2016: año clave en las negociaciones UE-EEUU sobre el TTIP

TTIP: a contrareloj

Buenas noticias. El TTIP -el Tratado de Libre Comercio entre la UE y EEUU que supone multiplicar el poder de las multinacionales y pulverizar los derechos ciudadanos- está encontrando severos obstáculos que hacen difí­cil su aprobación para 2016. El final del mandato de Obama en enero de 2017 y las diferencias normativas entre EEUU y la UE están complicando las negociaciones, que podrí­an quedar pospuestas a medio plazo.

“Es difícil, pero enero de 2017 es nuestra fecha para cerrar el acuerdo”, ha reconocido el negociador jefe del TTIP para la UE. Además de los principales escollos legislativos -como el acceso al mercado de obras públicas, los aranceles agrícolas y la negativa de Bruselas a negociar normativas médicas o farmacéuticas respecto a las mucha más laxas normas americanas- escándalos como el de Volkswagen o el de Renault han calentado los ánimos a ambos lados del Atlántico. Aunque el grueso de las burguesías europeas sí buscan alcanzar un acuerdo, no hay ni mucho menos unanimidad en esta cuestión. Las principales caras largas vienen cada vez más de Francia, donde los socialistas galos han votado en contra en el Parlamento europeo, encabezando la división del grupo socialista europeo entre el Si y el No al TTIP (los europarlamentarios del PSOE votaron a favor, al lado de los conservadores y liberales). “Es preciso organizar un gran movimiento social que para detener el TTIP -CETA, la OTAN económica”

Pero paradójicamente, la principal obstáculo viene del otro lado del Atlántico, los más interesados en derribar las numerosas barreras comerciales y legales europeas para la burguesía monopolista yanqui. El enfrentamiento entre los dos sectores de la clase dominante norteamericana ha llevado a una notable parálisis a la política exterior de Obama, al que sólo le queda un año de mandato y tiene dos cámaras de representantes en contra. Si no se aprueba antes de la salida de Obama “habrá que hacer una pausa y todo se demorará más tiempo”, dice Cecilia Malmström, comisaria europea de comercio.

Washington ya ha firmado, el Tratado Transpacífico (TPP, entre EEUU y países asiáticos y del Pacífico), con una notable oposición parlamentaria, incluida la de los dos candidatos presidenciales demócratas: Hillary Clinton y Bernie Sanders. Centrada en la ratificación y consolidación del tratado asiático, parece poco probable que la Casa Blanca apriete el acelerador -con una correlación de fuerzas interna tan adversa- antes del fin de esta legislatura. Parece razonable que el TTIP quedará en la carpeta de “asuntos pendientes” para el/la presidente entrante.

La mayoría de los expertos en el tema -tanto partidarios como detractores con el TTIP- consideran improbable que, aunque los negociadores trabajen a destajo, puedan llevar a buen puerto las negociaciones antes del fin de Obama. “La aprobación del TTIP en 2016 está fuera de toda posibilidad. Negociaciones tan complejas y ambiciosas geopolíticamente siempre dependen de los vaivenes políticos nacionales o supranacionales”, asegura Tom Kucharz, de Ecologistas en Acción. Sin embargo, sería un error bajar la guardia: los intereses económicos y geopolíticos de las oligarquías europeas y norteamericana empujan poderosamente hacia la firma, tarde o temprano, del TTIP.

Los obstáculos para aprobar integramente el TTIP en 2016 no implica que los centros de poder que lo impulsan se queden de brazos cruzados. “En la Comisión Europea se dice ahora que sería positivo conseguir un ‘tratado mixto’. Y esto significa que debería de ratificarse en cada uno de los países miembros”, explica Adoración Guamán, profesora de Derecho en la Universidad de Valencia y firme detractora del tratado.

Son buenas noticias: tanto si no pueden evitar posponerlo, las organizaciones políticas y sociales contrarias al TTIP tendrán más tiempo para concienciar a las opiniones públicas de sus países y organizar el gigantesco movimiento social que se necesita para detener el TTIP -CETA.

Si toman el camino de la aprobación país por país, es previsible que en los próximos meses asistamos a un debate público acerca de las bondades del TTIP, en vez del actual silencio y absoluta ocultación con el que se recibe el asunto en los grandes medios de comunicación.

En España ya lo están haciendo: un informe del principal ‘think tank’ de la patronal española y otro del BBVA dibujan una arcadia feliz para nuestro país con la firma del TTIP: aseguran que generará 350.000 empleos en España en cinco años y elevará el PIB cerca del 1% en cinco años. En palabras del consejero ejecutivo del BBVA, el TTIP es “una oportunidad única e irrepetible, ahora que el centro de gravedad mundial se está desplazando hacia el Pacífico. Permitiría afrontar mejor los desafíos de un mundo cambiante y complejo, desde una triple perspectiva económica, geopolítica y de colaboración en materia de seguridad”. Ante el nuevo orden mundial multipolar que se avecina, la clase dominante española sólo sabe buscar refugio en la subordinación y el amparo de las viejas potencias dominantes. Toda una revelación de quién es el principal beneficiario, y quienes son vasallos a la espera de las sobras, de esta nueva ‘OTAN económica’.

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