El Tiempo Encontrado

Diario Treinta y Cinco, y Treinta y Seis

Nunca he visto una bolsa de dinero construyendo una acción sorprendente y técnicamente limpia. No. No se mide la profesionalidad por la cuenta bancaria.

Piñón. “Las distancias y las diferencias solo son complicadas si no cesan de no verse… pero tú y yo las hemos podido sostener haciéndonos crecer con ellas, aprendiendo de ellas, riéndonos de ellas”. Mi amigo escribe y yo aprendo. A veces desde el cuerpo, pero siempre desde los ecos que llegan de un complejo mañana. A pesar de todo. Llegan.

Algo que nos salve del olvido. Un hijo. Hoy son 42 para Fede.

Los actores deben perderse en el juego en lugar de querer jugarlo en el interior de sus cabezas. Ni ensayar ni actuar; deben ser la manifestación de una vivencia que acontece en lo interno y psicológico. Leo para olvidar. Y por cierto que lo consigo.

La esencia del Teatro es la acción al servicio de una poética. Ernest Hemingway se suicidó en Idaho. En las montañas. ¿Y yo qué pienso ahora de ese instante sagrado?

Encriptar es hablar de amor sin mencionar la palabra amor. No me expliques, ni me expliques. No lo digas. Encríptame en tu piel. Algunos días algo me queda. Un resto de palabras que aún quiero decir. Algo me queda por escribir. La pasión que aguardo de un ensayo o una clase. La melancolía. Siempre ahí.

El arte debe permitirnos comprender que uno puede ser feliz sin que le den permiso. El matrimonio lo cambia todo. Para mal. Si la pasión deviene en amistad es el cambio bueno. Si no, es la más nefasta de las obligaciones religiosas y sociales que aún permanecen.“No lo digas. Encríptame en tu piel.”

Paul Auster. 4321. “La vida aplastada por el golpe palaciego conocido de otro modo con el nombre de matrimonio” ¿Patrimonio? En mi versión de George Dandin de Molière.

Fútbol. El Mundial. Hoy Argentina. No me gusta. No me gusta. Antes del partido.

Eso que entendemos de lo que nos rodea. Eso que juzgamos. Eso que aceptamos. Todo ello no es más que nuestra manera de estar en el universo.

La Abadía. Cintra un portugués que me habla al oído. Ni más ni menos que García Lorca al piano y la Argentinita cantando. Un pase que recibo porque hace un mes que estamos en Buenos Aires con Bisontes Negros. Los bucles son el destino.

En las clases Germán y Ana. La gaviota. No puedo evaluar. Santa Fe. Cuando Coriolano despierte nos va a matar a todos. Como debe ser. Como lo deseaba Shakespeare a pesar de que no sabía que un grupo de locos le metería mano hasta convertir su obra en un viaje cuyo sentido aparece y reaparece y se revela y allí voy.

El grito no genera respeto. El conocimiento sí.

Siempre Goyo. Spinoza. “Sus conceptos son antes potencias que ideas, no promueve una filosofía del Hombre abstracto y generalizado sino una antropología de nosotros mismos, es decir singularidades”. Sus potencias me potencian. Hay gente que me potencia y a quienes puedo potenciar. Se trata de encontrarnos. ¿Están ahí?

El problema del teatro en verso español es que confunde el honor y la dignidad de una mujer con la virginidad o la fidelidad. No lo soporto. Me desagrada una mujer fiel a su marido. Aunque sea en una obra de teatro.

Tango. Malena tiene penas de bandoneón.

Carlos Bolívar se inventa el no amor en clave Pascal Quignard. Y lo inventa bien. Los que estamos ahí pensamos: “a mí no me pasa eso”. Y nos pasa. ¿Quién es capaz de negar la fascinación de la última mirada?

Calor en las calles de Madrid. Fiebre en las camas de Buenos Aires. ¿Cuál es la trama que arma y construye latitudes?

Calor. Siete de la mañana. Abro la ventana. Busco a Mariasun en Aguamarga. Cuando nos jugamos el amor a la amistad en cada noche de eso que era eterno. Ahora. Justo ahora percibí su muerte. La quiero viva.

Con Camila me voy a Rusia. San Petersburgo. Mis abuelos miran con interés. El nene Panno también. Hoy nos volveremos a dar un pase. Como hace 55 años.

El Arte. No soporto el posibilismo tan convencional como oportunista. Huele a la peor basura del mercado. La indiferencia me da poder.

Los aeropuertos. Madrid. Ámsterdam. San Petersburgo. El Mundial de Fútbol que me debo y el Museo del Hermitage. Vuelve ahora Ilia Repin y los cosacos. Con ellos estuvimos Manolo Callau y yo. A veces Luppi nos lo permitía y éramos felices.

El desasosiego de estar en los aeropuertos. No me gusta. Ser sospechoso. Ser analizado. Toqueteado. Escaneado. Algo debo de haber hecho para estar sometido a esa exigencia y somos muchos y vamos todos juntos de un sitio para otro y algo de campo de concentración me interpela. Todos seguimos ahí porque queremos viajar y cada vez por suerte, somos más. En los aeropuertos me hago parte de un colectivo del cual no deseo formar parte. A pesar de ello ahí seguiré aceptando las condiciones que me imponen. Me someto.

Algunos kilómetros en el Palacio de Invierno porque Rembrandt se lo merece. Y los suelos que me obligan a bajar la cabeza y las pinturas de Rubens que me obligan a subirla y mis pies me piden no caminar más y yo camino, aunque más no sea porque ver el Nevá por la ventana mientras contemplas la historia de la pintura, es demasiado para perdérselo.

Un Campeonato del Mundo. El gol. La añeja pasión que regresa como certeza. Era eso. Abrazar a quien está junto a ti y al de adelante y al de atrás y celebrar un triunfo con alguien a quien nunca hemos visto y a quien nunca volveremos a ver. Con Camila fue la fiesta de un acuerdo tan vehemente como necesario.

Edgar Allan Poe. “Sé audaz. Lee mucho. Escribe mucho. Publica poco. Aléjate de los ocurrentes y no temas nada”. Una iglesia en San Petersburgo. La sangre derramada. Maravillosa a la distancia. Muy fea de cerca.

El Museo Ruso. Sí. Sí. Sí. La carta de los Zaporogos. Tan enorme la risa. Tan sanguinario y tan pequeño el Sultán de Turquía.

Siempre Goyo. Spinoza. No hay lógica en la pasión. Podemos no saber lo que queremos, aunque lo creamos. Cuerpo, pasión e imaginación. Todo junto.

El exilio. Será el segundo y definitivo. Debo irme hacia la reclusión máxima porque no soporto el posibilismo que huele a toda la basura del mercado.

La indiferencia me da poder.

La playa. Una busca la arena y el sol y una vez más el turismo que lo invade todo, me hace pensar que Adolfo Marsillach tenía razón. Mejor hacer turismo en casa con una foto de la Cala de Finestrat de hace 40 años entre mis manos que soportar el vandalismo organizado que hoy en día la invade. Carmen mira a cada turista y juntos tomamos la única decisión posible. Nos escapamos.

Mi añejo catarro estacional vuelve una vez más. Nos conocemos y casi no notamos la dureza de las condiciones del acuerdo.

Eusebio Priego. “Dar importancia a un hecho, a una persona, a una situación, a un objeto material. Importancia es un anexo incómodo al verbo dar. Dar funciona solo, sin importancia.”

López Obrador. México.

Bisontes Negros. Coriolano. El Trinche. Macbeth. Ella Recuerda. Sigo viajando hacia ese lugar de mi deseo donde tengo que comprobar que nunca llegó. Eso tan efímero y tan eterno. ¿El retorno?

No puedo dejar de mirar. La llamada sigue vigente. Mientras tanto, ¿alguien escucha?“La indiferencia me da poder”

Son las seis de la mañana. En un rato de nuevo en un aeropuerto. El avión que me llevará hacia Buenos Aires. ¿A dónde voy?

Sigo viendo hombres armados detrás de los árboles en la calle Acuña de Figueroa. Esos que ya no están, alguna vez vinieron a torturarnos.

El cansancio y la energía. La mirada y lo que me dicen. El libro que no escribiré y el ensayo que nunca tendremos. Los besos que no te di ni me has dado. Lejana tierra mía.

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