Trump coloca a Alemania en la diana

Uno de los rasgos más persistentes y definidos de la novedosa y agresiva política exterior de la administración americana que preside Donald Trump es la de no solo atacar verbalmente, ningunear sus posturas y adoptar políticas comerciales hostiles, sino directamente la de colocar a Alemania (uno de los grandes aliados europeos de EEUU en los últimos 50 años) como un blanco al que disparar y abatir. Alemania, y por extensión la Europa alemana que se ha impuesto en Bruselas, está en el punto de mira de Trump y su nueva línea de liderazgo imperial.

La última señal inquietante (después de que Trump ninguneara una vez más a Ángela Merkel en su última visita a Washington para «hablar» sobre el pacto nuclear en Irán, cuya ruptura el mandatario americano anunció a bombo y platillo inmediatamente después de conocer la oposición alemana y europea sobre dicha ruptura) ha llenado las páginas de todos los medios europeos los últimos días, opacando incluso la decisión de Trump de recrudecer la guerra comercial con aranceles de hasta el 25% al aluminio y al acero, que van a golpear duramente las exportaciones alemanas.

El protagonista en esta ocasión ha sido el recién nombrado embajador de EEUU en Berlín, Richard Grenell, que presentó sus credenciales ante el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, el pasado 8 de mayo, y que desde entonces ya ha protagonizado al menos tres encontronazos con el Gobierno alemán.

Grenell, que fue portavoz de la misión estadounidense en la ONU durante la Administración Bush y es un incondicional de Donald Trump, ya despertó una primera queja cuando, nada más tomar posesión de su cargo, e inmediatamente después de que Trump anunciara la retirada estadounidense del acuerdo nuclear iraní, emplazó en un tuit a las empresas alemanas a cancelar sus negocios en Irán, obviando totalmente que Alemania no se había sumado a esa ruptura.«Alemania, y por extensión la Europa alemana que se ha impuesto en Bruselas, están en el punto de mira de Trump»

Fue un primer aviso. Días después, en una entrevista concedida al medio digital de ultraderecha Breitbart (que dirigió en su día el antiguo estratega jefe de Trump, Steve Bannon), Grenell realizó unas incendiarias y explosivas declaraciones, en las que además anunciaba la tarea que ha venido a desarrollar al frente de la embajada de EEUU en Berlín, y que es ni más ni menos que la de “empoderar” a los nuevos conservadores (léase, la ultraderecha europea) contra las élites. Para quienes no estén al tanto de este nuevo lenguaje, empoderar según el diccionario de la RAE quiere decir: «Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido».

Textualmente, Grenell afirmó que «el crecimiento de los conservadores en Europa (se refiere claramente a los partidos de la ultraderecha populista, no a los conservadores de viejo cuño, como los democristianos) se debía a las políticas fallidas de la izquierda”. Y a continuación formuló el plan que tiene en agenda: “Quiero empoderar a otros conservadores de Europa, a otros líderes”. Ante el revuelo que provocaron estas declaraciones explícitas, Grenell se defendió tuiteando: “Me reafirmo en mis comentarios sobre el hecho de que estamos experimentando el despertar de una mayoría silenciosa, que rechaza a las élites y su burbuja. La lidera Trump.” De hecho, en la entrevista en Breitbart, Grenell sostenía que “la elección de Donald Trump ha empoderado a personas que creen que no pueden permitir que la clase política determine, antes de unas elecciones, quién va a ganar y quién debería presentarse”.«El embajador de Trump en Berlín dijo que ha llegado para «empoderar» a los nuevos conservadores europeos»

Nunca hasta ahora un embajador del Imperio había sido tan claro sobre sus intenciones, su función y su papel, que desde luego no se limita a lo que se suele entender como «trabajo diplomático». Ni más ni menos, la pretensión de la administración Trump es eliminar de los gobiernos europeos a las viejas élites políticas, socialdemócratas y democristianas, y aupar al frente a un conjunto de «nuevos» líderes conservadores, identificados con la ideología y la línea de actuación de Trump.

Líderes conservadores, más ultraderechistas que derechistas, xenófobos y enemigos de la inmigración, partidarios de un capitalismo salvaje y sin reglas y enemigos del estado de bienestar, autoritarios y militaristas, nacionalistas y euroescépticos, que aprovechando el legítimo descontento de las masas populares contra las «élites», cambien por completo la correlación de fuerzas y la fisonomía de toda Europa, dando la puntilla al viejo proyecto de la Unión Europea. Y, de paso, liquiden la tradicional y especial vinculación de las élites europeas (y especialmente de las alemanas) con el Partido Demócrata, que viene desde la Segunda Guerra mundial y la reconstrucción europea.

Lo que Grenell formula es un plan quizá aún más ambicioso que el que en su día intentó llevar a cabo Bush, durante la guerra de Irak, cuando desató el conflicto entre la «vieja» (se refería a Francia y Alemania) y la «nueva» Europa, en la que incluía a sus aliados: la Inglaterra de Tony Blair, la España de Aznar, la Italia de Berlusconi y Polonia. Ese conflicto terminó como la propia guerra de Irak: en un estrepitoso fracaso. Lo que ahora han ideado Trump y sus estrategas es aprovechar la ola de descontento que recorre toda Europa después de casi una década de crisis y de políticas de austeridad y el lógico abismo que se ha abierto entre las élites y los pueblos, así como el recelo que suscita en toda Europa el liderazgo alemán y sus escasos modales a a la hora de imponer las políticas que más le favorecen, para aupar al frente de los gobiernos de toda Europa a líderes y fuerzas afines a la línea y la figura de Trump, siguiendo el mismo o parecido camino al que él siguió para llegar a la Casa Blanca.

Los objetivos que persigue esta línea de actuación no son nada baladíes. Como motivos de fondo, están dos cuestiones estratégicas. La primera es liquidar la actual Europa alemana, que aunque política y militarmente no es un rival de EEUU, sí lo es económica y comercialmente, y atesora unos recursos que unos EEUU en declive necesitan para garantizar su hegemonía mundial; además, acabando con la simbiosis Bruselas-Berlín, se elimina toda posibilidad de que Europa acabe articulándose un día como un bloque autónomo e incluso independiente de EEUU, algo que hoy suena como muy lejano e improbable, pero que el vértigo de los tiempos podría poner a la orden del día.«La pretensión de la administración Trump es eliminar de los gobiernos europeos a las «viejas» élites políticas»

Por otro lado, la eliminación de las viejas élites políticas europeas, tradicionalmente vinculadas el Partido Demócrata de EEUU, sería una jugada de peso para asentar su posición en la dura lucha de líneas que se vive en USA entre dos sectores prácticamente antagónicos de la clase dominante americana. Históricamente, Europa ha jugado casi siempre en el platillo de la balanza de los demócratas. De hecho, hoy en día, tanto Merkel como Macron son «viejos» aliados de Obama, más que «nuevos» socios de Trump.

Para restar fuerza al binomio Bruselas-Berlín, Trump ya saludó enérgicamente, casi como un éxito propio, el Brexit: la salida de Gran Bretaña de la UE. Y viene impulsando y apoyando la llegada al poder de toda una serie de políticos y partidos afines, que de momento acaparan ya casi todo el poder en los países del este europeo (Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría…), y que ha obtenido su último gran éxito en las elecciones de Eslovenia. Una tendencia que, por otra parte, contamina ya también a otros países más del «núcleo duro» europeo, como Austria y, aunque aún es incierto asegurarlo, la propia Italia. En Austria, el primer ministro conservador ha llegado al poder con el apoyo de la ultraderecha austriaca, que ha entrado en el gobierno. Y en Italia, esa presencia está garantizada por la entrada al gobierno de la Liga Norte, aunque la alianza con el Movimiento 5 Estrellas hace que sea difícil pronosticar de qué lado se inclinará esta inestable coalición.

En todo caso, las palabras del embajador Grenell ponen a las claras cuál es la estrategia de la Casa Blanca y cuál es su tarea y su función en Berlín. Tarea y función que, al «nuevo» estilo de Trump, ni oculta ni disfraza, sino que publicita a plena luz.«Grenell admira al canciller austriaco Kurz –quien gobierna en coalición con la ultraderecha– y le califica de “estrella de rock” de la política europea «

Y que además rubrica con hechos verdaderamente provocadores, y que han despertado la alarma y las protestas de Berlín. Y es la costumbre que Grenell parece querer instaurar de que cualquier gobernante extranjero importante de visita oficial por Berlín, después de reunirse con Merkel tiene que encontrarse con él, suponemos que para rendirle cuentas de su visita. Así lo hizo con el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu. Durante la visita, Netanyahu mantuvo un encuentro con Merkel, al que siguió una rueda de prensa conjunta, en la que la canciller insistió en que Alemania respetará el acuerdo nuclear con Irán, acuerdo que Israel desea liquidar. Pero antes de marcharse de Alemania, y a petición de Grenell, el embajador y el primer ministro israelí mantuvieron una reunión en la sala VIP del aeropuerto.

Y en los próximos días, Grenell ha invitado a comer al canciller austriaco Sebastian Kurz, aprovechando que este estará en Berlín para verse con Merkel, según desveló Der Spiegel. La cita de Kurz con la canciller alemana es el martes 12, y el encuentro con el embajador, el miércoles 13. En la entrevista en Breitbart, Grenell decía admirar mucho a Kurz –quien lidera un gobierno de coalición con la ultraderecha– y le calificaba de “estrella de rock” de la política europea. El portavoz del Gobierno austriaco, Peter Launsky-Tieffenthal, rechazó toda crítica al encuentro, aduciendo la importancia de mantener contacto fluido con “los colaboradores más cercanos al presidente de Estados Unidos, especialmente en asuntos como el comercio y las relaciones transatlánticas”.

La rebelión contra las «viejas» élites que propugna y encabeza Trump ha decidido, pues, hacer públicos y notorios sus objetivos en Europa y actuar a cara descubierta. El desparpajo antidiplomático del embajador de Trump en Alemania recuerda los gestos provocadores y descarados que el propio Trump utilizó con éxito durante la campaña electoral americana y sigue utilizando hoy desde la Casa Blanca, sin encontrar por el momento una respuesta adecuada, ni en el interior ni en el exterior de EEUU.

Un comentario sobre “Trump coloca a Alemania en la diana”

  • La unica respuesta posible me parece impulsar y fortalecer gobiernos de izquierda y unirse con otros paises , empezando por los del sur de Europa , en recuperar soberania y derechos sociales , y ligandolo a la denuncia permanente de la ingerencia de la superpotencia en toda Europa y las posiciones filo-fascistas de algunos gobiernos y movimientos , -vosotros estableceis linea para muchisimos sectores sociales y cuadros de la izquierda- y por otro lado fortalecer y dar aliento a todos los movimientos sociales para que desde sus justas reivindicaciones tiren tambien del resto de la sociedad. Hay mucho camino por recorrer. No se deciros nada mas. !salud y adelante!

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