La última universidad pública se inauguró en 1998 (la Universidad Politécnica de Cartagena). Desde esa fecha han abierto 27 universidades privadas.
La educación superior ya pasó a ser un gran negocio con la reforma de los estudios universitarios, que concluyen en los máster con precios de miles de euros por un curso. Ahora se expande a todos los niveles.
Está bien que exista una oferta privada que compita con la pública pero debe garantizarse igualdad de acceso, con una enseñanza gratuita.
El Gobierno ha aprobado nuevas medidas y leyes para endurecer los requisitos de creación de universidades y frenar una «privatización sin calidad»; pero no basta.
En 2025 las universidades privadas sumaron más estudiantes de máster que las públicas. En 2026 por primera vez, en España habrá más campus privados que públicos.
Hay tres tipos de propietarios de universidades (con datos de 2024): la Iglesia (15 campus) , fondos de inversión (6), y otros 20 pertenecen a empresas (grandes grupos o particulares).
La apertura de tantas universidades privadas se explica porque es un negocio rentable, al que se le «empujan los clientes» porque miles de estudiantes se quedan sin plaza en la pública debido a que:
– La universidad pública está infrafinanciada. Los ingresos que las universidades públicas reciben de las administraciones cayeron 14 puntos porcentuales en términos reales desde el año 2009.
– Se restringe exageradamente el acceso con números clausus: un límite de entrada por notas muy altas, que en algunas facultades llegan al 10 de exigencia. Y esto cuando muchas facultades están muy por debajo de las posiblilidades reales de uso de las aulas. Los campus estatales ofrecen hoy 3.000 plazas menos que hace una década.
Esto explica porqué mientras el número de alumnos en universidades públicas se ha mantenido casi estable en la última década, los alumnos en la privada se han casi duplicado pasando de 120.000 a 220.000. Y si a esto se une que la demanda de estudios universitarios está disparada, surge uan gran oportunidad para que se aprovechen los inversores: el precio de los estudios privados ha subido un 60% en los últimos cinco años. Empezando a verse que estudiantes se endeuden para financiarse un máster o un Grado.
Así en el sector la facturación ha pasado de 2.255 millones en 2017 a 3.700 millones en 2023. O donde el Fondo de inversión anglosajón CVC acaba de ganar 1.000 millones con la venta de la universidad Alfonso X.
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Madrid, negocio camuflado en lucha ideológica

Fondos de inversión extranjeros, grandes grupos privados, la Iglesia o grupos como el Opus y diversas fundaciones. Estos son los promotores del boom de las universidades privadas
En los últimos 10 años, en Madrid, en nombre de la pluralidad, se han inaugurado cinco nuevas universidades privadas, y ya son trece. El alumnado privado ha pasado de unos 45.000 alumnos a 80.000. Mientras el alumnado público ha permanecido relativamente estable (incluso en los últimos tres años la tendencia es decreciente).
En toda España aumentan los alumnos en universidades privadas. En los máster se ha pasado de unos 30.000 alumnos en universidades privadas a casi 120.000.
Ahora bien, destaca el gobierno Regional de Ayuso en su extrema guerra contra la enseñanza pública.
Si la infrafinanciación de la Universidad es un problema general en España, el PP en Madrid axfisia intencionadamente a la Universidad Pública para degradarla, impedir que aumente su oferta y favorecer el negocio privado.
En la última década los ingresos del SUPCAM (universidades públicas de Madrid) han crecido sólo un 10% (menos que el PIB); pero los de la privada (SUPPE) lo han hecho un 20%.
La financiación autonómica por estudiante, era en 2008 prácticamente idéntica para la pública y la privada, pero en 2023 ya era un 22,5% inferior en la pública.
A pesar de que el PIB de la Comunidad de Madrid ha crecido un 46% en diez años, lo destinado a las universidades públicas se ha reducido del 0,90% al 0,68%: un retroceso del 25% en términos reales.
La Privada crece como negocio por la limitada oferta Pública.
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Calidad formal
El Gobierno aprobó un decreto que introduce filtros de calidad más estrictos para los proyectos de nuevas universidades, tanto públicas como privadas. Será obligado un informe favorable emitido por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación o por las agencias autonómicas equivalentes.
Hasta ahora solo era orientativo. De hecho, cuatro proyectos de nuevas universidades privadas recibieron informes técnicos desfavorables del Ministerio y pesar de eso fueron aprobados por sus respectivas comunidades autónomas usando sus competencias. Esto no se podrá repetir.
También se fija un mínimo de 4.500 estudiantes para la creación de una universidad. Una cantidad que asegure plantillas estables de profesores, investigación… (contra la provisionalidad o precariedad que generan algunas universidades privadas). Se han establecido plazos que permitan a todas las universidades alcanzar los criterios. Quedan fijados unos mínimos de títulos exigidos (10 de grado, 6 de máster y 3 de doctorado), y se asegura la solvencia económica, la capacidad de investigación y que ofrezcan equipamientos como bibliotecas, laboratorios, aulas prácticas e instalaciones deportivas. También deben comprometerse las universidades a ofertar el alojamiento para al menos un 10% del alumnado, que permita estudiar a quienes no pueden desplazarse diariamente (por la distancia) de casa a la facultad.
Se podrán crear nuevas universidades, pero garantizando su calidad, al menos en lo formal.
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Al servicio de quién
Bienvenida esa exigencia de calidad pero para elevar de verdad el nivel de la Universidad española son imprescindibles otro tipo de reformas. Y ahí la clave es responder: ¿Al servicio de quién debe estar la Universidad?

En las facultades se forman gran parte de los «cuadros» del País: los científicos investigadores, los especialistas en una rama, los nuevos profesores, y las cabezas para la organización de la producción y la dirección del Estado.
Y esto debe estar sometido a qué proyecto de futuro tenemos para el conjunto del país. Si nuestro destino es depender como primer ingreso del Turismo y como segundo de las cadenas de montaje de automóviles, entonces no hace falta producir científicos… Si no vamos a exportar una visión de nuestra historia y nuestro arte entonces podemos cargarnos la formación humanística. Si vamos a aceptar el control de la economía por los inversores extranjeros entonces nos basta con generarles técnicos intermedios y mano de obra barata…
El problema es al servicio de quién se orienta la universidad.
Por contra si se trata de crear riqueza, y redistribuirla elevando el nivel de vida general, reduciendo lo que nos hace dependientes, y siendo capaces de hacer contribuciones a la humanidad entonces hace falta otra reforma. No basta con Universidades de «calidad formal». Para otro proyecto urge elevar la oferta de la Pública y su financiación para disponer de una Universidad científica, democrática en su gestión, y al servicio del país y de la humanidad en la orientación de sus estudios. Frente a producir sólo titulados a demanda de los monopolios, o para un país resignado a no desarrollar su investigación y su industria, necesitamos una universidad Nacional, con una oferta de titulaciones pensada desde nuestros intereses.

