Venezuela: Guarimbas y guerra económica

Resistiendo una guerra no convencional

Los ataques contra Venezuela por parte del hegemonismo norteamericano no han conocido descanso desde la llegada de Hugo Chávez al gobierno. Ahora la táctica de Washington para derribar al gobierno de Caracas se desenvuelve bajo la forma de “golpe blando”: guerra económica (caí­da del precio del petróleo, especulación, desabastecimiento), bombardeo mediático constante, movilizaciones violentas -las llamadas “guarimbas”. Y una oposición que utiliza su mayorí­a en la Asamblea Nacional para desestabilizar aún más el paí­s.

Más allá de los errores cometidos por la revolución bolivariana, como la excesiva dependencia de su economía de una sola fuente principal (el petróleo) o una errónea gestión de las contradicciones en el seno del pueblo que ha facilitado que la oligarquía y el imperialismo se hayan atraído a buena parte de las clases medias, la grave crisis económica, política y social que vive hoy el país -distorsionada y magnificada por la artillería mediática- es el resultado de la estrategia desestabilizadora diseñada por Washington.

El gobierno de Maduro ha tenido que afrontar severas amenazas a lo largo de los últimos años. La caída del precio del crudo -instigada globalmente por EEUU para hostigar no sólo a Venezuela, sino también a enemigos como Irán o Rusia- ha privado al país del 70% de su principal fuente de divisas.

La declaración unilateral por parte de Washington de Venezuela como una amenaza “inusual y extraordinaria” a su seguridad nacional, que contribuye a la desestabilización del país. Las maniobras de la oligarquía vendepatrias para crear desabastecimiento, caos económico y malestar social. El continuo asedio mediático -por parte de una amplia batería de televisiones y periódicos en manos de la oligarquía- y las violentas guarimbas -instigadas por líderes opositores como Capriles o Leopoldo López- que causaron más de 40 muertos entre 2013 y 2014. “La grave crisis económica, política y social que vive hoy el país, distorsionada y magnificada por la artillería mediática, es el resultado de la estrategia desestabilizadora diseñada por Washington”

Y finalmente, fruto del desgaste causado por todo ello, la victoria de la oposición en las elecciones legislativas de principios de año, que han transformado la Asamblea Nacional en una nueva trinchera para tratar de boicotear todas las medidas del gobierno y crear una crisis institucional antagónica.

Pese a este panorama ferozmente desestabilizador, el gobierno bolivariano ha logrado ubicar a Venezuela entre los países con mayor índice de desarrollo humano, hecho reconocido por la ONU. Sólo en 2015, el ejecutivo de Maduro ha incluido a 50.000 nuevos pensionistas, alcanzando un total de 3 millones, cuando antes del chavismo sólo 387.000 personas recibían pensiones.

A lo largo del último año ha subido hasta 4 veces el salario mínimo y ha construido más de un millón de viviendas populares.

Pese a que en la últimas elecciones legislativas, una parte del tradicional electorado chavista se mantuvo en la abstención -posibilitando el triunfo de la derecha, que no experimentó aumento de votos- el gobierno bolivariano mantiene una enorme base de apoyo popular, sobretodo entre las clases más bajas, las principales beneficiarias de la redistribución de la riqueza que se han desarrollado desde 1999. La batalla en Venezuela está lejos de acabar.

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