La Revolución Cultural

Una revolución dentro de la revolución

Diecisiete años después de la toma del poder en 1949, China es sacudida por un nuevo terremoto revolucionario, conocido como la Revolución Cultural, que da lugar, durante diez años, a luchas enconadas.

La visión que hoy se da sobre la Revolución Cultural es la de un tenebroso periodo, dominado por el fanatismo, el caos y el terror.

¿Por qué es tan atacada? ¿Qué sucedió realmente en China durante la Revolución Cultural? ¿Qué importancia tiene para los revolucionarios del siglo XXI?

Una conversación entre Zhou Enlai -histórico dirigentes del PCCH- y un diplomático norteamericano nos permite comprender lo que significó la  Revolución Cultural.

Ensalzando el mito del “sueño americano”, el representante estadounidense afirmó: “en mi país un botones puede llegar a ser presidente del país”. Zhou Enlai le contestó: “pues en mi país un presidente del gobierno puede llegar a ser botones”.

La Revolución Cultural fue un gigantesco movimiento de masas que criticó y repudió a una parte importante de las máximas autoridades del país. Más de la mitad de los ministros y altos cargos del Estado fueron defenestrados por la población, y una buena parte pasó a trabajar como obrero o campesino. Un movimiento impensable en cualquier país capitalista. ¿Por qué se impulsó? ¿Qué objetivos perseguía? 

Nuevos y desconocidos monstruos

A partir de 1956, utilizando la denuncia a los errores y crímenes de Stalin, una nueva camarilla toma el poder. Es lo que se conocerá como la “nomenklatura”. No son la “vieja burguesía”, sino altos cargos gestados en el seno del partido y el Estado proletarios. Bajo su dominio la Dictadura del Proletariado se convierte en la dictadura de una burguesía burocrática que se disfraza bajo la bandera del socialismo.

El nuevo secretario general del PCUS, Nikita Kruschev propugna la “coexistencia” y no el combate con el imperialismo, y niega la revolución sustituyéndola por una ilusoria “transición pacífica al socialismo”. Su sucesor, Leonidas Breznev, mostrará la verdadera cara de esta política. Los tanques soviéticos invaden y ocupan Checoslovaquia en 1968. Y se impulsa una frenética carrera para disputarle la hegemonía mundial a EEUU

La revolución se enfrenta a un nuevo y gigantesco problema: la patria de Lenin se ha convertido en un monstruo socialfascista y socialimperialista, socialista de nombre pero fascista e imperialista en los hechos.

La toma del poder no es ninguna garantía, y el socialismo puede transformarse en capitalismo.

A este gigantesco reto da respuesta la Revolución Cultural.

Dos líneas en China

Esta no es una contradicción “particular” de la URSS, sino que afecta a todos los países socialistas, y también sacude a China.

El Gran Salto Adelante se impulsa en 1959 como una gigantesca movilización para industrializar China partiendo de las propias fuerzas, sin ayuda soviética. Y, frente al “gobierno de los expertos”, pretende dar un nuevo salto en la capacidad de decisión de las masas, a través de las comunas populares.

Pero los errores de idealismo, proponiendo objetivos inalcanzables, y la mala gestión, agravado por los efectos de varios desastres naturales, colapsan la producción, provocando incluso episodios de hambrunas en el campo.

El fracaso del Gran Salto Adelante aparta a Mao, su principal valedor, de los puestos de responsabilidad ejecutiva en el Estado. Liu Shao-qui pasa a ser presidente de China, y Deng Xiaoping secretario general del PCCH.

Entre Mao y Liu o Deng hay divergencias decisivas en puntos sustanciales.

Mao afirma que “no hay que olvidarse nunca de la lucha de clases”, planteando la necesidad de transformaciones sociales, y no solo económicas, para prevenir el peligro de restauración del capitalismo. Por el contrario, Liu considera que en China “la cuestión de quien vencerá a quién, si el socialismo o el capitalismo, ya está resuelta”, y, puesto que “ha terminado la lucha de clases” todo se concentra en “adecuar las atrasadas  fuerzas productivas a las nuevas relaciones de producción”.

Esto se traduce en dos programas prácticos antagónicos. Frente a las comunas populares, Liu propone abandonar las formas colectivas de producción en el campo para impulsar “las cuatro libertades”: libertad de usura, de contratación de mano de obra, de compra y venta de tierras y de funcionamiento de las empresas privadas. Y, contra la línea representada por Mao, que impulsa la participación directa de la clase obrera en la gestión en las fábricas, Liu propugna que sean “los técnicos y expertos” quienes decidan.

El episodio clave sucede cuando el ministro de Defensa, Peng Dehuai, héroe de la Guerra de Corea y que apoyaba las posiciones de Liu y Deng, arremete contra el Ejército de Liberación Popular, sostén y garantía del socialismo. Propone profesionalizarlo, eliminar “interferencias políticas”, introducir la diferenciación en grados, uniformes y remuneraciones, distanciando a la élite del conjunto… Y se hace cogiendo como referencia la eficacia del ejército soviético.

Peng es destituido de su cargo, pero sus intenciones son la prueba de hasta donde había avanzado una línea cuyo programa era la restauración del capitalismo en China.

La Revolución Cultural se pone en marcha

Los ataques contra Mao se suceden ,especialmente desde Pekín, cuyo alcalde, Peng Zhen, es seguidor de la línea de Liu y Deng. Se llega a difundir que “la mala salud de Mao le impide gobernar China”. Mao contesta participando en una travesía a nado, junto a cientos de jóvenes, en el río Yang Tse.

No es una disputa entre “camarillas” que solo luchan por el poder. Es una batalla de lucha de clases entre una “vía socialista”, que busca profundizar la revolución, y una “vía capitalista”, que ataca los fustes del socialismo. Y que se da con especial virulencia en las esferas del Estado y el partido proletario.

Una obra de teatro es la chispa que hace estallar la Revolución Cultural. “Hai Rui cesado de su cargo”, escrita por el vicealcalde de Pekín, utiliza el caso de un funcionario honrado destituido por un emperador de la dinastía Ming para atacar a Mao -el emperador despótico- y defender a Peng Dehuai -el funcionario injustamente apartado-.

Su crítica abre una campaña de denuncia de las posiciones derechistas difundidas en la cultura, de crítica a teóricos del partido que difunden posiciones reformistas disfrazadas de marxismo.

Cuando en septiembre de 1965 el Comité Central del PCCH se reúne en Shanghai, se encuentra con un enorme dazibao escrito por Mao cuyo texto es contundente: “Bombardead el Comité Central porque se ha convertido en el cuartel general de la reacción”.

Los representantes de la línea revolucionaria son minoría en los órganos de dirección del partido y el Estado. Y van a llamar a la participación de las masas. Los estudiantes revolucionarios en las universidades publicarán grandes carteles -dazibaos- de crítica a las autoridades académicas, a su gestión y al contenido de los estudios impartidos. Buena parte de esas autoridades son destituidas por comités revolucionarios.

La amplísima movilización popular permite a la línea revolucionaria ganar terreno.

En mayo de 1966, una resolución del Politburó señala que “los  representantes de la burguesía que se han colado en el Partido, el gobierno, el ejército y varias esferas de la cultura son un grupo de revisionistas contrarrevolucionarios. Una vez que las condiciones estén maduras, tomarán el poder político y convertirán la dictadura del proletariado en una dictadura de la burguesía”.

Y pocos meses después, en agosto de 1966, en una sesión del Comité Central que dura 12 días, las posiciones revolucionarias son ya mayoría, y aprueban una declaración, conocida como “los 16 puntos”, que marca la línea de la Revolución Cultural.

Señalando que “la  gran Revolución Cultural proletaria que se desenvuelve actualmente, una gran revolución que llega al alma misma de la gente, representa una nueva etapa, aún más profunda y más amplia, en el desarrollo de la revolución socialista de nuestro país”. Y estableciendo que la batalla principal se dirige contra “ los que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino capitalista”.

Un terremoto revolucionario

A partir de ese momento, la Revolución Cultural se extiende por todo el territorio chino.

Para eludir el control de la oficial “Liga de Juventudes”, controlada por los seguidores de las posiciones de Liu Shao-qui, se crean los Guardias Rojos, formados por millones de jóvenes que recorren todo el país difundiendo la línea de la Revolución Cultural.

Todas las autoridades son criticadas por las masas populares, que disponen de una ilimitada libertad para expresar sus ideas. Más de la mitad de las autoridades son destituidas, empezando por la cúpula del Estado, Liu Shao-qui, el presidente del país. Deng Xiaoping, máximo dirigente del PCCH debe pasar varios años trabajando como obrero en una fábrica de motores de Jiangxi. A ellos les siguen multitud de autoridades, dirigentes del partido…

Las masas populares chinas toman en sus manos los asuntos del Estado, adquiriendo un poder real como nunca antes había sucedido.

Los Comités Revolucionarios de la Revolución Cultural, elegidos por sufragio universal y cuyos cargos son permanentemente revocables por las masas, al modo de la Comuna de París, se convierten en los auténticos órganos de poder en multitud de provincias y localidades.

En las fábricas se imponen comités revolucionarios donde los obreros participan directamente en la toma de decisiones sobre la producción o condiciones de trabajo, al mismo nivel que los técnicos o los cuadros del partido.

En el campo se desarrollan los “comités revolucionarios rurales tripartitos”, compuestos, en pie de igualdad, por campesinos pobres, cuadros del partido y soldados o miembros de las milicias locales, amplían el poder de los campesinos.

Nuevas experiencias se desarrollan, como los “médicos descalzos”, que extienden la cobertura sanitaria en las zonas rurales, desde la concepción de una sanidad al servicio del pueblo.

Se cometieron errores y excesos. Personificados en la llamada “Banda de los Cuatro”, integrada por la mujer de Mao, Jiang Quing y tres de sus colaboradores. Impulsores de una línea ultraizquierdista opuesta a los principios de la Revolución Cultural: atacando injustamente como “enemigos del partido” a cuadros y autoridades que solo habían cometido errores menores, utilizando la violencia antes que la persuasión y el debate, y poniendo en contra la revolución con el desarrollo económico, bajo la falsa consigna de que “cuanto más suba el satélite más baja la bandera roja”.

Pero el significado histórico de la Revolución Cultural está muy por encima de ellos. Frente a la degeneración de la URSS señaló  un camino revolucionario, dando las herramientas para combatir el peligro de restauración del capitalismo una vez tomado el poder.

En 1972, el historiador revolucionario francés Jean Daubier escribía la “Historia de la Revolución Cultural”. En su prólogo afirmaba que “la Revolución Cultural constituye un reto general a la concepción burguesa de la vida (…) Nos muestra que el resurgimiento del poder burgués en la URSS no es una fatalidad para los demás países socialistas (…) Aporta una contribución capital a la transformación del mundo moderno, pero suscita por lo mismo una oposición vigorosa. De hecho, dejando de lado la Revolución de Octubre, ningún acontecimiento histórico ha sido tan denigrado”.

Estas palabras siguen teniendo hoy la misma vigencia.

3 comentarios sobre “Una revolución dentro de la revolución”

  • Coj…el artículo,muy aclaratorio,un gran resúmen.Yo que pensaba que la Revolución Cultural era liarse a tiros contra el Gobierno degenerado,me ha aclarado todo en un sencillito artículo,de cómo se moviliza a las masas populares,etc.Lo que saco de una tesis fuerte es esto:»contra la línea representada por Mao, que impulsa la participación directa de la clase obrera en la gestión en las fábricas, Liu propugna que sean “los técnicos y expertos” quienes decidan.» que es el principal error de Stalin.Stalin era revolucionario,pero «economicista»,en nombre de la economía pone a técnicos,como Liu,inamovibles,que son los que con Kruschev toman el poder(y las fábricas).Me ha encantado el artículo y desde aquí hago un llamamiento a todo el mundo que dé su opinión,porque «eldiario.es» tiene 192 comentarios por artículo en tan sólo 5 años de historia.A ver los Recortes Cero «men»,los de UCE,comuneros..qué opinan

    • Un joven rojo y feminista dice:

      Recortes Cero no es UCE eso para empezar y diferenciar. En Recortes Cero hay más organizaciones y una de ellas es UCE.

      Ahora bien creo que pone de manifiesto como era la revolución cultural frente a los ataques de la revolución cultural como el intento de Mao o de otros sectores del PCCH de intentar tomar el poder. Como una pelea interna a lo PODEMOS con Errejon, más o menos así pero más heavy.

      Siempre es lucha de clases.

      • Si,tienes razón en que RR0 no es UCE,gracias a Dios,pero a mí me gustaría saber qué piensan los Verdes,por ejemplo.En cuanto a lucha por el poder,Mao se quedó en segundo plano,no queriendo ser Presidente,dejando a las masas en primer plano.No era lucha por el poder,sino por el socialismo,teniendo en cuenta la experiencia soviética.La Revolución no acaba con la toma del Poder,lleva mucho tiempo y hay zigzagueos,retrocesos,fallos,etc.Como le preguntaba un periodista norteamericano a Mao:»¿cuándo veremos el comunismo(o sea la sociedad sin clases ni Estado,ni nada)?» y dice Mao:»dentro de mil millones de años».Hay que tener paciencia.Para ello un problema clave es la «superabundancia» con la industria moderna,como el oxígeno o el agua de mar,que es propiedad común

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