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Un agujero en el núcleo del sector bancario español

El presidente español, Mariano Rajoy insistió cuando llegó al poder que no se dedicaría ni un euro más del dinero de los contribuyentes a rescatar al sector bancario.Sin embargo, la crisis de Bankia ha obligado a Rajoy a coger el toro por los cuernos. A pesar de haber captado miles de millones de euros desde el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el sector bancario español tiene serios problemas de capitalización. Es probable que el programa del Gobierno de fusiones obligatorias y las provisiones impuestas de 54.000 millones de euros hayan servido de presión a los bancos para que hagan frente a los excesos cometidos en el sector de la propiedad durante una década.Sin embargo, el Ejecutivo no ha conseguido abordar el verdadero alcance de los problemas del sector inmobiliario. A medida que la recesión comienza a hacer mella, los precios del sector y de los terrenos empiezan a caer; incluso el valor de los préstamos que antes se consideraban de mejor calidad se ha puesto en duda. Rajoy tiene intención de abordar el problema exigiendo más provisiones por valor de otros 30.000 millones de euros. El riesgo es que ni siquiera esta cantidad sea suficiente. Se calcula que los bancos españoles todavía tienen en sus balances préstamos inmobiliarios de dudoso cobro por valor de 180.000 millones de euros.Aunque Madrid hace bien en pedir un sacrificio más agresivo de los préstamos incobrables, su intento por recuperar la confianza en el sector bancario ha hecho que no le quede otra alternativa que rescatar a Bankia. El grupo, fruto de la fusión en 2010 de siete cajas de ahorros, ya estaba demasiado debilitado como para segregar sus activos inmobiliarios de dudoso cobro. El Gobierno podía haber sido fiel a su palabra y negarse a rescatar el grupo. Pero el fracaso a nivel político de dejar que el cuarto banco más grande de España se hundiera habría sido intolerable para un Gobierno que ya está teniendo muchas dificultades para contener las protestas de los ciudadanos contra la austeridad. Incluso la creación de un banco malo que se ocupara de los activos tóxicos de Bankia requeriría la ayuda estatal. De una forma u otra, los contribuyentes pagarían la factura.Bankia es uno de los bancos con una mayor cartera de activos cuestionables, y por tanto también supone una seria amenaza para la restauración de la confianza en el sector financiero español. Hace dos semanas, el Fondo Monetario Internacional advirtió de que las cajas de ahorro españolas constituían todavía una amenaza para la estabilidad financiera. Estaba claro que se refería principalmente a Bankia, pero hay otras cajas a las que también les costará mucho cumplir los nuevos requisitos de recapitalización.Por su parte, los inversores que compraron acciones en la opv de Bankia el año pasado tienen derecho a estar indignados. La salida a bolsa fue poco más que una operación cosmética cuyo objetivo era demostrar que las reformas estructurales habían funcionado, aunque la cantidad de dinero que se recaudó fue bastante inferior a la necesaria para satisfacer las necesidades de capital del grupo. Los empleados de la enorme red de sucursales del grupo intentaron convencer a miles de clientes de que compraran acciones. Esas inversiones han perdido ahora un porcentaje considerable de su valor. En otros países esta situación habría provocado que se exigiera realizar una investigación sobre prácticas de venta cuestionables, pero parece que en España no.

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