Un Primero de Mayo de unidad, avance y conquista

Este ha sido un Primero de Mayo de avance, de conquista. El día de los trabajadores de 2018 en España ha estado marcado bajo el signo de un invierno caliente, del ebullir de los movimientos de lucha y del bramido de un potente vendaval popular: en concreto de las conquistas del potente movimiento en defensa de las pensiones y de la pletórica y exitosa huelga feminista del 8 de Marzo.

La sensación de que los trabajadores y los sectores del pueblo pueden arrancar conquistas al gobierno y a la oligarquía, es palpable. Se ha puesto de manifiesto en la asistencia unas 500.000 personas a las 70 manifestaciones que habían convocadas por toda España. En la mayor parte de las marchas del país, los asistentes pudieron comprobar por sí mismos como este Primero de Mayo había más -o bastante más- gente que el año anterior.

Este rojo Primero de Mayo ha tenido importantes vetas moradas y un marcado acento en la igualdad de género. Los ecos de la apoteósica movilización del 8 de Marzo, organizada por un poderoso movimiento feminista presente y lleno de vitalidad en cada rincón de nuestra geografía, no paran de resonar, encendidos de nuevo tras las masivas protestas de los últimos días ante la indignante sentencia del caso de “la Manada”. Las exigencias del movimiento de las mujeres han prendido y han sido hechas propias en el corazón de la mayoría progresista de nuestro país, y este Primero de Mayo se han puesto al frente especialmente las que reclaman igualdad salarial: “a igual empleo, igual salario”.

Pero es la batalla de las pensiones -que ocupa el centro de la lucha política en nuestro país- la que tuvo un protagonismo especial en este Primero de Mayo. También en este terreno los avances y conquistas son palpables a los ojos de cualquiera. Han sido las masivas protestas de los últimos meses en las calles de toda España -y no las negociaciones palaciegas de ningún grupo parlamentario en el debate de los presupuestos- los que han obligado al gobierno de Rajoy a ceder y a hacer concesiones (subir las pensiones mínimas de este año por encima del IPC, retrasar la entrada en vigor del “factor de sostenibilidad”) que hace solo unos meses proclamaba “imposibles”.

El avance del viento popular en la batalla de las pensiones es tan evidente, que hasta centros de poder mundial como el Fondo Monetario Internacional han advertido al gobierno de Rajoy de la necesidad de “refinar las reformas” (eufemístico modo de llamar a edulcorarlas, disimularlas o dosificarlas) para evitar que “sean revertidas” por la fuerza de una mayoría social que las rechaza de plano.

Dentro de esta batalla, la exigencia del Blindaje Constitucional de las Pensiones impulsada por la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP) es un punto absoluto de referencia, logrando referencias en diversos medios de alcance nacional. El blindaje constitucional de las pensiones -una alternativa estructural, que busca que la protección de las pensiones quede marcada en la Carta Magna como un derecho fundamental, y por tanto que la batalla quede ganada de forma definitiva y permamente, sacando el sistema público de pensiones del objetivo depredador y privatizador del gran capital extranjero- tiene un alcance nacional y este 1 de Mayo ha servido para confirmarlo. En las movilizaciones del 1 de Mayo, entre otras muchas organizaciones, los bloques de Unificación Comunista de España, del sindicato USO o de Recortes Cero se encargaron de corear “¡nosotros sí / tenemos solución!/ ¡blindemos las pensiones / en la Constitución!”.

Esta situación general de empuje de los movimientos populares se plasmó en las pancartas de cabecera de CCOO y UGT: ‘Tiempo de ganar. Igualdad. Mejor empleo. Mayores salarios. Pensiones dignas’.

Sí, es tiempo de ganar, de avanzar. Pero para que ese avance sea sostenido y profundo, para que no sea flor de un día o de unos meses, es preciso que lo dirija una línea justa. Una línea que señale a nuestros verdaderos enemigos -la oligarquía financiera española (la banca y los monopolios del Ibex35) y las potencias imperialistas (con EEUU y Alemania a la cabeza)-, que golpee en el punto más débil de su proyecto principal de saqueo -las pensiones, un terreno donde podemos unir al 90% de la sociedad- y que luche por la unidad. Una línea que luche por la redistribución de la riqueza, por que los que nos han saqueado durante los peores años de la crisis devuelvan lo robado, para que puedan mejorar las condiciones de vida de la mayoría.

La reivindicación de que la recuperación económica se traduzca en una mejora de los salarios y de las condiciones de vida y de trabajo de las masas ha sido el eje central de este Primero de Mayo. La exigencia de la redistribución de la riqueza -ahora que tras los Presupuestos ha quedado claro que todas las excusas del gobierno de que “no hay dinero” para subir salarios y pensiones valen lo mismo que las cartas de Fátima Báñez, y que la consigna de “ningún salario ni pensión por debajo de 1.000 euros” es una cuestión de redistribuir las prioridades y de voluntad política- se ha puesto en la boca de los sindicatos.

Unos sindicatos mayoritarios -CCOO y UGT- que han demostrado por enésima vez su poder de convocatoria. Los que quieren llevar adelante el proyecto de saqueo, degradación e intervención de nuestro país lanzan sin cesar climas de opinión contra estos sindicatos, aprovechando con intereses espúreos los errores cometidos en el pasado o el presente: ¡qué buena noticia sería para esas oligarquías financieras que esas centrales sindicales fueran barridas del mapa!. Pero este Primero de Mayo, la gente (mucha gente) estaba ahí. “Les hemos estropeado el titular. Mañana ya nadie podrá decir que los sindicatos han pinchado”, ha dicho Unai Sordo, secretario general de de CCOO. “Quieren acabar con nosotros porque así acaban con nuestros derechos”, dijo Pepe Álvarez, líder de UGT.

Frente a los proyectos amenazadores que desde la oligarquía financiera española y los centros de poder imperialistas, encabezados por las “recomendaciones” del FMI se abalanzan sobre la clase obrera y el pueblo trabajador -proyectos que consisten en la profundización y la cronificación de los recortes, el saqueo y la degradación de las condiciones de vida y trabajo del pueblo- necesitamos fortalecer la unidad.

La unidad debe ser defendida, construída, trabajada, labrada. La unidad del pueblo de las distintas regiones y nacionalidades de España, frente a los proyectos del nacionalismo disgregador e insolidario. La unidad de los distintos sectores del pueblo en un amplio frente de lucha del 90% contra nuestros enemigos comunes. Y la unidad de las organizaciones que luchan por hacer frente al proyecto de saqueo e intervención. Sin unidad estamos a los pies de los caballos. Con unidad, nosotros avanzamos y ellos retroceden.

Debemos defender a las organizaciones sindicales de los ataques que buscan debilitarlas o extinguirlas, para dejar al pueblo trabajador privado y desarmado de un instrumento vital en la lucha por sus reivindicaciones inmediatas y sus derechos laborales. Unas centrales sindicales que conservan una más que notable capacidad de movilización de la sociedad civil, y que llegan a cientos de miles de empresas, de tajos, de centros de trabajo.

Para el avance y la conquista necesitamos la unidad. Forjémosla. Es un arma.

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