Semana negra de violencia machista

Tic, tac…

Con esta semana negra sumamos cinco víctimas más y la mayoría de medidas del pacto de Estado contra la violencia de género aún no se han puesto en marcha. Despertad, nos va la vida en ello.

“Ya te puedes ir despidiendo de las niñas. Me voy a cargar lo que más quieres.” Esta amenaza, después cumplida por el maltratador, no fue suficiente para que la jueza otorgara protección a Nerea y Martina, de seis y tres años, y a su madre. No fue suficiente el miedo de una mujer y su súplica. No fue suficiente el saberse en un país que lleva ya 38 asesinadas por violencia de género (solo los casos admitidos por Interior) en lo que llevamos de año. Y yo me pregunto entonces qué más necesita nuestra clase política y la justicia para reaccionar. Cuántas más asesinadas hacen falta, señores y señoras, para remover sus conciencias y que nos tomen en serio. Para que dejemos de gritar a la nada. Para que esto sea considerado como lo que es: un asunto de Estado, una emergencia nacional.

Este terrible caso – que se suma a la semana negra en la que llevamos cinco víctimas- saca a relucir de nuevo el tema de la custodia de los hijos cuando ha existido violencia de género en la pareja. Hay jueces que creen que se puede separar el trato que da un hombre a su pareja con el trato a sus hijos, que un maltratador puede ser un padre perfecto, y condenan a los niños a convivir con el que ha perturbado su infancia con gritos y golpes a una persona querida, con el que les ha mantenido aterrorizados, deseando que todo acabara, en sus habitaciones. La realidad es que una persona capaz de creer que una mujer le pertenece y que puede hacer con ella lo que quiera, de igual modo tratará a quienes están por debajo jerárquicamente en autoridad. Los 27 niños asesinados por violencia de género desde que ésta se contabiliza nos confirman que un hombre violento jamás puede ser un buen padre.

La sensación de que la sensibilidad popular va varios pasos por delante de sus autoridades se acentúa. Cada vez más, en especial los jóvenes, avanzamos en el pensamiento crítico y nos cuestionamos la masculinidad y feminidad tóxicas aprendidas, los roles de dominación y sumisión adquiridos en sociedad; a pesar de que una parte de la población aún permanezca refractaria a estos cambios.

Y a la par, sin embargo, vemos que la justicia no se activa como un resorte cuando una mujer denuncia, que no siempre se toman en serio sus palabras, que a pesar de todas las asesinadas que ya cargamos a nuestras espaldas muchos jueces no ven amenaza real. Y todos los mecanismos de protección que deberían ponerse a funcionar para evitar lo de siempre, el final que tan bien desgraciadamente conocemos, no lo hacen. No hay suficiente voluntad política ni jurídica. Un año después del pacto histórico de Estado contra la violencia de género, la mayoría de las más de doscientas medidas propuestas aún no se han puesto en marcha y la comisión de seguimiento para asegurar que se aplican de forma correcta solo se ha reunido una vez. Una vez. Seguimos sin ser una prioridad. Se trata de nosotras, las de siempre, la otra mitad.

Justicia y política deben sensibilizarse de verdad y trabajar de la mano para que esto no ocurra más. Se empieza educando tanto en la familia como en el colegio, pasando por luchar contra la mercantilización de la mujer (innata al capitalismo y por tanto, imposible de erradicar actualmente) y asegurando su protección cuando lo anterior no haya sido suficiente. No basta con que nos comprometamos como sociedad a cambiar ciertos valores, si la autoridad, los elegidos para en teoría “servir al pueblo” no cumplen con su cometido.

Señores políticos, señores jueces: llevamos más de 900 asesinadas por violencia machista desde 2003, cuando quieran empiezan a tomárselo en serio. Sin prisa, solo tienen en sus manos el destino de mujeres.

Un comentario sobre “Tic, tac…”

  • Muy buen artículo Lucía. Me han conmovido tus palabras por que vienen de tu corazón y con una verdad que es una losa. Una losa q por muy pesada que sea hoy se mueve pues bajo su superficie brota una lámina de agua fresca y pura

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