Son ya 88 los soldados españoles muertos en Afganistán

Tributo en sangre al Imperio

Zapatero llega a su cita con Obama en la Casa Blanca no solo con el obsequio del aumento de las tropas españolas en Afganitán, sino con un nuevo tributo en sangre. Con la muerte del cabo Cristo Cabello, en un atentado de la insurgencia talibán, son ya 88 los militares españoles muertos en la guerra de Afganistán, entre los que están incluidos los 63 muertos por el accidente del Yak-42 y los 17 del helicóptero Cougar.

La muerte del cabo Cabello y sus cinco comañeros heridos por la bomba colocada al paso del BMR ha vuelto a reactivar el debate sobre el problema de la seguridad y equipamiento de nuestros soldados en esta guerra. Desde numerosos medios se insiste en que el empecinamiento de Zapatero en no reconocer que España está implicada en una guerra y no en una “misión de reconstrucción y cooperación civil” ha retrasado el envío de equipamiento y material adecuado a los riesgos de la misión. Como decía la madre de Cabello: “Están vendidos, el armamento es muy antiguo… Mi hijo fue consciente del peligro cuando llegó allí, porque ellos iban de ayuda humanitaria y para reconstrucción”.La misma ministra de Defensa, reconoce en una entrevista en el diario ABC que “la tarea se desarrolla en un escenario de violencia generalizada, de gran riesgo, de ataques frecuentes de la insurgencia”. En los hechos el gobierno se han visto obligado a enviar nuevo material de guerra, los nuevos blindados RG-31 que empezarán a llegar este mismo mes para sustituir a los obsoletos BMR. Y a enviar más soldados, atendiendo a las peticiones de Obama y a los cambios de estrategia de los generales norteamericanos, que son los que marcan la estrategia de las tropas internacionales, ahora con mayor presencia en las zonas bajo dominio de la insurgencia y más interacción con la población local. Lo que aumenta los riesgos, ya que la insurgencia, presionada por los combates en el sur y el este, se está desplazando hacia el norte y el oeste donde están las tropas españolas. Lo han demostrado los últimos ataques y atentados y se reconoce desde diversos medios militares, “los combates son continuos, hay una mayor peligrosidad intensificada en el último año y medio”.Si a pesar de todo Zapatero se empeña en seguir hablando de “misión humanitaria” es porque quiere mantener a la opinión pública anestesiada frente a la guerra y sus consecuencias y la inevitable equiparación a lo que hizo Aznar en la guerra de Irak. Y, por otro lado, camuflar como “política de paz” lo que no es más que una subordinación al hegemonismo del Imperio, por más que se presente bajo un “emperador bueno” frente a la anterior Administración “militarista” de Bush. Una guerra de ocupación Precisamente eso es lo que tratan de vender desde el gobierno aprovechando el viaje de Zapatero a la Casa Blanca: “la gran sintonía política” con la Administración de Obama, incluso “personal” de Zapatero con el “emperador bueno”, en cuyo nombre se comprometen los próximos cinco años aumentando en un 40% el contingente de tropas en Afganistán, se prepara el envío de otros 200 soldados al Libano o se anuncia que el gobierno renovará el Convenio con Estados Unidos para mantener las bases americanas en España y la integración de nuestro país en la estrategia militar del Pentágono.El cambio de Administración norteamericana puede cambiar la estrategia y la táctica para Afganistán, pero no la naturaleza de la guerra: una guerra imperialista de ocupación al servicio de los intereses hegemonistas de EEUU, cuyo objetivo estratégico es afianzar su presencia político-militar en Asia Central, una de las regiones una de las regiones geopolíticas más determinantes del planeta, cuña entre sus dos principales rivales, China y Rusia.Los diferentes sectores de la burguesía monopolista norteamericana debaten qué es más rentable para sus intereses estratégicos y retrasar el ocaso del Imperio: si una estrategia de “contrainsurgencia total” (como propone el jefe de las tropas en Afganistán, el general McCrysthal, y que contaría con el respaldo del complejo militar industrial, los republicanos y una parte de la propia Administración Obama) para consolidar una fuerte presencia político-militar en la región, con el riesgo evidente de un fracaso como el de Irak. O, por el contrario, una “fuerza militar limitada” que “empujando” a los talibanes y Al Qaeda hacia el interior, lleve su potencial de inestabilidad y conflicto dentro mismo de las fronteras rusas y chinas; con todo lo que eso implica a su vez al alimentar un monstruo, el fundamentalismo islámico, que puede volverse contra ellos mismos.En cualquier caso la estrategia a la que está abocado Obama es peligrosamente diabólica. Y mientras se decide exige a sus países “subordinados y aliados” una mayor implicación militar en el conflicto. Zapatero no sólo somete nuestros intereses nacionales a los designios del Imperio, sino que para responder a la llamada del nuevo “emperador bueno” ya ni siquiera repara en el tributo en sangre que nuestros soldados han de pagar por ello. De nuevo: ¡En nuestro nombre, NO! En el nuevo orden mundial multipolar que se está gestando, con nuevas potencias emergentes llamadas a ocupar un papel fundamental en las relaciones internacionales, ni los intereses de nuestro país, ni los de la paz mundial, pueden pasar por someternos a la estrategia político-militar al servicio de retrasar el ocaso del Imperio; y mucho menos pagar por ello un tributo en sangre cada vez más alto.Que la oligarquía bancaria y monopolista de nuestro país y las cúpulas de los dos grandes partidos, PSOE y PP, estén dispuestos a ello, a cambio de sentar a Zapatero, o a quien le sustituya, más cerca del emperador (G-20) o ser recibido en la Casa Blanca (como hizo Aznar) no quiere decir que esos sean los intereses de nuestro país. Por el contrario, salir inmediatamente de la guerra de Afganistán y desvincular a España de la estrategia norteamericana (también en la guerra del Líbano o la continuidad de las bases norteamericanas en nuestro país que trajo Franco) es el camino para establecer nuestro propio papel en un mundo cambiante.Otra vez, como cuando la guerra de Irak, hay que hacer que el sentimiento profundo del pueblo español, de independencia y defensa de la paz, salga a la superficie y se manifieste exigiendo la salida de Afganistán.¡No a la guerra de Afganistán! ¡No en nuestro nombre! ¡Vuelta inmediata de las tropas!

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