Prosigue la ofensiva norteamericana en Afganistán

¿Una ofensiva post-imperial?

La `Operación Khanjar,´ como se ha bautizado a la ofensiva lanzada por el ejército norteamericano sobre la provincia de Helmand, al sur de Afganistán representa la primera prueba de fuego para la nueva estrategia de Barack Obama en Afganistán. El Pentágono ha lanzado una gran cantidad de medios y hombres -la mayor de los últimos años- para conquistar una región del paí­s que hasta el momento habí­a resistido las embestidas de la OTAN. La ofensiva, que al principio avanzaba rápida al encontrar débiles focos de resistencia, se endurece ahora al adentrarse más al sur. A diferencia de los ataques anteriores, el pentágono dice haber renunciado al uso de artillerí­a y aviación para destruir las posiciones de la insurgencia.

Los combates más cruentos se viven ahora en los alrededores de la ciudad de Gamsir, al sur de Helmand, donde los talibanes se atrincheran formando imortantes focos de resistencia. Al mismo tiempo el mando de la OTAN intenta que las fuerzas talibá no puedan escapar a la ofensiva y se muevan rápidamente a otras regiones con menor concentración de tropas occidentales, y a tal efecto el ejército británico ha tomado el control de varios puentes para dificultar la capacidad de movimiento de los insurgentes. Los combates se complican, ya que el mando de la OTAN ha rehusado utilizar artillería pesada y aviación para machacar las posiciones enemigas antes del ataque de la infantería. “Para evitar al máximo las bajas civiles”, dice un portavoz militar. ¿La máquina bélica más poderosa del mundo preocupada por las `víctimas colaterales´? ¿Tanto ha cambiado el US Army con el presidente `post-imperial´?Ciertamente EEUU ha cambiado de táctica, no de naturaleza ni de objetivos. El ejército norteamericano está aplicando en Afganistán una doctrina totalmente distinta, diseñada por su nuevo responsable en la zona, el general Stanley McChrystal, que ya la puso en práctica con buenos resultados en Irak a las órdenes del general Petraeus. Tal nueva doctrina consiste en “ganarse” el apoyo de la población, o al menos de una parte de ella. Tal es la lección que han aprendido de Afganistán y de Irak: un rápido y fulminante éxito militar no sirve de nada si luego las fuerzas insurgentes enemigas son capaces de ganarse el apoyo de la población –no por méritos propios sino por los atropellos y vejaciones de las tropas ocupantes-. Esto es a grandes rasgos lo que ha ocurrido en Afganistán. Sería un disparate considerar que el apoyo de amplias capas de la población a los talibanes se debe a la afinidad política o religiosa con el régimen feudal, reaccionario y ultraopresivo del dictado de la sharia. Es más adecuado preguntarse por las acciones de las tropas de la Alianza. Al sur de la zona de Helmand, donde la población no ha visto aún a un occidental en su vida, la única referencia que conocen de la OTAN son pájaros de hierro atronador que lanzan fuego y muerte –a veces sobre los combatientes, otras sobre las viviendas o sobre las bodas-.El objetivo del ejército norteamericano no es sólo destruir a los focos talibán, sino asentarse en la zona, crear puestos avanzados en las poblaciones, ganarse su apoyo. Por eso no entran a bombazo limpio en los territorios talibán. Es una necesidad del guión de McChrystal, no ninguna consideración humanitaria. Pero Afganistán –país paupérrimo, atrasado y bárbaro, y pieza central del tablero eurasiático- tiene una característica única: es la única nación del planeta que ha resistido y expulsado la invasión y ocupación de las potencias más poderosas y agresivas del mundo por dos veces. Primero, a finales del XIX al Imperio Británico de su Graciosa Majestad en la cúspide de su poder colonial, y segundo, a la superpotencia soviética en los 80, lanzada a la ofensiva y en la cima de su inmenso poder militar. McChrystal –al parecer un brillante estratega- debería recordar que esas cosas no sólo forjan a una nación, sino que le dan carácter.

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