Karzai escoge a un señor de la guerra como vicepresidente.

Uno de los suyos

El candidato de Washington a renovar la presidencia de Afganistán en las decisivas elecciones de agosto, Hamid Karzai, ha elegido como número dos de sus listas a un conocido señor de la guerra, Qasim Fahim, denunciado por la ONU y las organizaciones humanitarias por sus violaciones contra los derechos humanos o sus ví­nculos con el tráfico de armas, drogas o el negocio de los secuestros en Kabul.

Los resonsables de la misión de la ONU en Afganistán se mostraban desolados ante la elección de Fahim como vicepresidente de Karzai. “Ha sido uno de los señores de la guerra más conocidos en el paí­s y tiene un importante historial de violaciones de derechos humanos”, decí­a Kai Eide, jefe de la misión de Naciones Unidas en el paí­s. Es “un tremendo paso hacia atrás para Afganistán; lleva en sus manos la sangre de muchos afganos”, ha declarado Brad Adams, director en Asia de la ONG Human Rights Watch, una organización vinculada a Washington. No es la primera vez que Fahim está en el gobierno. Fue uno de los lí­deres de la Alianza del Norte, las fuerzas afganas que -una vez descabezada la oposición antihegemonista en su seno- derrotaron a los talibanes junto a las tropas estadounidenses en 2001, allanando el camino para el ascenso de Karzai, desde entonces un tí­tere -más o menos dí­scolo, y con cierta cuota de autonomí­a- de Washington. Después de la toma de poder de Karzai en 2001 Fahim sirvió como ministro de Defensa y vicepresidente, hasta que fue dimitido en 2004, pasando a la oposición.Su enorme poder -sobretodo entre la etnia tajika, la segunda más numerosa del paí­s- en un paí­s donde la corrupción es algo consustancial, le ha permitido seguir lucrándose de todo tipo de actividades ilí­citas, lo que despierta la indignación de las organizaciones humanitarias en un paí­s invadido, vejado e intervenido en nombre de la lucha contra el terrorismo y por la “Libertad Duradera”.Hay quien afirma que, a pesar de que Obama haya suavizado sus crí­ticas a Karzai por su permisividad hacia la corrupción, el nombramiento podrí­a afectar a las relaciones con Washington, en ví­speras del viaje que el presidente afgano va a hacer a la Casa Blanca. Sin embargo, la superpotencia tiene asuntos mucho más sustanciales de los que preocuparse en Afganistán o en Pakistán que la presencia de un cacique mafioso y corrupto en el gobierno de Kabul. Si su presencia en el gobierno contribuye a hacer frente a los insurgentes, que ganan terreno dí­a a dí­a, Washington dará su apoyo tácito. A fin de cuentas, EEUU tiene por costumbre apoyarse en gente de semejante calaña para asentar su dominio y expolio sobre los paí­ses de su órbita. ¿Qué se esperaban?. Es uno de los suyos

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