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Coalición liderada por EEUU es incapaz de ganar guerra antiterrorista por su propia cuenta

El presidente estadounidense, Barack Obama, presidirá la “Cumbre contra el Extremismo Violento” que se celebrará el miércoles en Washington en un intento de afrontar la creciente violencia terrorista en el mundo.

A esta cumbre asistirán expertos en seguridad y funcionarios gubernamentales de países miembros de la coalición antiterrorista liderada por Estados Unidos con el telón de fondo de los últimos ataques terroristas ocurridos en Europa, Oriente Medio y Africa.

Desde los atentados del 11 de septiembre en 2001, EEUU ha encabezado activamente la lucha internacional contra el terrorismo.

En nombre del combate contra el terrorismo, el gobierno del entonces presidente de EEUU, George W. Bush, lanzó dos guerras sucesivas en Afganistán e Irak, las cuales, en vez de frenar el terrorismo, han generado oleadas de actividades terroristas y de violencia que han causado la muerte de decenas de miles de personas inocentes.

En los pasados 13 años, las actividades terroristas han continuado creciendo en todo el mundo. El Estado Islámico (EI) y otros grupos terroristas emergentes han planteado nuevos desafíos ante el combate global contra el terrorismo, y su nacimiento estuvo parcialmente relacionado con la política de EEUU hacia Oriente Medio.

El año pasado, en vísperas del 13º aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre, Obama planteó su estrategia para unirse con otros países para realizar acciones militares contra el EI, en un discurso televisado ante el público norteamericano.

“EEUU encabezará una coalición amplia para ahuyentar esta amenaza terrorista”, declaró Obama, y añadió que “nuestro objetivo es claro: degradaremos y, finalmente, destruiremos al EI a través de una estrategia integral y sostenida contra el terrorismo”.

En comparación con la coalición de Bush, la “nueva coalición antiterrorista” propuesta por Obama parece ser más amplia, ya que hasta el momento ha involucrado a más de 60 países y organizaciones regionales, algunos de los cuales han tomado una parte activa en los ataques aéreos contra el EI.

Sin embargo, esta coalición no es suficientemente inclusiva, puesto que Rusia, Irán, Siria y varios países más, que pueden contribuir a la lucha contra el grupo EI, están excluidos.

Washington ha puesto límites a la pertenencia a la coalición antiterrorista, aislando a los países que no le gustan debido a consideraciones geopolíticas y estratégicas globales. Uno de los dilemas a los que se enfrenta la coalición es si los “enemigos” de EEUU podrían convertirse en sus socios.

No es inesperado que la amenaza terrorista impuesta sobre la seguridad internacional esté todavía en aumento, pese a las actuales operaciones antiterroristas de EEUU.

Durante los últimos cinco meses, la coalición en contra del terrorismo, al mando de Washington, no pudo elaborar un plan estratégico explícito contra el Estado Islámico, mientras casi ningún país ha demostrado su determinación a enviar tropas terrestres, limitándose a ofrecer ayuda humanitaria o llevar a cabo ataques aéreos.

Esto ha formulado cuestiones serias respecto a la viabilidad de la “coalición internacional” de Washington, que parece un mosaico de países variados con diferentes intereses.

El terrorismo es el enemigo común de todo el mundo, y la coalición dirigida por EEUU e integrada por miembros con ideas afines no puede ganar la guerra contra el terrorismo por su propia cuenta. Se necesita un mayor número de participantes para abordar juntos este flagelo.

Además, la lucha contra el terrorismo es un combate a largo plazo. Se espera que la comunidad internacional trabaje de manera conjunta para emprender medidas multidimensionales en los terrenos político, económico, financiero y de seguridad y en el intercambio de informaciones, para destruir el caldo de cultivo del terrorismo.

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