EL OBSERVATORIO

Black out: El alcohol como patria

Black out, de María Moreno, es un libro extraordinario, lleno de pasión y verdad, y empapado de alcohol

Black out: apagón, desvanecimiento, laguna mental propiciada por el alcohol. Ese es el título elegido para sus memorias por la narradora y periodista argentina María Moreno, nacida en Buenos Aires y autora de una decena de libros (novelas y crónicas) imprescindibles para comprender la literatura argentina del último medio siglo.

El libro, esencialmente, es un retrato de la la bohemia periodística y literaria argentina de los años 60 y 70 vista desde la mesa de los bares por los que en esa época pasaba la discusión literaria, política, filosófica y hasta sexual. Una atrevida, irreverente, trágica y deslumbrante autobiografía de época, de una sinceridad que hace daño.

Tres géneros narrativos distintos modulan e integran Black out: el retrato (familiar o generacional), el microensayo (cultural o literario) y el “territorio” (fenomenología de los bares). Tres partes que se van repitiendo a lo largo del libro, y cada una responde a un orden diferente: “La pasarela del alcohol”, al del retrato; “Del otro lado de la puerta vaivén”, al del ensayo; “Ronda”, al del territorio.

El libro contiene una emocionante y sentida crónica de su infancia, con ingredientes de estética populista (una madre química y un padre alcohólico); una nueva historia de la literatura argentina desde el siglo XIX, con el alcohol como elemento fundacional; y, finalmente, un retrato de la mítica generación de escritores que compartieron barra con Moreno en los años sesenta y setenta del siglo XX: Libertella, Piglia, Lamborghini, Fogwill… Entre estos destacan los retratos de cuatro grandes malogrados: Norberto Soares, Charlie Feiling, Claudio Uriarte y Jorge Di Paola, Dipi. Moreno los convierte en auténticos “personajes” literarios, de modo que no es imprescindible haberlos leído para vivirlos con sus claroscuros.

Aunque si hay un protagonista constante, que lo imbuye y lo empapa todo en este libro, ese es el alcohol. El alcohol corta la cronología, por la amnesia y la repetición. El alcohol marca el ritmo y define los momentos. El alcohol, como símbolo y seña de una época. El alcohol como medio y divisa de “pertenencia”, de integración, de “comunidad”. Se bebe para formar parte de un grupo que se sostiene bebiendo, un grupo que tiene en el bar su auténtico hogar y que convierte la barra en una cátedra… pero también en el tobogán de la autodestrucción.

Con gran pericia, María Moreno diseña en Black out una trama refractaria a las típicas progresiones novelescas. El relato no como cronología, sino como epifanía. Y sería pertinente señalar cuánta responsabilidad tiene el alcohol en esta forma epifánica: el alcohol “como sabia idiotez de quien ve el mundo y no su doble” (que decía el filósofo Clément Rosset), el alcohol que vuelve imprecisas las fechas, porque es presente perpetuo. El alcohol, que permanece incluso cuando se lo abandona. “El alcohol es una patria”, escribe María Moreno. “Por eso no se la pierde. Solo que se puede estar exiliado de ella”, dice. “El alcohol es un Dios, por eso se puede creer en Él sin que esté presente”, asegura ya desde la sobriedad.

Pese a ser unas memorias, en el libro no hay referencias ni a su ex marido, ni a su hijo, ni a sus amigos extra-bar ni a las mujeres. “En el libro la estructura es la de la banda, no la de la familia -dice María-. Quería que el libro fuera el pasaje de la familia originaria a la comunidad del bar. Me trazo una genealogía etílica que no va para abajo, va para atrás”. “Yo me acerco a los bares como una groupie venenosa. En el momento que yo comienzo a frecuentar a mis amigos, no escribía en medios. En ese ejercicio de fan me paso de la ginebra al whisky, un ritual para ser aceptada por la muchachada”.

Dice Moreno: “Hay una historia política del alcohol, que va cambiando según exigencias del sistema. Cuando se necesita que el obrero produzca, se lo admite “cocado”, el alcohol no es un tabú. Cuando ellos empezaron a ir al bar para organizarse además de beber, ahí comienza a ser un problema. Las feministas inglesas del siglo XIX comienzan a tomar los bares. Alfonsina en el Café Tortoni, Norah Lange en el Auer’s Keller. La escuela está ahí, en la barra, en los bares. Deberle más a los oídos que a la educación formal”. Feminista de largo recorrido, María Moreno no duda en afirmar: “Más que ganar la universidad, las mujeres debían ganar las tabernas”.

El libro de María Moreno rezuma verdad y pasión por todos los poros. La verdad de Moreno es una norma de estilo, de un gran estilo que ella califica como plebeyo. María entiende la escritura como una forma de “desnudarse”, y así no teme hablar de su mugre, de su sangre, de su mal olor, de sus uñas sucias, de tantas noches de borrachera y resaca, de una sexualidad vivida sin tapujos.

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