Editorial Internacional

Brasil derrota al fascismo de Bolsonaro. Brasil derrota la «Doctrina Monroe» de Trump

"El futuro no está escrito si las clases trabajadoras se lanzan a la lucha". Esta es la lección de valor incalculable que el pueblo brasileño y la izquierda carioca, con Lula da Silva a la cabeza, ofrece a Latinoamérica y al mundo entero.

Ha ocurrido, pasará a la historia. Una gigantesca movilización popular ha dado la vuelta a unos resultados que parecían condenar a Brasil a sucumbir ante la ola de ultraderecha -dirigida y alentada desde la nueva «Doctrina Monroe» de los EEUU de Trump- que se abate sobre América Latina.

A lomos de la lucha de millones y millones de personas, que estas semanas han desplegado una intensa campaña, Lula ha vuelto a ganar las elecciones en el gigante económico y demográfico iberoamericano, desatando una ola de júbilo no sólo en Brasil, sino en todo el planeta, y dejando en estado de shock a los estrategas de la Casa Blanca.

«El futuro no está escrito si las clases trabajadoras se lanzan a la lucha». Este es el mensaje, esta es la lección de valor incalculable que el pueblo brasileño y la izquierda carioca, con Lula da Silva a la cabeza, ofrece a Latinoamérica y al mundo entero.

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Lo que estaba en juego

Lula o Flàvio Bolsonaro. La vida o la bolsa. La política al servicio de los muchos o la política al servicio de los pocos que tienen la bolsa. Esta era la elección antagónica para 158 millones de electores brasileños que estaban llamados a las urnas.

El Brasil que sacó a 30 millones de personas de la pobreza, que llevó a los niños de las favelas a la universidad, que alfabetizó y dio cobertura sanitaria a millones de personas… frente al Brasil que atacó derechos y libertades, que volvió a disparar la tasa de miseria, que deforestó la Amazonia o que saboteó todas las medidas sanitarias durante la pandemia de Covid, poniendo al país a la cabeza de las tasas de mortalidad por coronavirus.

El Brasil de los trabajadores y de los movimientos sociales, forjado en largos años de lucha contra la dictadura, contra el Brasil de los gorilas y de los paramilitares, de los escuadrones de la muerte, de los golpistas y los torturadores.

Un Brasil de políticas de redistribución de la riqueza, de potente inversión pública y de mejoras de las condiciones de vida y de trabajo, o un Brasil de motosierra de las políticas sociales, y de la entrega descarada de las fuentes de riqueza a una plutocracia de terratenientes y de capitales extranjeros, casi siempre con sede en Wall Street.

No es retórica, son hechos. Cuando Lula llegó por primera vez al gobierno en 2003, casi un 60% de los brasileños estaban bajo el umbral de la pobreza. Cuando se fue en 2011, gracias a programas como Bolsa Familia y Fome Cero, había caído al 40%, y todavía descendería al 33% con el gobierno de Dilma Rousseff. Entonces llegó Temer y sus políticas neoliberales, y luego Jair Bolsonaro y sus nefastas políticas antisociales, y la pobreza volvió a atrapar al 39% de los brasileños. Tuvo que ser un nuevo gobierno de Lula el que volvió a bajar la pobreza casi catorce puntos en cuatro años, situándolo en su actual mínimo histórico (26,8% de la población).

Otro hecho. En medio de la campaña electoral y cuando aún no se sabía el resultado de la segunda vuelta, el PT logró aprobar en el Senado de Brasil la reducción de la semana laboral de seis a cinco días (de 44 a 40 horas semanales), sin recortes salariales.

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El David de las favelas contra el Goliath de los tecnooligarcas de EEUU

La victoria de Lula y del Partido de los Trabajadores es aún más épica si tenemos en cuentas a qué fuerzas se han tenido que enfrentar para evitar un gobierno de Flàvio Bolsonaro

Como su padre, el ultraderechista tiene el apoyo de los sectores más reaccionarios de la clase dominante brasileña: el agro -los terratenientes y magnates del agronegocio-, el sector minero, y los círculos más oscuros del ejército, la policía y los aparatos del Estado. Junto a unas iglesias evangélicas ultraconservadoras que -impulsadas desde EEUU- llevan décadas creciendo entre los más pobres de Brasil.

Pero todo eso palidece ante los verdaderos «padrinos» de los Bolsonaro: el poder de la superpotencia norteamericana y sus aparatos de intervención, de las redes del trumpismo… y también ahora de los tecnooligarcas de Silicon Valley y de sus redes sociales, que tienen en Brasil a muchísimos millones de seguidores. No es ningún secreto que magnates como Elon Musk y su red social -Twitter, ahora X- están completamente alineados con la Casa Blanca. Pero en estas elecciones brasileñas hemos comprobado como también lo está otro gigante tecnológico estadounidense, Meta (Instagram, Facebook), que deliberadamente ha alterado sus algoritmos para favorecer al ultraderechista, baneando la campaña digital de Lula.

La respuesta del pueblo brasileño, además de hacer una campaña de carne y hueso, conquistando los barrios y las aldeas, las calles y las avenidas, ha sido desplegar una ejército en redes imposible de eliminar por los algoritmos, con cada partidario de Lula convertido en un influencer.

Apoyándose en las masas, desplegando toda su energía e iniciativa para ganarse el corazón de las clases trabajadoras y empobrecida. Así es como el David popular de Brasil ha logrado batir al Goliath de las big-tech norteamericanas.

Una gigantesca victoria popular que demuestra que no hay gigante que las clases populares no podamos derrotar si nos organizamos y luchamos.

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