Alemania, un dolor de cabeza para España

«Grecia y el resto de las economí­as europeas en la sala de cuidados intensivos afrontan una amenaza que no pueden resolver mediante un recorte del gasto público o un alza de los impuestos: la pérdida de competitividad. Alemania hace más difí­cil que sus vecinos compitan para vender sus bienes y servicios tanto en el mercado interno como en el exterior, un factor que, a su vez, afecta su capacidad para reducir su endeudamiento.»

Es cierto que los salarios alemanes son elevados, ero una productividad aún más alta significa que es relativamente barato contratar empleados y producir bienes manufacturados de alta calidad en Alemania, incluso comparado con Grecia, Portugal o España, países que tradicionalmente han tenido costos menores. Al mantener un estricto control sobre los costos laborales, las exportaciones alemanas pueden competir en precio a pesar de la fortaleza del euro. Pero esto se produce a costa de la cuota de mercado de otros países de la zona euro, afirman los críticos. Mientras Alemania logró un excedente comercial de 136.000 millones de euros (US$185.000 millones) el año pasado, España, Grecia y Portugal registraron déficits considerables. (THE WALL STREET JOURNAL) LE MONDE.- China y Alemania son, evidentemente, muy diferentes la una de la otra. Sin embargo, pese a todas sus diferencias, estos países poseen características comunes: son los mayores exportadores de productos manufacturados, habiendo China sobrepasado recientemente a Alemania en este plano; ellos presentan excedentes masivos de ahorro en relación con la inversión; y registran enormes superávit por cuenta corriente. Alemania forma parte de una unión monetaria según parece irrevocable con algunos de sus principales clientes. Ella pretende hoy que reencuentren el camino de la prosperidad por la deflación en un mundo marcado por una demanda agregada crónicamente débil. ¡El Sr. Wen piensa lo mismo! Pero la economía de la que espera que actúe así es la economía norteamericana. ¡Puede seguir soñando! EEUU. The Wall Street Journal La competitiva economía alemana es la migraña de Grecia, España y Portugal Brian Blackstone Grecia y el resto de las economías europeas en la sala de cuidados intensivos afrontan una amenaza que no pueden resolver mediante un recorte del gasto público o un alza de los impuestos: la pérdida de competitividad. A los ojos de esos países, el villano es Alemania —la mayor economía de la zona euro—, que en los últimos años también se ha vuelto la más competitiva. Alemania hace más difícil que sus vecinos compitan para vender sus bienes y servicios tanto en el mercado interno como en el exterior, un factor que, a su vez, afecta su capacidad para reducir su endeudamiento. Es cierto que los salarios alemanes son elevados, pero una productividad aun más alta significa que es relativamente barato contratar empleados y producir bienes manufacturados de alta calidad en Alemania, incluso comparado con Grecia, Portugal o España, países que tradicionalmente han tenido costos menores. "La competitividad es el factor clave en todo este debate" sobre las finanzas fiscales, afirma Peter Jungen, presidente de la junta directiva de Peter Jungen Holding GmbH, una firma especializada en inversiones en nuevas compañías, y presidente del Centro sobre Capitalismo y Sociedad de la Universidad de Columbia. Christine Lagarde, la ministra de Finanzas de Francia, causó revuelo en Europa la semana pasada cuando cuestionó abiertamente el modelo exportador alemán y sugirió que el país evaluara políticas para fortalecer la demanda interna. "Es obvio que Alemania ha hecho un trabajo excelente en los últimos 10 años más o menos, mejorando la competitividad, poniendo mucha presión en sus costos laborales… No estoy segura de que sea un modelo sostenible a largo plazo y para todo el grupo de países", indicó Lagarde en una entrevista con el periódico Financial Times. Al mantener un estricto control sobre los costos laborales, las exportaciones alemanas pueden competir en precio a pesar de la fortaleza del euro. Pero esto se produce a costa de la cuota de mercado de otros países de la zona euro, afirman los críticos. Mientras Alemania logró un excedente comercial de 136.000 millones de euros (US$185.000 millones) el año pasado, España, Grecia y Portugal registraron déficits considerables. La reacción de Alemania no se hizo esperar. El ministro de Economía, Rainer Bruederle, calificó de "injustas" las críticas en circunstancias en que otros países habían "vivido por encima de sus medios y descuidado su competitividad". Hay tres maneras para que los países aumenten el atractivo internacional de sus productos: controlar el crecimiento de los costos laborales, mejorar la productividad y devaluar sus divisas. La última opción no está disponible para la zona euro al tener una moneda única que sigue estando, teniendo en cuenta varios indicadores, sobrevaluada. Y las dos primeras, si bien ayudan con el paso del tiempo, implican sacrificios económicos durante años. Alemania ya pasó por este proceso. Enfrentada al colapso de la burbuja tecnológica hace diez años y la competencia de los países de bajos costos de Europa del Este, las empresas alemanas recortaron el crecimiento salarial mientras el gobierno impuso estrictas políticas dirigidas a reducir el desempleo a largo plazo. La estrategia funcionó. Según la Comisión Europa, desde el lanzamiento del euro en 1999, los costos laborales por unidad de producción en Alemania han caído alrededor de 15%. Por el contrario, estos costos subieron 3,5% en Grecia, 10% en España y 13% en Irlanda y Portugal durante el mismo período. Esto no quiere decir que los trabajadores alemanes son baratos. Los salarios y prestaciones en el sector manufacturero están entre los más altos de Europa, a unos 34 euros (US$46) por hora, según el Instituto de Economía Alemana. Los de Grecia son la mitad y los de Portugal incluso inferiores. Pero estos países perdieron terreno porque la productividad en Alemania subió mucho más rápido que en la mayor parte de Europa del sur, es decir, las compañías alemanas pueden producir más por menos. "Hay que alinear los salarios con los aumentos de productividad", afirma Michael Hesse, economista jefe de Allianz SE. Los países europeos en apuros tienen que hacer mucho más que restringir los costos laborales, afirman los economistas. España debe encontrar nuevas fuentes de crecimiento para reemplazar la burbuja de bienes raíces que impulsó la economía —a la postre en forma insostenible— en los últimos diez años. Irlanda se las tendrá que arreglar con las menores contribuciones de las industrias inmobiliaria y financiera. Por su parte, Grecia tiene que recortar el número de puestos de trabajo y los salarios del sector público. Hasta que esto ocurra, el crecimiento será muy lento, como lo demuestran los altos niveles de desempleo en los tres países. Esto tiene un gran efecto en los presupuestos gubernamentales. Las reducciones de gastos y las alzas de impuestos, especialmente en Irlanda y Grecia, han recibido el apoyo de funcionarios europeos. El objetivo es reducir los déficit de dos dígitos como porcentaje del PIB a un nivel inferior a 3% del PIB en sólo tres años. Pero hay un problema: no servirán de mucho a menos que las economías crezcan, lo que aportaría más ingresos tributarios y reduciría la presión sobre el gasto social. THE WALL STREET JOURNAL. 22-3-2010 Francia. Le Monde Pekín, Berlín, el mismo combate Martin Wolff A principios de marzo, la “Chinalemania” ha hablado y el mundo ha escuchado. ¿Lo que ha dicho es coherente? No. ¿Ha dado muestras de suficiencia? Sí, de mucha suficiencia. ¿Lo que ha dicho es peligroso? Sí. ¿Podrían prevalecer puntos de vista más juiciosos? Lo dudo. China y Alemania son, evidentemente, muy diferentes la una de la otra. Sin embargo, pese a todas sus diferencias, estos países poseen características comunes: son los mayores exportadores de productos manufacturados, habiendo China sobrepasado recientemente a Alemania en este plano; ellos presentan excedentes masivos de ahorro en relación con la inversión; y registran enormes superávit por cuenta corriente: 291.000 millones de dólares (212.000 millones de euros) este año para China, y 185.000 millones de dólares para Alemania. Ambos estiman también que sus clientes deberían continuar comprando, pero dejando de pedir prestado de forma desaforada. En tanto que sus excedentes profundizan los déficit de otros países, esta posición es incoherente. Los países excedentarios deben financiar a los países deficitarios. Si el endeudamiento se vuelve demasiado pesado, los deudores se verán empujados a la cesación de pagos. En este caso, el tan alabado ahorro de los países excedentarios se revelará como una ilusión: la financiación de las importaciones por los préstamos a la exportación se transformará entonces en subvenciones abiertas a la exportación. Yo empiezo a preguntarme si la abierta economía mundial conseguirá remontar esta crisis. Las intervenciones, a principios del mes de marzo, del primer ministro chino, Wen Jiabao, y del ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble, sacan a la luz perfectamente estos peligros. El fondo de la argumentación del Sr. WSchäuble no concierne a la proposición de constitución de un fondo monetario europeo, el cual no podría, incluso si es creado y puesto en marcha, modificar la presiones engendradas por los enormes desequilibrios macroeconómicos en el seno de la zona euro. Las ideas centrales del ministro alemán consisten en combinar la ayuda de urgencia aportada a los países que registran unos déficit excesivos con severas sanciones, la suspensión del derecho de voto de los miembros con mal comportamiento en el Eurogrupo, y, en fin, permitir a un miembro abandonar la unión monetaria permaneciendo como miembro de la Unión Europea. De un solo golpe, la zona euro ya no aparece como intocable: Alemania lo ha decidido así. Este paso tendrá un efecto deflacionista; sobre todo, podría muy bien desembocar en una salida de Alemania de la zona euro. Si los países más débiles de la zona euro son obligados, como desea Alemania, a reducir fuertemente sus déficit presupuestarios, esto debilitará de forma segura la economía del conjunto de la zona. Y ello resultará en un deterioro presupuestario en Alemania y en Francia. Imaginemos entonces que Alemania decide vestirse con el cilicio del rigor. ¿Ello incitaría a Francia a hacer otro tanto? El déficit público de Francia alcanzará ya, este año, de acuerdo a las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cerca de un 9% del Producto Interior Bruto (PIB). ¿Imagina el Sr Schäuble que podrá poner una multa a Francia? Ciertamente no. No son sin embargo las finanzas públicas griegas las que amenazan la estabilidad de la zona euro. La amenaza proviene de las finanzas públicas de los grandes países. Desde el momento en que Alemania no puede obligar a estos países a comportarse mejor y que no tiene ninguna posibilidad de hacer excluir de la zona a un miembro del cual desaprueba la actitud, le será necesario abandonarla ella. Tal es la lógica de las ideas avanzadas por el Sr. Schäuble. Y esto, evidentemente, no se le debe escapar. Alemania forma parte de una unión monetaria según parece irrevocable con algunos de sus principales clientes. Ella pretende hoy que reencuentren el camino de la prosperidad por la deflación en un mundo marcado por una demanda agregada crónicamente débil. ¡El Sr. Wen piensa lo mismo! Pero la economía de la que espera que actúe así es la economía norteamericana. ¡Puede seguir soñando! En el discurso que ha pronunciado con ocasión de la clausura de la Asamblea popular nacional, el sr. Wen ha declarado: “Lo que yo no comprendo, es que se pueda dejar depreciar su propia moneda, incitando a las demás a apreciar la suya con el objetivo de aumentar las exportaciones. A mis ojos, esto se llama proteccionismo”. Subrayando también su inquietud por la seguridad de las inversiones chinas en dólares. Yo me pregunto que tiene en la cabeza el Sr. Wen diciendo esto, excepto pedir a Estados Unidos que no se entrometa en la política china de tasas de cambio. Si se juzga “proteccionista” el deseo americano de tener un dólar más débil, ¿cómo calificar entonces la testarudez de China en querer mantener cueste lo que cueste su moneda a nivel bajo? No hay nada de “proteccionista” en el hecho de pedir a un país que registra un enorme excedente por cuenta corriente, reducirlo en un período de débil demanda mundial. Si yo entiendo correctamente la posición expresada por China, ella querría que Estados Unidos recupere su competitividad a través de la deflación, procediendo a una contracción presupuestaria y monetaria y, sin duda, a una bajada de los precios interiores. Esto sería terrible para ellos. Pero lo sería también para China y el resto del mundo. Y no hay ninguna posibilidad de que se produzca. Pekín es seguramente consciente de ello. Detrás de todo esto se perfila una divergencia fundamental. Los países excedentarios insisten para que todo continúe como antes. Pero rechazan aceptar que su dependencia respecto a sus propios excedentes de exportación se vuelva contra ellos cuando sus clientes se encuentren cortos de dinero. Que es precisamente lo que está en trance de ocurrir. Durante este tiempo, lo países que, en el pasado, presentaron enormes déficit exteriores no pueden reducir los déficit presupuestarios masivos más que con un fuerte relanzamiento de sus exportaciones netas. Si los países excedentarios no son capaces de compensar esto por un aumento de la demanda agregada, el mundo se meterá en una batalla proteccionista: cada uno buscará desesperadamente endosar la oferta excedentaria a sus socios comerciales. Este fue también un aspecto importante de la catástrofe de los años 30. Es altamente improbable que los países excedentarios ganen esta batalla. Un hundimiento de la zona euro sería una muy mala cosa para la producción manufacturera alemana. Un recurso americano al proteccionismo sería muy malo para China. Los dioses hacen primero perder la razón a quienes quieren destruir. No es demasiado tarde para encontrar soluciones colectivas. Las dos partes deben buscar ajustes. Olvidemos la suficiencia de la lecciones de moral. Ensayemos más bien hacer prueba de sentido común. LE MONDE. 23-3-2010

Deja una respuesta