Berlí­n y Parí­s esgrimen sus armas contra España

Viviendo con lobos

Alemania y Francia han desempaquetado sus instrumentos de tortura, para garantizar que los paí­ses más débiles y dependientes -hoy Grecia, mañana España- devuelvan hasta el último céntimo de las deudas contraí­das con los bancos germanos y galos. La «fantasí­a europeista» ha sido destrozada por la realidad. Durante años nos han vendido nuestra pertenencia a la UE como una especie de panacea que habí­a permitido nuestra modernización. Ahora, el «proyecto europeo» muestra su verdadera cara, la de una gigantesco atraco al servicio del capital franco-alemán. Y los lazos de dependencia anudados a nuestra garganta durante dos décadas de estancia en la UE, son estirados desde Parí­s y Berlí­n para imponer draconianos recortes sociales.

Nos habían vendido que éramos la novena otencia mundial, y que en ese salto dado por España, la pertenencia a la UE, el club de países europeos más ricos, había sido la palanca principal de crecimiento.Pero la crisis se ha encargado de devolvernos bruscamente a la realidad, arrojados a una especia de segunda división continental junto a Grecia, Irlanda o Portugal.La enfermedad se ha mostrado ahora, pero el virus había sido inoculado mucho antes, a través de las draconianas condiciones y tributos impuestas a España por las principales potencias de la UE.Como tributo para entrar en la Comunidad Económica Europea, Alemania y Francia nos exigieron la destrucción de todos los sectores productivos que podrían competir con ellos.Con el objetivo de reducir la capacidad productiva del país a las necesidades de sus monopolios europeos, se llevó a cabo una reconversión salvaje en la industria, la reducción a la tercera parte de la flota pesquera, y la imposición de cuotas que limitaron el desarrollo de la agricultura y ganadería, incluso sectores, como el de la leche, donde somos un país donde hay más demanda que producción propia.Sectores estratégicos -donde existía una industria nacional- como el automóvil, se desmantelaron por completo y las mejores empresas pasaron directamente a las multinacionales alemanas y francesas sobre todo, como SEAT, Pegaso, Ebro, Santana… El mecanismo para imponer el control de la economía nacional fueron los fondos de cohesión, subvencionado la destrucción del tejido productivo.Por cada euro entregado por Bruselas a España en forma de fondos de cohesión, las multinacionales alemanas y francesas se han llevado 4,5 de nuestro país.Las imposiciones de Bruselas redujeron la economía española a los sectores más intensivos y de menor valor añadido. El resto, los que mayor beneficio generan, y que ya no producían las empresas españolas, debíamos comprarlo a los grandes monopolios europeos.Generándose un déficit comercial con los países centrales de la UE cada vez más abultado. En los 17 años posteriores a nuestra entrada en la UE, nuestro déficit comercial con los 15 países de la UE se incrementó en 206.000 millones de euros. Un 34% del PIB español. Y la mitad de ese saldo negativo se lo llevaron los monopolios germanos y galos.El presidente galo, François Mitterrand, llegó a exclamar ante los empresarios franceses. “¡España está en venta, cómprenla!”. Y no era una exageración. El marco de la UE permitió al capital franco-alemán una penetración sin precedentes en la economía española.Las empresas francesas y alemanas mantienen el 23’5 % de la cuota de mercado y controlan el 10 % del Producto Interior Bruto español.“Gracias” a nuestra entrada en la UE, España quedó reducida a una relación casi semi-colonial con respecto a los grandes centros de poder europeos.Producimos lo que ellos deciden. Luego les vendemos casi en exclusiva a ellos, en una relación cautiva donde el 75% de las exportaciones españolas se dirigen sólo a cinco países de la UE.La implantación del euro multiplicó todavía más esas redes de dependencia. No sólo perdimos valiosos instrumentos de soberanía económica, como la moneda o la capacidad para establecer el precio del dinero, que ahora decide el Banco Central Europeo, controlado por Berlín y París.Bajo el paraguas de la zona euro y los bajos tipos de interés, los bancos alemanes y franceses se convirtieron en los principales deudores de España. Casi la mitad de la deuda privada con el exterior de los bancos y empresas españolas está en manos de Berlín y París.Un gigantesco negocio que les permite apoderarse, vía intereses de la deuda, de hasta un 25% de la ganancia capitalista producida en España.Han cegado la posibilidad de construir una economía independiente, nos han reducido a un país de servicios y ladrillo, sin posibilidad de competir en los sectores más cualitativos, y nos han hecho depender de la financiación exterior, por la que nos cobran usureros intereses.Este es el saldo para España de 24 años de pertenencia a la UE. Ahora, Berlín y París utilizan las redes de intervención y dependencia tejidas durante estos años para imponernos un draconiano plan de recortes sociales, buscando sacar de reducir nuestro salario la garantía de devolución del dinero prestado por los bancos alemanes y franceses.Cuestionar esta onerosa dependencia impuesta por las grandes potencias europeas es el primer paso para encontrar una salida a la crisis que se corresponda con los intereses nacionales y populares.

Deja una respuesta