El terremoto polí­tico del 24M

Un viento tan popular como patriótico

Vivimos bajo los efectos del terremoto polí­tico que supuso el 24-M. Protagonizado por una marea de más de nueve millones de votos de rechazo a los recortes y al dominio del bipartidismo. Integrada por ciudadanos de un diverso y plural abanico de sensibilidades y opciones: desde Ciudadanos a Compromí­s, desde Podemos al BNG, desde IU a UPyD…

Sus consecuencias ya están empezando a hacerse notar. El PP va a perder buena parte de su poder territorial (Valencia, Madrid, Aragón…). El PSOE ha perdido más de 600.000 votos, quedando relegado a una posición subalterna en muchas capitales.

Al nuevo golpe al bipartidismo se une la victoria en siete grandes capitales (Madrid y Barcelona, pero también Zaragoza, Oviedo, Cádiz, Santiago y A Coruña) de candidaturas de unidad e independientes.

Esta es una situación excelente para la defensa de los intereses populares.

Y lo es independientemente del resultado de los pactos postelectorales, al margen de las diferencias con la línea de las fuerzas que han capitalizado esta marea de votos, y mucho más allá del espectacular crecimiento de partidos como Ciudadanos o Podemos. “El avance del viento popular y patriótico sienta unas “líneas rojas” que dificultan la ejecución del proyecto de intervención y saqueo sobre el 90%”

Lo verdaderamente importante es que sopla cada vez con más fuerza un viento tan popular como patriótico. Popular porque exige revertir la catarata de recortes que nos han impuesto. Patriótico porque se enfrenta objetivamente a los mandatos del FMI o la UE, de Washington y Berlín. Y patriótico porque defiende la unidad frente a la fragmentación. Como ha quedado demostrado con la negativa de Barcelona en comú a unirse a la “hoja de ruta por la independencia” como le exigía Oriol Junqueras para darle su apoyo.

La mejor prueba de que el 24-M ofrece un saldo muy favorable para el pueblo es la preocupación de algunos de los principales centros en Washington.

La misión del FMI que está “de visita” en España ha manifestado que “les preocupa el viraje político que puede llegar a determinadas administraciones locales”.

La agencia privada de inteligencia norteamericana Stratfor (conocida como “la CIA en la sombra”) está inquieta porque tras las generales de noviembre “el nuevo Gobierno de España deberá lidiar con las llamadas a frenar o incluso revertir algunas de las reformas económicas que fueron introducidas desde el inicio de la crisis europea”.

Saben que ese viento popular va a sentar, más allá de las posiciones de algunos dirigentes, unas “líneas rojas” que dificultan la ejecución de su proyecto de intervención y saqueo sobre el 90%.

Estamos ante un nuevo escenario político desde luego más favorable a los intereses populares y que ofrece mejores condiciones para llevar adelante la lucha contra los recortes.

Debemos celebrarlo… pero también ser conscientes de que hay riesgos y peligros.

Lampedusa nos advirtió en “El gatopardo” que una de las máximas del poder es que “si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”.

Washington y Berlín son conscientes del avance del rechazo social, y ya están jugando sus cartas para intentar reconducirlo “llevando el agua del cambio a su molino”.

Minimizando el desplome del bipartidismo, a través de pactos encabezados por PSOE o PP, y que integren a nuevas fuerzas como Podemos y Ciudadanos en una especie de “tripartidismo” o “cuatripartidismo”. O intentando limitar la lucha contra los recortes a medidas paliativas frente al aumento de la pobreza y la exclusión.

Más allá de los resultados electorales o de la conquista de poder político en ayuntamientos y comunidades, lo que de verdad va a decidir que el viento popular y patriótico levantado pueda conseguir sus objetivos es la línea que lo dirija.

Es urgente tomar medidas de solidaridad con los sectores condenados al desahucio, la pobreza o la exclusión social. Pero limitarse a esto es desaprovechar la oportunidad para hacer avanzar la redistribución de la riqueza que la mayoría demanda.

Porque redistribuir la riqueza es destinar los enormes recursos que tenemos, y que están monopolizados por un 1% -capital extranjero, bancos y monopolios, grandes fortunas- a elevar el poder adquisitivo de la mayoría.

Queremos disponer de los enormes recursos de la banca rescatada con dinero público para acabar con el paro. Exigimos la subida de salarios y pensiones. Necesitamos revertir todos los recortes en la sanidad o la educación públicas…

Necesitamos unidad, pero del 90% que sufrimos los recortes. No se puede reducir la “unidad popular” a un “frente de izquierdas”.

Lo que necesitamos es un programa de Redistribución de la Riqueza, Ampliación de la Democracia, Defensa de la Soberanía Nacional y Frente Amplio de Unidad del 90%. Que se enfrente a los proyectos de intervención y saqueo del FMI, la UE y la troika, y pueda permitir que el viento popular y patriótico conquiste de verdad sus objetivos.

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