La plitidepsina, 100 veces más potente

Antivirales marca España

Diferentes equipos y empresas españolas desarrollan investigaciones punteras a nivel mundial sobre fármacos y tratamientos contra la Covid-19

Diferentes equipos y empresas españolas desarrollan investigaciones punteras a nivel mundial sobre fármacos y tratamientos contra la Covid-19

En la investigación contra la Covid-19 el foco principal está puesto en las vacunas. Y no puede ser de otra manera, porque de ellas ha de venir el remedio definitivo para esta pandemia. Sólo las vacunas pueden conseguir que, como ya ha ocurrido con la viruela, el SARS-CoV-2 sea barrido de la faz de la tierra, y que la humanidad podamos pasar página -esperemos que sacando conclusiones para futuras enfermedades infecciosas- de esta fatídica epidemia mundial.

Pero el arsenal que la ciencia está elaborando a toda prisa para defender a la humanidad del coronavirus no solo consta de vacunas, sino de un cada vez mayor surtido de tratamientos, tanto contra el virus, como contra sus efectos patológicos. Unos combaten la propia replicación y transmisión del SARS-CoV-2, y otros ayudan a atenuar el síndrome respiratorio agudo que causa los efectos más graves y peligrosos de la enfermedad. En las últimas semanas, varias noticias han permitido dar protagonismo a las decenas de grupos de investigación que están desarrollando fármacos y tratamientos contra la covid en España.

La plitidepsina, 100 veces más potente

Entre los tratamientos made in Spain de mayor impacto benéfico está un antiviral -la plitidepsina- que ha demostrado ser hasta 100 veces más potente que el tratamiento actual aprobado para tratar la covid. Así lo muestra el estudio preclínico en ratones de un equipo internacional de investigadores, publicado en Science, liderados por el virólogo español Adolfo García-Sastre, del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, junto a una veintena de expertos de la Universidad de California en San Francisco y el Instituto Pasteur en París. 

La plitidepsina, un fármaco desarrollado con el nombre comercial de Aplidina por la farmacéutica madrileña Pharmamar para tratar el mieloma múltiple (un cáncer sanguíneo), es una molécula sintética basada en una sustancia producida por unos invertebrados marinos, una especie de ascidia del Mediterráneo. Esta molécula es una de las más prometedoras en impedir la multiplicación del virus en el organismo, y además combate la inflamación de las vías respiratorias.

La molécula no se dirige contra el virus, sino contra una proteína celular (la eEF1A) que el coronavirus usa prestada para producir copias de sí mismo. Al bloquear esta proteína, el SARS-CoV-2 no puede replicarse. Tener este tipo de diana -en la maquinaria metabólica humana, y no una proteína del propio virus- tiene dos ventajas. Una es que el fármaco es eventualmente insensible a las frecuentes mutaciones del genoma vírico. Otra es que teóricamente se podría usar de forma sinérgica con fármacos que sí tienen como diana al propio virus, como el Remdesivir.

Aunque aún está en estudio, el mecanismo molecular al que va dirigido la plitidepsina también podría ser usado para bloquear la replicación de otros tipos de virus como el de la gripe y el virus respiratorio sincitial. La eficacia de este fármaco ya fue probada para impedir la replicación de un coronavirus que produce resfriado y también de otro que puede causar una enfermedad letal, el SARS de 2002.

La seguridad de la plitidepsina, que no es tóxico a dosis moderadas y que ya se usaba contra el cáncer, ya está demostrada. Pero para que este fármaco salga al mercado aún deberán pasar varios meses. Quedan los ensayos clínicos en pacientes y aclarar en qué momento de la infección podría ser más efectivo este fármaco. Pharmamar ha anunciado el inminente inicio de la fase III de los estudios, en colaboración con agencias del medicamento de varios países.

Sin embargo, tanto la plitidepsina como el remdesivir son efectivos en las primeras fases de la infección, en las que predomina la replicación viral, pero no tanto en las fases críticas de la covid, donde la respuesta inflamatoria desaforada produce los efectos más graves y peligrosos.

De los papiros a la lucha contra la covid

Otro hallazgo importante en el que participan equipos españoles es la utilidad de la colchicina para tratar la inflamación que causa la infección por SARS-CoV-2, que suele ser la causa de las complicaciones letales. Lo curioso de este fármaco -muy barato y derivado del azafrán silvestre- es que es un viejo conocido de los galenos. Concretamente, un papiro del Antiguo Egipto ya describe la flor del azafrán como tratamiento contra la hinchazón.

Si se administra tempranamente a pacientes recién diagnosticados de covid, la colchicina reduce un 25% las hospitalizaciones, un 50% la necesidad de ventilación mecánica y un 44% las muertes, según los resultados preliminares de un ensayo clínico internacional con más de 4.000 pacientes en Canadá, EEUU, España, Sudáfrica, Brasil y Grecia. Lo bueno es que si se confirman los resultados, la colchicina puede empezar a administrarse inmediatamente, siempre bajo supervisión médica

Anticuerpos monoclonales contra el SARS-CoV-2

En sangre de los pacientes que han superado la enfermedad están los preciados anticuerpos anti-SARS-CoV-2 que pueden ayudar al sistema inmune de personas infectadas a neutralizar el virus. Este es el fundamento de los sueros, una terapia con muchas décadas a sus espaldas.

La actual tecnología permite copiar esas inmunoglobulinas de pacientes que han derrotado al virus para elaborar un cóctel de anticuerpos policlonales. Esto es lo que ha hecho Grifols con su plasma Gamunex-C, con un enfoque similar al de los tratamientos como Lilly o Regeneron que ya se usan en los hospitales. 

El Gamunex-C va a ser sometido a ensayos clínicos en el Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y se espera que proporcione una protección de efecto inmediato tras la exposición al virus, que sería especialmente útil como complemento de la vacuna en la fase temprana tras la vacunación.

Bloquear el transporte del virus

Un enfoque completamente diferente es el que están llevando a cabo desde el equipo de Fernando Díaz, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC). Este grupo trata de desarrollar un fármaco antiviral que inmovilice al coronavirus dentro de las células, actuando sobre los microtúbulos, componentes del andamiaje de estructuras del citoplasma sobre el que se desplaza el SARS-CoV-2 dentro de nuestras células.

Una vez infectan una de nuestras células, las partículas víricas necesitan moverse a través de estos microtúbulos para acceder al interior y replicarse. Y luego necesitan este andamiaje para salir de nuevo de la célula e infectar a otros. Por eso el grupo de Fernando Díaz, experto en fármacos inhibidores de la función de los microtúbulos, vio en ellos una diana para la lucha contra la Covid-19.

Pero es que además estas estructuras también intervienen en la hiperactivación del sistema inmunológico que desencadena la llamada ‘tormenta de citoquinas’ en los casos más graves de coronavirus, explica el investigador. Así que esos fármacos -cuya investigación está aún en fase preclínica- pueden ser doblemente útiles.

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