Cine

Vampyr

Dreyer, cineasta sueco de referencia mundial por la plasticidad de sus obras, será recordado fundamentalmente por dos pelí­culas: «Ordet (La palabra)» y «La pasión de Juana de Arco». Sin embargo, en un momento en el que tanto los vampiros como la cultura escandinava (especialmente gracias a la saga «Millenium») vuelven a ponerse de moda, su cine vuelve a nosotros recordándonos otra de sus obras más bellas, que reúne ambos paradigmas. Una década más joven que el «Nosferatu» (1922) de Murnau, que estableció la imagen popular del vampiro en el cine casi como lo conocemos hoy, el «Vampyr» de Carl Th. Dreyer (1932) es más poético que terrorí­fico. Rodada simultáneamente en tres idiomas, francés, alemán e inglés, es un clásico del terror que ha crecido con el tiempo.

El negativo de la elícula tiene una historia tan enigmatica como la que pretendía contarnos. Rodada en 1930, su estreno no llegó a producirse hasta dos años después, sin cosechar demasiado éxito, quizá condicionada por el de la mencionada “Nosferatu” o por “M, El vampiro de Dusseldorf” de Fritz Lang, en una época en la que el terror romántico y poético era uno de los recursos más brillantes del expresionismo que recorría Europa. Aunque los negativos originales de la película se perdieron, las copias de las versiones en alemán y francés se usaron en 1998 para devolver a la película a la vida, a pesar de su mal estado, y ahora el máster digital nos la devuelve en unas condiciones más que óptimas.Basada en Carmilla, relato de Sheridan Le Fanu -que influyó a su vez a Bram Stoker para escribir su inmortal Drácula-, fue la primera película sonora de Dreyer. El realizador danésjugó con efectos visuales y sonoros para crear en la pantalla un sueño desvelado y demostrar que el terror no es parte de las cosas que nos rodean, sino que forma parte de nuestro propio subconsciente. Obviamente los “efectos especiales” a los que el cineasta recurrió tenían más de ingenio y profesionalidad que de otra cosa. Un brillante control del contraste lumínico creaba formas espectrales realmente inquietantes, a lo que se sumaba una asombrosa colección de sonidos espeluznantes.Los actores aparecían sin maquillar, la iluminación era el propio maquillaje que resaltaba las arrugas y la naturalidad de sus expresiones, claramente influenciadas todavía por el cine mudo. Su vampiro no es precisamente un ser estilizado, si no una criatura sin sexo ni edad identificable, que representa de forma onírica y espectral el terror que nos acecha desde el interior.La “lentitud” en la narración que sus detractores le achacan, se convierte en este film en un brillante recurso estilístico: Planos más largos de lo normal, que como en todo su cine se nos antojan como estampas pictóricas, y diálogos que, como en el teatro, parecen esperar suspendidos en el aire a que el espectador los asimile.Además de la película, que brilla con luz propia, esta nueva edición nos ofrece también un nutritivo acopio de “extras”, entre los que destacan dos documentales sobre su vida y obra, cargados de testimonios y opiniones tan valiosas como las de Henri Langlois, Jean Luc Godard y François Truffaut, así como un libreto de 100 páginas con textos nada desdeñables. Siempre podrán descargarla en Internet, pero ediciones como esta son las que realmente nos quitan de la cabeza la temida “piratería” y nos empujan a colocar la dichosa cajita en un lugar bien visible en nuestro salón.

Deja una respuesta