EL OBSERVATORIO

Berta Isla

Javier Marías gana el Premio de la Crítica 2018 con Berta Isla, su decimoquinta novela, una nueva incursión en sus temas y territorios favoritos.

Un jurado presidido por Ángel Basanta e integrado por José Manuel Pozuelo Yvancos, Ángel Luis Prieto de Paula, Araceli Iravedra, José Antonio Ponte, Enrique Turpin y Francisco DÍaz de Castro otorgaba días pasados el Premio de la Crítica de narrativa en lengua española a la novela de Javier Marías Berta Isla, editada por Alfaguara en septiembre de 2017.

Berta Isla sucede a Los enamoramientos (2011) y Así empieza lo malo (2014), dos novelas muy dispares y exitosas, en las que Javier Marías -sin abandonar nunca sus marcadas obsesiones literarias y sin renunciar a los rasgos esenciales de su reconocible estilo digresivo- había buscado ampliar el radio de acción, por así decirlo, de su singular universo narrativo e intentado conquistar nuevas provincias y respirar aires diferentes para lo que el propio Marías ya había pasado a considerar (y así lo declaró entonces) una «obra concluida», tras la extenuante redacción de los tres tomos que integraron Tu rostro mañana (2002-2007). Esas incursiones narrativas, que algunos vieron -con ojo estrábico- como «concesiones a la galería» o, incluso, como signos de un «inevitable declive», nunca llegaron a ser, en realidad, ese supuesto exilio de Marías de sí mismo ni, tampoco, esa caída al vacío que al parecer debe desearse, de forma cainita, a todo escritor que ha adquirido, como Marías, la talla de un escritor universalmente consagrado. Cierto que no eran obras comparables en su ambición y esfuerzo a Tu rostro mañana, pero tampoco eran obras menores, puesto que en ellas aún es perfectamente reconocible todo Marías, y además un Marías que se atrevía a indagar en temas que aparentemente parecían muy alejados o, incluso, vedados a su bisturí inquisitivo y literario.«Javier Marías gana el Premio de la Crítica 2018 con su novela Berta Isla»

No obstante, un escritor no deja nunca de ser alguien que -como dice Mario Levrero- tiene que lidiar toda la vida con sus demonios interiores, y por ello nada debe extrañarnos, ni es lamentable en absoluto, que los veamos volver una y otra vez a los temas esenciales y recurrentes de su mundo literario, ni a los escenarios tradicionales de sus mejores obras, ni a personajes que ya han pululado por algunos de sus libros, ni a reproducir en cierta forma el «espacio» o la «atmósfera» en el que respiramos lo más propio y auténtico de su literatura.

Y eso es lo que ocurre en cierto modo con Berta Isla. Marías recupera para esta nueva novela ese escenario neblinoso, opaco, algo siniestro, lleno de opacidad y secretismo, donde la verdad y la mentira se hacen indiscernibles, donde lo real y la ficción se confunden, donde los hechos viven en la eterna paradoja de, al mismo tiempo, ser y no ser: el mundo de los servicios secretos. Más en concreto, de los servicios secretos británicos. Ese es el cuadrilátero, el ring, donde Marías ha desplegado muchas de sus mejores obras, un espacio ideal a priori para reflexionar en voz alta sobre los temas que siempre han ocupado y preocupado al autor, como la dificultad o incluso la imposibilidad de conocer la verdad o esa forma extraña en que creemos las cosas sin tener realmente la más mínima certeza de ellas.

En Berta Isla, Marías dispone de un personaje absolutamente híbrido, un Tomás/Thomas medio español medio británico, nacido en Madrid, con doble nacionalidad, bilingüe puro (y políglota excepcional), que durante sus estudios universitarios en Oxford es captado a mediados de los años setenta (todavía hay un dictador en España) por el mítico profesor Wheeler (presente en tantas novelas de Marías) para los servicios secretos británicos, en cierta forma contra su deseo y forzado por un suceso que lo coloca entre la espada y la pared. Tomás Nevinson se verá así obligado a llevar una doble vida: en Madrid es un simple funcionario del British Council o de la embajada británica, mientras que durante periodos cada vez más largos vive otra vida, u otras vidas -que ignoramos por completo- supuestamente realizando misiones -intuimos que, a veces, son misiones peligrosas, donde arriesga la vida, o la pone en peligro-, en su papel de espía, infiltrado o agente secreto, acerca de lo cual está obligado a mantener -bajo amenaza de muerte, parece hacernos creer Marías- un sigilo absoluto.«Berta Isla es una nueva incursión de Marías en sus temas y territorios favoritos»

Nada o casi nada sabemos de lo que hace Tom en esos periodos en que debe abandonar España, su trabajo en Madrid y a su familia, cada vez más seguido y por más tiempo; sin embargo, lo que sí vamos a saber, con todo detalle y a fondo, son las consecuencias que todo ello va a tener en su vida y, sobre todo, en la vida de su mujer, Berta Isla, no solo contrapunto, sino auténtica protagonista de la novela, pues ella va a ser quien, a través de sus monólogos y de su narración, nos va a poner en contacto con la médula misma del relato.

Cierto que, como se ha reiterado, la novela nos habla de la espera, de una mujer que espera… y que en los intervalos de la espera, en la desesperación y la angustia de la espera, piensa, imagina, fabula, conjetura… al tiempo que va madurando una decisión que teme y le angustia tomar. Pero esa espera no es en verdad la esencia de la novela, sino la excusa perfecta que la novela necesita (como lo es también la ausencia de Tom) para crear el espacio donde adquiere volumen la conciencia y la evolución de la conciencia de Berta… como mujer, como esposa, como madre y como espíritu libre, atrapado en una malla de condicionantes, compromisos, lealtades y conflictos que la amordazan.

La espera de Berta y las ausencias de Tom crean a lo largo de la novela el ámbito ideal que tanto gusta a Marías para desplegar sus digresiones y para analizar la evolución de una conciencia, sometida a los avatares a veces incontrolables de la vida, obligada a vivir en la ignorancia de cosas esenciales, forzada a convivir con un ser al que ama y quiere ser leal pero que a la vez es un desconocido, alguien de quien ignora al menos media vida y que quizá en esa vida hace cosas atroces o indignas… Berta no tiene modo de saber… pero necesita saber, necesita respuestas… Y esa tensión vibra de forma creciente en la novela hasta alcanzar un cenit extraordinario.

Y al tiempo que hace todo esto, Marías no deja de ofrecernos una visión muy particular y muy interesante sobre eso que se llama despectivamente «las cloacas» del Estado, y que en la imaginación popular parece siempre cosa más de ficción que auténtica realidad. Pues bien, en esas cloacas se dilucidan muchas veces las cuestiones más decisivas de la vida de un Estado, más decisivas que las que vemos a diario en el teatrillo público de la política. Aunque Marías lo deviene todo ficción -pues estamos en una novela-, no estaría de más que prestáramos algo de atención a la verdad que encierra esa ficción. Probablemente así entenderíamos mucho mejor la realidad.

3 comentarios sobre “Berta Isla”

    • Jajaja,así que según esta buena mujer era de la CIA,jajaja,que tengo pinta.Como bien dice el artículo,hay mucho más de ficción que de realidad en la oscura neblina de las cloacas del Estado,en las cuales se entra,pero no se sale.Me imagino a los picoletos del CNI,con el tricornio en el búnker,y sus “high technologies” para paletos.No son James Bond ni por el forro.Me ha traído a colación un documental muy viejo,del “history channel,para denigrar al movimiento punk,de que el MI-5 apoyaba a los sex Pistols para aborregar a la juventud.Lo que sí que es cierto es que este grupo estuvo investigado al igual que “the Clash” y otros tantos,por la CIA y el MI-5,sobre todo por la canción “god save the queen” y otras subversivas.Qué queréis que os diga,una de mis canciones preferidas sigue siendo esta https://www.youtube.com/watch?v=2cN2LYyrBGg

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