay que obligarlas. Dentro de unos días presento mi último libro, “Los nuevos machismos” (Editorial Aresta, 2014), y ahí explico lo que está pasando. Si no se construye un Estado en el que todos seamos responsables del cuidado de los niños, que son nuestro futuro, si no tenemos ayudas, jardines de infancia… volveremos al salvajismo.

Como decía Marx, mientras lo viejo no acabe de morir, y lo nuevo acabe de nacer, no hay nada. Porque antes la tribu se ocupaba de los niños. Las mujeres paría indefinidamente, pero toda la tribu cuidaba de los niños. En la familia mononuclear de la actualidad, las mujeres no tienen 15 hijos, pero tienen 2 y están solas. Y aún pensando en el hombre más majo, sale a las 8 de la mañana a trabajar y vuelve a las 10 de la noche reventado. ¿Cómo va a ocuparse de los niños? Es un mundo salvaje en el que lo viejo no desaparece, y lo nuevo no nace.

Ya no tenemos familias como las de antes, y la gente se muere sola en sus casas, porque los hijos no están. En las parejas mayores, si uno se pone enfermo o cae, el otro no puede tirar de él, y una ambulancia tarda 2 horas y media.

¿Cuál es la solución?, parece que meter a las mujeres y a los médicos que practiquen abortos en la cárcel. En vez de más hospitales y guarderías, nos dan más policía.

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