Brusca depreciación del peso argentino, la lira turca,....

¿Crisis de los emergentes o reflujo del dólar?

Hace años existí­a un axioma indiscutible que decí­a que cuando la economí­a de EEUU estornuda, Europa y el mundo se constipan. Hoy habrí­a que darle la vuelta a esa afirmación para decir en su lugar que cuando al resto del mundo le sube unas décimas la fiebre, es señal de que la economí­a norteamericana padece una severa pulmoní­a.

Tras las caídas y depreciaciones abruptas sufridas en los últimos 15 días por el peso argentino, la lira turca, la rupia india o el rand sudafricano, todo el mundo se ha puesto a hablar de que las economías emergentes se frenan, cuando no se hunden, por sus débiles fundamentos económicos. Pero la realidad es bien distinta. La llamada crisis de los países emergentes no es más que síntoma y reflejo de la debilidad estructural de EEUU y la necesidad compulsiva de utilizar el dólar para compensar la caída de la tasa de ganancia provocada por la crisis. “EEUU utiliza la hegemonía del dólar para imponer al mundo una estafa global “

Desde 2008, la Reserva Federal ha sido una auténtica “máquina prodigiosa”, casi mágica, dedicada a imprimir sin parar, sacándolos de la nada, nuevos billetes verdes. Hasta el punto de que ha multiplicado casi por cinco su balance y puesto en circulación 3,2 billones de dólares nuevos, es decir, el equivalente a más de dos veces el PIB de España.

A cambio de títulos de deuda altamente devaluados y sin apenas valor (hipotecas subprime, derivados financieros tóxicos, bonos de empresas en quiebra,…), la Fed ha inyectado a sus bancos, multinacionales y fondos de inversión una ingente cantidad de liquidez con la que éstos han inundado, literalmente, el mundo de dólares.

Ha bastado que la Reserva Federal norteamericana (Fed) empiece a reducir el ritmo de su impresora de dólares para que los cimientos financieros de algunos países hayan empezado a tambalearse. Pero no, en contra de lo que se dice, por sus débiles fundamentos, sino por las inevitables sacudidas que este movimiento de la Fed provoca necesariamente en un sistema monetario internacional con el dólar como núcleo.

A diferencia de lo ocurrido a finales de los años 90, cuando el hundimiento de la moneda tailandesa, el bath, provocó un efecto dominó que se extendió primero a Asia para dirigirse posteriormente en ondas expansivas a Rusia o México, provocando el caos financiero y el hundimiento de sus economías, 15 años después los países emergentes han aprendido la lección y hoy cuentan con una trinchera defensiva de primer orden para impedir que se repita: su enorme acumulación de reservas de divisas mundiales.

Disponer de estas grandes cantidades de divisas en sus bancos centrales es un auténtico colchón, munición de grueso calibre con la que contrarrestar los movimientos especulativos y las maniobras desestabilizadoras del dólar sobre sus economías.

El caso más evidente es el de China. Desde el año 2000, el gigante asiático ha multiplicado por 34 veces la “hucha” con la que proteger su solvencia y su estabilidad financiera y cambiaria.

Pero no es el único que en este tiempo ha blindado su economía de los ataques del dólar. India, que en el año 2000 apenas tenía 35.000 millones, cuenta ahora con 292.000 millones de dólares; en Singapur han crecido de 77.000 millones en 1997 a los 276.000 millones de dólares actuales.

Brasil, por su parte, es el séptimo país que posee más reservas, con 367.002 millones de dólares, lo que está permitiendo al gobierno de Dilma Roussef capear los efectos de la crisis norteamericana. Algo similar a lo que ocurre con Rusia, que con 509.674 millones de dólares acumulados en su banco central dispone de recursos más que suficientes.

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