Rebelión cultural y musical contra la Dictadura de Trump en la Super Bowl

Un conejo boricua en la Super Bowl: Bad Bunny marca un ‘touchdown’ en los morros de Trump

Una explosión de cultura latina en uno de los eventos socio-culturales más emblemáticos de EEUU saca los colores a Donald Trump y a sus ultrareaccionarias políticas. Delante de cientos de millones de telespectadores, la estrella mundial del reaggettón, Bud Bunny, con la ayuda de otros artistas como Lady Gaga o Ricky Martin, reivindicó con su actuación en el medio tiempo de la final de la Super Bowl el poder del mundo hispano.

Seguramente es el espectáculo más estadounidense que existe. Salvando al 4 de Julio, pocas cosas hay más ‘made in USA’ que una final de la Super Bowl, el evento deportivo-cultural más mediático que existe, con más de 130 millones de espectadores pendientes de las pantallas en directo, siguiéndolo en sus casas, o en pubs llenos de gente.

Este es el escaparate que ha elegido la música latina -que este año ha triunfado en los Grammy- para decirle al mundo que «América es de Todos los Americanos», también de los latinoamericanos, y que esta minoría étnica -que en EEUU suma 68 millones de persona, el 20% de la población total del país, y que ya ha adelantado a los afroamericanos como la principal- no sólo no va a desaparecer, ni tampoco callarse ni achantarse, sino que va a dar la batalla cultural con una fuerza y un magnetismo tal que la tóxica propaganda MAGA, y su estrecha y ridícula visión blanca, puritana y supremacista, jamás podría soñar en emular.

“Seguimos aquí”, dijo de forma desafiante un artista portorriqueño, Benito Antonio Ocasio Martínez, conocido mundialmente como Bad Bunny, y que ha decidido dar un paso al frente para defender a su pueblo, atacado y perseguido por Donald Trump, por su movimiento ultrareaccionario, y por una brutal Gestapo migratoria que ha detenido a más de 300.000 personas por su origen migrante o simplemente por si color o por su acento, y asesinado a más de medio centenar, tanto en los arrestos como en las brutales cárceles de detención.

Vestido de punta en blanco, en medio de un decorado que simulaba un cañaveral, con un balón de fútbol en la mano en cuyo cuero estaba escrito “Juntos somos América”, Bad Bunny fue pronunciando -con fuerza y rabia-, los nombres de todas las naciones del continente: Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Haití, las Antillas, los United States, Canadá… and my motherland, mi patria, Puerto Rico. Y con gesto de vindicación, hincó la pelota en el suelo, marcando un touchdown al trumpismo, al racismo y a la xenofobia.

Un locutor de ESPN México apenas podía contener el llanto. «La verdad, fue muy emotivo el mensaje que mandó Bunny. Te guste o no su música, fue un mensaje con amor, con cultura, con cariño. En un mundo donde todos se están peleando. Estés en México, Argentina, Colombia, Chile, donde estés, hoy se vale tener una lágrima en el ojo, y sentirte orgulloso. Que Benito le cantó en español a la fiesta más importante de los iuesei. ¡Viva Bad Bunny!»

El cantante portoirriqueño no estuvo solo. En el escenario aparecieron estrellas latinas como Cardi B, Karol G, Pedro Pascal, Young Miko y Jessica Alba. Y a la actuación musical se unió primero Lady Gaga -también muy significada contra Trump- que interpretó una versión latina de su hit Die With A Smile, y luego el también boricua Ricky Martin, que cantó la reivindicativa Lo que le pasó a Hawaii, canción de Bad Bunny en la que se reflexiona sobre la pérdida de identidad sufrida por Hawái: “Quieren quitarme el río y también la playa / Quieren el barrio mío y que abuelita se vaya”.

Para finalizar, y en otro gesto de fuerte carga política, Bad Bunny le entregó su recién ganado premio Grammy a un niño pequeño que recordaba Liam Conejo, el menor de cinco años detenido en Minneapolis y convertido en símbolo de la brutal política migratoria de la Casa Blanca.

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Un manifiesto cultural y deportivo contra Trump

La reacción de Trump y del trumpismo ante lo ocurrido en la Super Bowl ha sido tan airada como patética. El presidente norteamericano vomitó su bilis en su red Truth Social para decir que “Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños que lo ven desde EEUU y todo el mundo”. Y otros influencers de la alt-right norteamericana dijeron que «no había nada de americano» en la actuación.

Ladran porque han sentido el golpe. Todo el planeta está comentando la actuación latina en la final del «Super Tazón»

Green Day actuando en San Francisco en la previa de la Super Bowl. También contra Trump y su «Gestapo» migratoria

No sólo fue Bad Bunny. La final de la Super Bowl estuvo repleta de gestos y revindicaciones contra las políticas fascistas de Trump. El jugador de los Patriots, Mark Hollins, llegó descalzo y esposado al Superbowl en protesta contra ICE y su tratamiento criminal contra inmigrantes y ciudadanos norteamericanos. En San Francisco, horas antes de la final, el grupo de punk Green Day y su cantante Billie Joe Armstrong -también muy significados contra Trump- decidió convertir su conocidísimo tema «American Idiots» en un alegato por las protestas de Minneapolis y contra la Gestapo migratoria.

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EEUU, una rebelión democrática que no deja de crecer

El jugador de fútbol americano Marlk Hollins llegó esposado a la final para escenificar su denuncia a las políticas migratorias de Trump

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Nuestro más entusiasta apoyo a la valiente, vigorosa y colorida lucha del pueblo norteamericano contra la Dictadura Mundial de Trump, contra el creciente secuestro de su democracia, de sus libertades y de sus derechos civiles, especialmente de los trabajadores migrantes perseguidos por la criminal y fascista Gestapo migratoria de Trump.

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Y nuestro aplauso y reconocimiento a todos los artistas que como Bad Bunny están poniendo su carrera y su prestigio al servicio del pueblo, de defender una causa justa y de oponerse de manera explícita a la ultrareaccionaria Dictadura Hegemonista de Trump.

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