Para comprender lo que sucede en el mundo, marcado por la ofensiva norteamericana bajo la presidencia de Trump, debemos liberarnos de dos ideas erróneas que nos empujan a una confusión de la que es imposible salir.
Son dos bulos que se repiten incesantemente. Se nos presentan como verdad pero son mentira. Si nos los creemos no podremos entender nada.
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Primer bulo a desmontar:
No, no es verdad que EEUU esté en manos de un loco imprevisible como Trump

Se nos intenta convencer de que la superpotencia ha sido secuestrada por un loco naranja que gobierna a golpe del tuit que se le ocurre nada más despertarse. Que la actuación de EEUU en el mundo está al albur de las excentricidades de Trump.
No es verdad.
Incluso se habla de la posibilidad de invocar la 25ª enmienda de la Constitución americana, que permite inhabilitar a un presidente al considerarlo incapaz de ejercer el cargo.
Este es un bulo que nos impide comprender la política de Trump, y a quién defiende con sus actuaciones.
Las decisiones del gobierno presidido por Trump no son caprichosas, ni están sometidas a la personalidad de un solo individuo.
Forman parte de un plan meditado, elaborado por los centros del Estado norteamericano, y que responde a las necesidades estratégicas de la superpotencia.
Está escrito en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), la “hoja de ruta” del imperio norteamericano, que cada gobierno publica al principio de su mandato.
Todo lo que Trump ha hecho no son “excentricidades” de “un demente”. Simplemente ha ejecutado el plan diseñado en la ESN aprobada a finales del pasado año.
En la ESN se situó una diana sobre Hispanoamérica. Al afirmar que “tras años de abandono, EEUU reafirmará y aplicará la doctrina Monroe” para imponer “una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses”. A la luz de esto, EEUU intervino en Venezuela o ahora lanza furiosos ataques sobre Cuba.
Tampoco es una “ocurrencia” de Trump sus ambiciones sobre Groenlandia. La isla es la puerta al Ártico. EEUU quiere tomar posiciones en el Ártico, y sobre todo impedir que las tomen China o Rusia.

Y al atacar Irán, Trump sigue la estela de la tradicional política norteamericana en Oriente Medio.
Irán ha estado desde hace décadas en el punto de mira de Washington. Tras el 11-S, EEUU se disponía a invadir Irán como el próximo paso tras haber hecho lo propio en Afganistán e Irak. Estaba escrito en el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, que dirigía los pasos de Bush. Eliminar al régimen iraní, o debilitarlo en extremo para que no pueda jugar papel alguno en la zona, es una vieja aspiración norteamericana.
La política de Trump es criminal, pero no son fantasías de un loco. Siguen la “política de Estado” mantenida por EEUU desde que es una superpotencia. La aplicaron todos los presidentes republicanos, desde Reagan, para derrotar a la URSS, hasta Bush jr, intentando tras el 11-S una dictadura mundial disfrazada bajo la bandera de la “lucha contra el terrorismo”. Y, bajo otras formas, también la han ejecutado los presidentes demócratas. Fue Obama quien inauguró la política de contención a toda costa de China que Trump sigue hoy.
Detrás de Trump está la política por la que apuestan los dueños de EEUU, la gran burguesía norteamericana, para mantener su dominio mundial.
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Segundo bulo a desmontar
Es mentira que Israel se haya impuesto sobre EEUU en la guerra contra Irán

Se nos vende que Israel ha arrastrado a EEUU a la guerra contra Irán. Incluso algunos se atreven a contarnos que Netanyahu y Trump compartieron velada en nochevieja, y allí el líder israelí convenció al norteamericano para embarcarse en el conflicto. O nos dicen que Tel Aviv avisó a Washington de la reunión donde se iba a juntar la cúpula del régimen iraní, obligándole a atacar para liquidarlos.
No es verdad. En la relación entre Washington y Tel Aviv quien manda es EEUU, y no al revés.
La superpotencia, también en Oriente Medio, es EEUU. Y no Israel. EEUU dispone en la zona de 19 bases militares, y un despliegue permanente de 40.000 soldados, aviones de combate y buques de guerra.
Israel no solo no manda sobre Washington sino que depende de EEUU para existir. Sin el apoyo económico, político y militar de la superpotencia, Israel no podría mantenerse.
Es EEUU quien financia a Israel. Todos los años, EEUU da a Israel entre 3.500 y 6.500 millones de dólares. A fondo perdido. Pero en momentos de escalada bélica ese apoyo de la superpotencia es mucho mayor. Desde el 7 de octubre, con Biden y Trump, con un genocidio en Gaza de por medio, el volumen de ayuda económica y militar norteamericana a Israel ha sido de 22.000 millones de dólares. La ayuda total histórica a Israel (desde 1948) supera los 300.000 millones de dólares ajustados por inflación.
En el momento más crítico de la Guerra Fría, Alexander Haig, que pasó de ser comandante supremo de la OTAN a ser nombrado por Reagan responsable de la política exterior norteamericana, sintetizó lo que significa Israel para EEUU: “es el mayor portaaviones estadounidense, es insumergible, no lleva soldados estadounidenses y está ubicado en una región crítica para la seguridad nacional de Estados Unidos”.
En 1986, el entonces senador Joe Biden lo reafirmó al confesar que “si no existiera Israel, EEUU tendría que inventarlo para proteger sus intereses en la región”.
“si no existiera Israel, EEUU tendría que inventarlo para proteger sus intereses en la región”.
La protección y amparo de Israel, convirtiéndolo en la mayor potencia militar de Oriente Medio y en uno de los mayores ejércitos del mundo, es una apuesta estratégica de la superpotencia. Se ha mantenido inalterable sea cual sea el inquilino de la Casa Blanca, con Bush y con Obama, con Trump y con Biden.
Israel es el gendarme local de EEUU en Oriente Medio. En esto se basa su poder… siempre sometido a los mandatos de la superpotencia. Tel Aviv no hace nada sin contar con el consentimiento de Washington.
Esta relación de sometimiento de Israel respecto a Washington ha quedado demostrada estos días.
En la política israelí se critica a Netanyahu porque Israel ha quedado totalmente al margen de las conversaciones que han dado lugar al alto el fuego temporal. Es un asunto que lo ha llevado EEUU sin consultar con Tel Aviv. E Israel no ha tenido más remedio que aceptarlo.
Y la Casa Blanca ha hecho público que Trump llamó a Netanyahu para obligarle a que entablara negociaciones con Líbano para poder alcanzar un alto el fuego. Una vez más, Netanyahu ha acatado las órdenes de Washington, aunque no las comparta.

