Adolfo Suárez

Suárez y el Rey

Resulta un tanto artificial toda el ruido mediático sobre la monarquí­a desde la apertura de la investidura hasta la emisión de la entrevista en la Sexta de Victoria Prego a Adolfo Suárez donde reconoce que no se celebró un referéndum sobre la monarquí­a porque se hubiera perdido. ¿Por qué se pone en este momento el foco en la monarquí­a? ¿Por qué la Sexta no habla sobre las sospechas de la participación del Rey en la moción de censura contra Suárez?

El hombre que quiso acabar la historia

Tras su victoria en las primeras elecciones democráticas, Suárez inicia una serie de movimientos en política exterior que además de encontrar un fuerte rechazo en su propio partido (la UCD), provocan el estupor cuando no la irritación en la cancillerías occidentales. “Suárez anuncia que la integración en la OTAN no está en la agenda de su gobierno para los siguientes 4 años”

Su visita a Fidel Castro (donde además declara en una conversación privada con el mandatario cubano que él es contrario a la entrada de España en la OTAN, confidencia que Fidel Castro se encargará de airear convenientemente), rompiendo el frente de bloqueo contra Cuba impuesto por Washington, y seguido fielmente por todos los países occidentales, es el primer síntoma de la nueva orientación que Suárez parece dispuesto a seguir en el plano internacional.

Durante esos años, España se alinea numerosas veces en la ONU en contra de las propuestas de EEUU y de los países de la CEE, votando a favor de las propuestas del bloque iberoamericano, de los países árabes en los asuntos relacionados con la cuestión palestina y del Movimiento de Países No Alineados en los asuntos donde se juega la disputa entre el bloque soviético y el norteamericano. Es lo que el propio Suárez va a denominar como “la tercera vía” de la diplomacia española: la búsqueda de una política de equilibrio que pretende escapar a la rigidez del encuadramiento en el bloque soviético o norteamericano.

Es desde esta perspectiva, que no supone un cuestionamiento de la pertenencia de España a la órbita norteamericana, pero sí la búsqueda de un espacio autónomo donde poder desplegar los intereses propios y revaluar al alza el papel y el peso de España en la escena internacional, que la política exterior española durante la presidencia de Suárez cobra una nueva dimensión.

En Iberoamérica –principal prioridad que formula el ministro de Asuntos Exteriores de Suárez tras su investidura– desplegando una intensa actividad que busca transformar las retóricas y vacías fórmulas de hermandad características de la era de Franco por nuevas relaciones y vínculos institucionales, políticos, económicos, diplomáticos, culturales,… que empiezan a diseñar lo que década y media después se transformará en la Comunidad Iberoamericana de Naciones, cuyo germen comienza a desarrollarse en este período.

En el Mediterráneo, afirmando y desarrollando la tradicional política de amistad con los países árabes y de pleno apoyo a la causa palestina. El recibimiento de Arafat con honores de jefe de Estado en Barajas y las reiteradas negativas de Suárez al establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel son la plasmación de una orientación estratégica que, además de mantener un cierto grado de influencia en Oriente Medio, busca, a través del desarrollo de una política autónoma, la defensa de los intereses estratégicos de España en el norte de África.

Durante todos estos años, la política exterior de Suárez se encamina en una dirección acusadamente neutralista, pese a estar sometido a intensísimas presiones de los poderosos sectores proyanquis de su gobierno y su partido. En el congreso de 1978, la UCD declara su vocación occidental y abre el horizonte a una futura integración en la OTAN, pero con la condición de que sea sometida previamente a un extenso debate nacional y como fruto de un amplio consenso parlamentario. De hecho, en las elecciones de 1979, la entrada en la OTAN desaparece del programa electoral de UCD y en la sesión de investidura tras su renovado triunfo, Suárez anuncia que la integración en la OTAN no está en la agenda de su gobierno para los siguientes 4 años.

Entre 1977 y 1979, Suárez logra frenar todas las iniciativas que los sectores proyanquis intentan para poner el ingreso en la OTAN en la agenda política del país. No está dispuesto a poner en riesgo el consenso con una izquierda –profunda y radicalmente antiyanqui en su base social– en las cuestiones básicas de consolidación del sistema de libertades por satisfacer las exigencias de Washington. Pero lo más difícil está por llegar, cuando en diciembre de 1979 la URSS invade Afganistán y, como respuesta, EEUU opta por la línea dura de rearme y contención de Reagan. Lo que tendrá consecuencias fulminantes para la vida política española, como veremos en la siguiente entrega.

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