Homenaje

Sólo Cohen

Buscó ambas cosas obstinadamente por su propia experiencia. Preñado de la religiosidad inculcada desde su origen en una familia de emigrantes judí­os en Canadá, viajó a Israel para trabajar en un kibutz y acabó conviviendo con los soldados en los campamentos donde estuvo cantando durante la primera guerra árabe-israelí­,… y poco después se pasó al catolicismo, hasta que muchos años más tarde se auto-recluyó en un templo budista, esperando entre las religiones (“todas conspiran para hacerme libre”) una libertad a la que cantó en cada verso.

Su otro canto es el de un amor (“el amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”), con una combinación de sexo y (nuevamente aparece) sentimiento religioso; pero sin mojigateria alguna, alabando la sensualidad. En varios textos narra inseparablemente el misticismo y la pasión sexual. En los versos de su conocido tema “Halellujah”, que parecería un canto de misa -toma de hecho la historia de un pasaje de la Biblia sobre una infidelidad del rey David- hasta que el aleluya se transforma en la expresión de alegría por ver a otra mujer bañándose desnuda o por la reacción pasional de su propia mujer: “Tu fé era fuerte, pero necesitabas una prueba/ La viste bañarse en el tejado./ Su belleza, y el brillo de la luna, te superaron./ Te ató a la silla de su cocina./ Rompió tu trono, y cortó tu pelo./ Y de tus labios arrancó un aleluya (…)”. Incluso en una canción más política como Democracy desliza estos versos: “Oh cariño, haremos el amor de nuevo/ iremos hacia abajo tan profundo,/ que el río se va a derramar, y las montañas van a gritar Amén!”

Fue primero poeta, y entre 1959 y 1966 publicó cinco libros, escritos los últimos en una isla griega donde residió un tiempo. Viajó a la Cuba de Fidel durante la invasión de Bahía de Cochinos por Estados Unidos. Sugirió más tarde que su estancia en La Habana lo alejó de los movimientos revolucionarios. Cuba ya había entregado parte de la soberanía y la libertad a Moscú y eso no cabía en la integridad de Cohen que da media vuelta y sigue su camino. Tras instalarse en Nueva York en 1967 es cuando grabó su primer álbum musical de los 20 que seguirían, creando canciones conocidas universalmente como “Suzanne” o “Baila conmigo hasta el fin del amor”.

Sus textos se pueden leer con el mismo tono susurrante con el que cantaba. Con la misma sinceridad y con la misma modestia (“No puedo decir si mi trabajo que empezó como una rana, se convertirá en un príncipe”). Pero así, susurando, como sin querer destacar, nunca desterró su rabia contra la injusticia. En el turbulento 1970, al asesinato de 4 estudiantes por la policía norteamericana en la protesta contra la guerra de Vietnam en mayo en la universidad de Ohio, siguió en agosto una bomba contra los organizadores de otra protesta. En septiembre muere Jimi Hendrix y en octubre Janis Joplin (a quien Cohen había dedicado su canción “Chelsea Hotel” tras un romance entre ambos). Apenas unos días más tarde Cohen encabeza el cartel de un concierto con el lema: “Traigámoles a casa desde Vietnam”. Y si se oponía a la guerra contra el pueblo vietnamita, una vez más remarcaba que no era por mero pacifismo, pues al tiempo, en la letra de “El partisano” alababa a los guerrilleros que lucharon contra el nazismo en Europa y la entereza de quienes les ayudaban: “(…) Una anciana mujer nos dio refugio,/ nos escondimos en la buhardilla,/ entonces vinieron los soldados;/ ella murió sin un susurro./(…) pero debo continuar; las fronteras son mi cárcel./ Oh, el viento, el viento sopla,/ a través de las tumbas el viento sopla,/ la libertad pronto vendrá;/ entonces saldremos de las sombras./ Un anciano en un granero/ Por la noche nos escondió,/ Los alemanes le capturaron;/ Murió sin sorpresa alguna”.

Buscó inicialmente su inspiración en el estudio de los poetas ingleses, hasta que encontró su plena identificación con Lorca, que se reflejó en su participación en un disco en recuerdo al poeta, con Lluis Llach, Paco de Lucía… entre otros, en el que introdujo su parte de homenaje basándose en el poema Pequeño vals vienés. La influencia de Lorca se verá claramente en varios de sus poemas y canciones. Así, suena a Poeta en Nueva York el poema “La energía de los esclavos”: “Un día de estos/ serás el blanco/ del desprecio de los esclavos./ Entonces no hablarás con tanta tranquilidad/ sobre tu libertad y tu amor./ Entonces te aguantarás las ganas/ de ofrecernos tus respuestas./ Tú tienes muchas cosas en la cabeza./ Nosotros sólo pensamos en la venganza”.

Porque aunque su rechazo visceral a lo que ofrecía la degenerada Unión Soviética y sus defensores, le impidió encontrar su espacio para luchar, dejó claras sus intenciones en su “Primero tomemos Manhattan”: “Me sentenciaron a veinte años de aburrimiento./ Por intentar cambiar el sistema desde dentro./ Ahora vengo, vengo a recompensarlos./ Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín”. Preguntado por el significado de estos versos contestó: Recuerdo un gran poema de Irving Layton que parafrasearé. Dice algo como “Bueno, sus muchachos a veces hacen estallar un avión y matan a unos cuantos niños por aquí y por allá, pero nuestros terroristas… Jesús, Freud, Marx, Einstein… el mundo entero aún está temblando de miedo”.

Extractos del discurso en la recepción del premio Principe de Asturias de las letras

“(…) La poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Así que me siento como un charlatán al aceptar un premio por una actividad que yo no controlo. Es decir, si supiera de dónde vienen las buenas canciones, me iría allí más a menudo.

Mientras hacía el equipaje, cogí mi guitarra. Tengo una guitarra Conde que está hecha en el gran taller de la calle Gravina, 7, en España. Es un instrumento que adquirí hace más de 40 años. La saqué de la caja, la alcé, y era como si estuviera llena de helio, era muy ligera. Y me la acerqué a la cara, miré de cerca el rosetón, tan bellamente diseñado, y aspiré la fragancia de la madera viva. Ya saben que la madera nunca llega a morir. (…) Y una voz parecía decirme: «Eres un hombre viejo y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud a la tierra de donde surgió esta fragancia». Así que vengo hoy, aquí, esta noche, a agradecer a la tierra y al alma de este pueblo que me ha dado tanto. Porque sé que un hombre no es un carnet de identidad y un país no es solo la calificación de su deuda.

Ustedes saben de mi profunda conexión con el poeta Federio García Lorca. (…) Solamente cuando leí, las obras de Federico García Lorca, comprendí que tenía una voz. (…) Y conforme me iba haciendo mayor comprendí que con esa voz venían enseñanzas. (…) Nunca lamentarnos gratuitamente. Y si uno quiere expresar la grande e inevitable derrota que nos espera a todos, tiene que hacerlo dentro de los límites estrictos de la dignidad y de la belleza.

Y entonces ya tenía una voz, pero no tenía el instrumento para expresarla, no tenía una canción.

Y ahora voy a contarles muy brevemente la historia de cómo conseguí mi canción. (…) un día, a principios de los 60, estaba de visita en casa de mi madre en Montreal (…) y había un joven tocando la guitarra, una guitarra flamenca (…) Había algo en su manera de tocar que me cautivó. Yo quería tocar así y sabía que nunca sería capaz. Así que me senté allí un rato con los que le escuchaban y cuando se hizo un silencio, un silencio apropiado, le pregunté si me daría clases de guitarra. Era un joven de España (…) Y accedió a darme clases de guitarra. (…) Me dijo: «Deja que te enseñe algunos acordes». Y cogió la guitarra y produjo un sonido con aquella guitarra que yo jamás había oído. Y tocó una secuencia de acordes en trémolo, y dijo: «Ahora hazlo tú». (…) Volvió al día siguiente, me puso las manos en la guitarra, la colocó en mi regazo, de manera adecuada, y empecé otra vez con esos seis acordes (…) Al día siguiente no vino, él no vino. (…) me dijeron que se había quitado la vida (… ) Esos seis acordes, esa pauta de sonido de la guitarra han sido la base de todas mis canciones y de toda mi música. Y ahora podrán comenzar a entender las dimensiones de mi gratitud a este país. Todo lo que han encontrado de bueno en mi trabajo, en mi obra, viene de este lugar. Todo lo que ustedes han encontrado de bueno en mis canciones y en mi poesía está inspirado por esta tierra. Y, por tanto, les agradezco enormemente esta cálida hospitalidad que han mostrado a mi obra, porque es realmente suya, y ustedes me han permitido añadir mi firma al final de la página.

Muchas gracias, señoras y señores.”

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