Podemos ficha como candidato al ex JEMAD Julio Rodrí­guez

¿Un programa de cambio para mantener el estatus quo?

Si hay un punto clave donde se juega la posibilidad de cualquier cambio polí­tico de verdad en nuestro paí­s, éste es sin duda en todo lo relacionado con la defensa de la so­beraní­a nacional. Y más especí­ficamente, en el ámbito de las relaciones con EEUU, el gran jefe hegemonista de Europa por más que Merkel quiera presentarse como la nue­va matrona europea.

El sorprendente fichaje del general José Julio Rodríguez, ge­neral de cuatro estrellas y antiguo Jefe del Estado Mayor de la De­fensa (JEMAD), como candidato número 2 de Podemos por las lis­tas de Zaragoza cierra el círculo de declaraciones y compromisos de los máximos dirigentes de la formación morada en el tema de Defensa y Política Exterior.

A principios de este mismo mes, Sergio Pascual, secretario de organización de Podemos y primer candidato por Sevilla, en una entrevista al periódico El País contestaba a la pregunta de si su organización respalda los acuerdos bilaterales con EEUU que “somos absolutamente res­petuosos con los compromisos adquiridos por nuestro país y los vamos a respetar hasta la última coma”. O lo que es lo mismo, que van a respetar los acuerdos vigentes que implican la presen­cia en Andalucía de las bases mi­litares yanquis, la instalación de la división naval del escudo an­timisiles en Rota y la ampliación en Morón del número de marines del AFRICOM para intervenir en el Norte de África y el Sahel.

“Los dirigentes de Podemos han hecho pública su aceptación del estatus quo de una España, subordinada, sometida y dependiente”

Unos días antes se había ini­ciado la votación entre las bases de Podemos del programa para las elecciones generales. En él se defiende la permanencia de Es­paña en el seno de la OTAN bus­cando “dotar de una mayor auto­nomía estratégica a Europa” en la organización militar. Y respec­to a la bases norteamericanas en España se propone, simplemente, “auditar y revisar los convenios de defensa suscritos por España”.

Posteriormente, al anunciar el fichaje de Rodríguez, Pablo Igle­sias dejaba claro que el objetivo de Podemos no consiste en salir­se de la OTAN, sino “reformular las funciones de ese organismo”. Afirmación remachada inmedia­tamente por el ex-JEMAD, quien al ser presentado como futuro Ministro de Defensa si Podemos gana las elecciones, remachó ta­jante que “respetaremos todos los acuerdos con la OTAN”.

Mucha gente justifica este cambio desde el “OTAN no, ba­ses fuera” con el que se presen­tó Podemos en las europeas de 2014 argumentando que obedece a la lógica electoral de “mode­rar” el discurso para ganar votos “transversales”. Pero la realidad es que el cambio está determina­do por una razón de orden muy superior:

Washington ha marcado a fuego la “regla de juego” fun­damental que cualquier partido debe aceptar si quiere formar parte del nuevo modelo político y el proceso de cambios y refor­mas en las que se adentra el país tras el 20-D. La permanencia de España en la OTAN, el manteni­miento y ampliación de las ba­ses y la creciente integración de nuestro país en la maquinaria y los planes militares norteameri­cano son pilares incuestionables de esta regla de juego.

Quien se pliegue a ella podrá participar en el juego político que se va a abrir tras el derrumbe del modelo bipartidista. En él es­tará permitido cuestionarlo todo: se podrá jugar a revisar la Cons­titución, a modificar el modelo político, a cambiar el sistema de partidos, a reformar la fiscali­dad, a convertirse en el azote de la corrupción, hasta cuestionar la forma de Estado,… Con todo se puede jugar, todo es cuestio­nable menos la “ley de bronce” de la OTAN y las bases que ase­guran de forma estructural la dependencia de nuestro país a Washington y el sometimiento de nuestro pueblo a sus planes e intereses.

Con la revisión del progra­ma, la catarata de declaraciones complacientes con la OTAN y las bases y el fichaje de José Ju­lio Rodríguez, los dirigentes de Podemos han hecho pública su aceptación del estatus quo de una España, subordinada, sometida, dependiente y plenamente in­tegrada en la maquinaria bélica yanqui de agresión a otros países y pueblos. Y ello a pesar de que numerosos afiliados, círculos y comités regionales de Podemos han participado activamente en las movilizaciones contra las ma­niobras militares llevadas a cabo por la OTAN en nuestro país las pasadas semanas. Los compa­ñeros deben reflexionar si el ca­mino que exige como condición previa la aceptación de las reglas del juego impuestas y exigidas por Washington es el que quieren y están dispuestos a recorrer. Y actuar en consecuencia el 20-D.

Cualquier programa político que no coja como clave la de­fensa de la soberanía nacional –económica, política y militar, porque todas ellas son una sola, la soberanía no se puede trocear– será incapaz de avanzar tampoco en la conquista de mayores liber­tades para el pueblo, progreso económico para el país y bienes­tar para los ciudadanos. La lucha por la independencia va unida a la lucha por la libertad y el pan. A mayor soberanía, más capacidad de decidir por nosotros mismos y de acuerdo con nuestras necesi­dades e intereses.

Ya va siendo hora de decir, como defiende nuestro partido y ha hecho suyo Recortes Cero en su programa de gobierno, que lo “ineludible” es avanzar en la conquista de nuestra perdida independencia nacional, recu­perando la capacidad soberana de decidir por nosotros mismos nuestro propio camino como país y como pueblo. Sin esto, ningún cambio favorable a los intereses populares será posible.

Entre informes confidenciales anda el juego

“La Embajada de EEUU en Ma­drid calificó en 2008 de ‘pro Esta­dos Unidos’ al general José Julio Rodríguez, actual fichaje estelar de Podemos. Así figura en un infor­me confidencial favorable remitido desde la embajada a, entre otros, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) cuando Rodríguez fue ascen­dido al puesto de jefe de Estado Mayor de la Defensa”.

El informe confidencial re­velado por Wikileaks y publi­cado el pasado domingo por el diario El Mundo describe el nombramiento de Rodríguez como jefe máximo de los ejér­citos españoles como “positivo para los intereses de EEUU”. Destaca también cómo el gene­ral “ha trabajado ampliamente con nuestra Oficina de Coopera­ción Militar en los últimos dos años”, oficina que es la encarga­da de promover la cooperación en armamento y las relaciones bilaterales entre EEUU y Espa­ña a largo plazo.

Es curioso que haya salido ahora a la luz este nuevo infor­me confidencial, que sucede al publicado en 2013, el Informe Confidencial al embajador nor­teamericano en Madrid, conoci­do como “Informe al embajador Salomon”.

En él, como se recordará, se afirmaba que “en el delicado momento estratégico por el que atraviesa el norte de África, un país como España, determinante en la zona, no puede entrar en un periodo de desestabilización política, social y económica. Y propone que, como ocurrió al inicio de la transición, las po­tencias ‘aliadas’ del Gobierno de Madrid -EEUU, Gran Bretaña, Francia y Alemania- establezcan un ‘grupo de trabajo’ y concerta­ción para ‘ayudar y controlar’ la situación española y en su caso pilotar esta ‘segunda transición’ en favor de salvar y reconducir el vigente régimen partitocrático (…)”

En él, se avisaba también “sobre la ausencia de nuevos dirigentes no contaminados con el régimen hoy fallido, aunque, llegado el momento, los nuevos protagonistas de la reforma apa­recerán”.

El momento, por lo que se ve, ya ha llegado, los protago­nistas han aparecido y el “Par­tido del Cambio” -como gusta denominarse Pablo Iglesias- ha encontrado a uno de ellos. Un general tan amigo del cambio como de los EEUU.

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