Sociedad

Ya se sabe… los españoles

Los beneficios aportados por la siesta se han convertido en la comidilla de los chascarrillos de sociedad, esas noticias que parecen irrelevantes, superficiales, pero que contribuyen a generar climas de opinión. Que para eso se generan y conciben. ¿Se quiere ensalzar ahora las bondades del ya conocido “estilo de vida mediterráneo”, o contribuir a engordar la imagen de “vagos” de los españoles?

A arte del valor que tenga el estudio concreto para la NASA o para la industria norteamericana, que lo tendrá, el problema es si se hilan en el tiempo los chascarrillos: se dice que en España hay que mejorar la productividad, lo dice la izquierda; la televisión sueca ridiculiza a los trabajadores españoles porque pierden el tiempo en el trabajo, tratando de contestar a los últimos estudios de la OCDE que nos sitúan en productividad por encima de países precisamente como Suecia; y a continuación se aconsejan 26 minutos de siesta, el más conocido “deporte español”. ¿Por qué somos realmente conocidos los españoles?, por la siesta ¡caray!. ¡Pues a cobrar menos y a trabajar más! Entre los beneficios de la siesta destaca la disminución de los riesgos cardiovasculares, la liberación de tensiones, el aumento de la capacidad de concentración y el refuerzo del estado de alerta. También los datos aportados por la Junta de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTBS, en sus siglas en inglés) han demostrado la mejora de la efectividad de los controladores aéreos. El estudio determina que un sueño de 26 minutos ayudaría a mejorar un 34% en el rendimiento de estos trabajadores y reforzaría su estado de alerta un 54%. Esto es así, claro. No lo dudamos. Pero entonces, ¿en qué quedamos?, ¿somos entonces los más productivos o no, gracias a la siesta?, ¿o es que los españoles no aplicamos la “modélica siesta” de 26 minutos y la extendemos durante la jornada laboral, incluso en una especie de perfecta siesta de ojos abiertos?. Los puntos sobre las íes Según un informe de la OCDE en España se trabaja un media de 276 minutos al día (4,6 horas, una media que se extrae de dividir la jornada laboral entre la población con edad de trabajar, entre 15 y 64 años), que unido al tiempo de limpieza o cocina, la jornada roza las ocho horas. Pero este dato es engañoso precisamente por el método empleado para el cálculo. Primero porque se calcula haciendo una media con los siete días de la semana, y segundo porque se incluye el segmento de población que abarca desde los 15 a los 65. Aún así los alemanes, en cambio, dedican de media 3,75 horas al trabajo pagado que, contando las labores del hogar, se elevan a 7,35 horas. Otros países como Holanda, Bélgica y, en último lugar, Dinamarca, quedan por debajo de la marca española. Calculando de otra manera los resultados, es decir, contando exclusivamente hasta el sábado a mediodía y separando la población por segmentos, posiblemente estemos hablando de una jornada de 10 horas de trabajo. Solo Austria, Portugal y Suecia superan a España, entre los países europeos, en tiempo dedicado. A nivel mundial Corea, Japón o China superan ampliamente a España. Una de las conclusiones que extrae el estudio es que la productividad no va relacionada directamente con las horas dedicadas, afirmando que los países que emplean menos horas son más productivos, y hay una parte de verdad en esta afirmación. Pero las conclusiones deben enmarcarse en la situación política. Porque la menor productividad es una de las razones utilizadas para justificar las ofensivas de recortes sobre nosotros. Según los datos de The Conference Boar, entidad de referencia para este tipo de estudios, la productividad del trabajador español fue en 2009, último año de referencia, de 73.358 dólares, no muy lejos de los 74.323 de Alemania o los 80.515 de Suecia y ligeramente por encima de los 73.339 de Dinamarca. España también supera a potencias como Japón (68.398 dólares) o Corea del Sur (60.616), aunque se queda muy lejos de Noruega (107.693) y Luxemburgo (119.451). Estados Unidos registra una productividad de 99.113 dólares por trabajador. El mismo estudio utiliza otra metodología de medición: la productividad por hora trabajada. Pero los resultados no varían mucho y siguen situando a España ligeramente por debajo de la media de los países industrializados: 44,35 dólares frente a los 53,46 de Alemania, 49,98 de Suecia y 47,96 de Dinamarca. Noruega (76,76 dólares) y Luxemburgo (74,50) siguen en cabeza. Estados Unidos sigue en la franja alta con 58,58 dólares por hora trabajada. Añadamos dos objeciones. La primera es que la productividad también puede calcularse por trabajador y no por hora trabajada, y es ahí donde el Eurostat sitúa a España, cogiendo como referencia el 100, en los 109,8 puntos y a Alemania en los 105,1. Diferencia que estriba en las horas trabajadas. Un trabajador español dedica una media de 41,9 horas, mientras que uno alemán dedica 41,7 o uno francés 41. En España cada trabajador dedica 1.653,8 horas al año, por encima de Alemania, con 1.389,7. En la parte más alta de esta tabla están Hungría (1.988,8) y Grecia (2.119,3). Y la segunda, a pesar de lo que suele considerarse, no son los horarios. El sistema español es criticado por utilizar en un 41% la jornada partida frente al horario medio europeo, en el que se empieza antes a trabajar, quedando la tarde libre para “conciliar la vida laboral y familiar. La segunda objeción tiene que ver con los salarios. En España la decila inferior de familias recibe una renta que es el 61% de la renta familiar promedio (uno de los porcentajes más bajos de la UE-15) mientras que la decila superior ingresa el 214% del nivel de renta familiar promedio, el porcentaje mayor de la UE-15 y de la OECD (después de EE.UU.). Y es que todos los cálculos de productividad se hacen en función de los salarios percibidos, y no en función de la plusvalía generada por el país sea cual sea su destino. Aquí está la trampa.

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