Brasil: primeras medidas del gobierno Bolsonaro

El gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro comienza su andadura. Sus primeros pasos se dirigirán no solo a atacar derechos y libertades civiles, sino ante todo a multiplicar la explotación de las clases trabajadoras y a intensificar el saqueo de la oligarquía financiero y del capital extranjero -sobre todo norteamericano- sobre las riquezas de Brasil.

Tras su triunfo electoral con 57 millones de votantes -una cifra importante, pero que solo representa al 39,2% de un censo de 147 millones- Bolsonaro se dispone a empezar a gobernar. ¿Hacia donde indica que va a conducir a Brasil?

Casi toda la atención se centra en su aspecto antidemocrático y ‘ultra’. Efectivamente, Bolsonaro defiende de forma entusiasta relajar las normas de actuación de la policía y el Ejército (que ocupan las calles de muchas ciudades brasileñas), en un país donde los agentes ya ejecutan a una media de 5.000 personas al año. “Los criminales no son seres humanos normales. La policía debería ser recompensada si matan a diez, quince, o veinte de una vez”, ha dicho el ultraderechista, que tampoco oculta que “estoy a favor de la tortura. Todo el mundo lo sabe”. Se espera una mayor connivencia (de la que ya existe) con las actuaciones de ‘escuadrones de la muerte’ fascistas, compuestos muchas veces por miembros de la policía y el Ejército, y que solo en los dos últimos años acabaron no solo con la vida de líderes como Marielle Franco, sino con cientos de concejales y candidatos izquierdistas o de sindicalistas y militantes de movimientos sociales.

Bolsonaro no dará (no lo necesita) ningún golpe de Estado para instaurar un régimen fascista, pero su gobierno será extremadamente autoritario y antipopular. Pero esa forma persigue un objetivo. Se oprime para explotar. El medio -la represión y el miedo- sirve a un fin: multiplicar el expolio, ya incrementado durante los dos años de Temer, de la oligarquía financiera, los terratenientes, y sobre todo los grandes capitales extranjeros, sobre Brasil y sus clases populares.

Su verdadero programa de gobierno lo atesora el que será su superministro de economía, Paulo Guedes, un “Chicago Boy”, un economista ligado a los centros financieros más neoliberales de EEUU. Bolsonaro no se corta en reconocer que no tiene grandes conocimientos en materia económica, y que Guedes habla por él en este campo.

Guedes busca un “achicamiento del Estado” (que sin embargo no afectará al Ejército ni al aparato represivo, altamente costosos), reduciendo los ministerios, incluso eliminando carteras como las de Trabajo. Busca reducir en un 20% con un programa masivo de privatizaciones que recuerdan a los que hizo Carlos Menem en la Argentina de los 80. De momento ha prometido que no privatizará la petrolera estatal Petrobras, una de las grandes fuentes de ingresos públicos de Brasil, pero al tiempo. Lo mismo con la estrella de los programas sociales en Brasil, Bolsa Familia, que asegura que “respetará”… mutilándolo con toda una serie de recortes.

Otro de sus grandes objetivos es la privatización de las pensiones, su transformación paulatina en un sistema de capitalización. O la “simplificación tributaria”, eufemismo que encubre una reducción a la mitad del Impuesto de Sociedades. O el “incremento de la productividad”, que esconde medidas para incrementar la explotación de la fuerza de trabajo y la liquidación de los mecanismos de negociación colectiva de los trabajadores. “Los empresarios me vienen diciendo que tendremos que decidir: demasiados derechos laborales y desempleo o menos derechos y empleo”, dice Bolsonaro.

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