Alimentación y demencia

Recuerda, Dieta Mediterránea

Mens sana in corpore sano. Vea usted en qué puede aproximar su dieta al modelo de la dieta mediterránea y con ello cuidará de su salud general, incluidas sus capacidades mentales.

Sin embargo, el mundo va por otros derroteros. El pasado mes de diciembre, el G-8 (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón, Rusia y Estados Unidos) se reunió en Londres para diseñar una estrategia global de lucha contra la demencia, un mal que (según la OMS) se “saldrá de control” en las próximas décadas y pondrá en peligro los presupuestos sanitarios de los estados.

Un grupo de expertos de varios países recomendaron por carta a los líderes del G8 incluir la dieta mediterránea como eje de la lucha global contra la demencia, por delante de cualquier estrategia farmacológica. Uno de los firmantes, el doctor británico, Aseem Malhotra, afirmaba: “no vamos a superar el creciente coste de las enfermedades crónicas recetando más pastillas; la propia profesión médica ha sido culpable de atribuir demasiada importancia a los medicamentos, cuyos beneficios son a menudo exagerados y sobrevalorados por la industria farmacéutica”.

“La dieta mediterránea debe ser el eje de la lucha global contra la demencia”

Se anticipaban, quizás a conciencia, a las palabras del ministro de Salud británico, Jeremy Hunt, quien afirmó en el encuentro del G8 que había que hacer lo mismo que con el sida, impulsar la creación de fármacos. El objetivo al que van a dedicar grandes inversiones, es encontrar un tratamiento para 2025.En los últimos 15 años más de 100 fármacos experimentales contra el Alzheimer han fracasado en su desarrollo. Hoy por hoy, no existe ni cura ni fármacos que modifiquen el curso de una enfermedad cuya prevalencia se prevé que casi se duplique en 2030 y se triplique para 2050 con 135 millones de enfermos. Encontrar una cura farmacológica es responder a un grito de auxilio, por supuesto. Hoy el 70% del gasto mundial (600 millones al año) se hace en EEUU y en Europa occidental, aunque el 58% de los enfermos viven en países emergentes, un porcentaje que aumentará al 70% para 2050. Pero, ¿por qué no se coge como eje la prevención sobre la inmensa mayoría de la población sana? La necesidad de prevenir de forma asequible y masiva la enfermedad clama al cielo. Y, en este campo, la base probatoria sobre la capacidad preventiva de la dieta mediterránea con todas las enfermedades crónicas que asolan el mundo occidental es abrumadora.La última expresión, en mayo pasado, nos la ofrecieron investigadores de la Universidad de Navarra participantes en el revolucionario estudio español PREDIMED. Afirman que la dieta mediterránea podía mejorar las capacidades mentales de personas mayores.

Es la primera vez que una muestra muy amplia, repartida de manera aleatoria entre los grupos con y sin dieta mediterránea, demuestra estos beneficios a nivel cerebral. Su coordinador, el profesor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Medicina Preventiva en la Universidad de Navarra, destaca que el aceite de oliva favorece la eliminación de la proteína beta-amieloide, clave en el Alzheimer, y reduce los marcadores de inflamación, aunque hacen falta más estudios para explicar los mecanismos por los que la dieta hace efecto.

“Es la primera vez que una muestra muy amplia demuestra estos beneficios a nivel cerebral”

El equipo del profesor Martínez afirmó el pasado octubre, coincidiendo con el Día Mundial de la Salud Mental, que el patrón alimentario de dieta mediterránea “reduce entre un 40 y un 50% el riesgo de desarrollar depresión (…) La bollería industrial y la comidas rápidas representan un mayor riesgo de desarrollar cuadros depresivos y la obesidad infantil y juvenil se asocia a la depresión en la vida adulta”.

Este científico resalta, de la dieta mediterránea, el aceite de oliva, la abundancia en verduras, fruta y algo de vino tinto con las comidas. Escasean los postres muy dulces y las carnes rojas y abundan los legumbres, los cereales, los pescados y los frutos secos. La abundancia en alimentos con ácidos omega tres, ácido fólico y vitaminas del grupo B colaboran en las reacciones bioquímicas de síntesis de neurotransmisores y en la fluidez de las membranas neuronales.

De la misma forma, otro equipo español-norteamericano, publicaba el pasado mes de agosto un estudio que ponía de manifiesto la capacidad preventiva de la dieta mediterránea sobre el ictus, llegando a compensar totalmente la mala influencia genética. El director del estudio lo explica: “las dietas bajas en grasa van bien para unos, no ofrecen beneficios para otros y pueden ser contraproducentes para algunos. Sin embargo, la dieta mediterránea parece ser que va bien para unos y mejor para otros”. Los beneficios se deben al aceite de oliva y los frutos secos por sus cualidades anti-inflamatorias y anti-oxidantes.Un estudio revolucionarioEspaña, su ciencia, se ha puesto en primera línea mundial de la lucha contra las grandes enfermedades de nuestro tiempo con el estudio Predimed (Prevención a través de la dieta mediterránea). La dieta mediterránea pasa a tener una evidencia científica incontestable para, si hay voluntad, forzar la intervención médica en la alimentación.Hasta ahora venían rigiendo las recomendaciones de la Asociación Americana de Cardiología (AHA) para reducir las grasas de la dieta. Ahora se ha demostrado en la práctica que la dieta mediterránea es claramente superior a dichas recomendaciones.

Predimed ha tenido eco a nivel mundial, un hecho sin precedentes para la ciencia española. Si bien se sabía desde los años 60 que los países mediterráneos teníamos menor índice de infartos y mayor longevidad, fue en febrero de 2013 cuando se publicaron en el New England Journal of Medicine los resultados de un estudio multicéntrico, hecho sobre 7.000 voluntarios y que constata que dicha dieta reduce en un 30% el riesgo de infarto, de ictus o de muerte por causa cardiovascular. Muy por encima de la dieta baja en grasas.

Se comparaba un grupo al que se ayudaba a programar comidas basadas en la dieta mediterránea y al que se le daba aceite de oliva virgen (2,5 toneladas de aceite semanales cedidas por los productores españoles); otro grupo hacía lo mismo pero suplementaba la dieta con frutos secos; y un tercer grupo control seguía una dieta baja en grasas.

“Demencia, depresión, infarto, ictus, diabetes… son el cortejo de enfermedades ligadas a la inflamación crónica”

Los resultados colaterales de este estudio también son contundentes. Recién descorchado 2014, se publicó un ensayo clínico en el que han participado 3.541 hombres y mujeres sobre la capacidad preventiva de la dieta mediterránea sobre la diabetes. Hasta ahora se actuaba reduciendo las calorías y recomendando ejercicio. Con este estudio es la primera vez que un ensayo realizado de forma aleatoria demuestra que también es posible hacerlo sólo cambiando el patrón dietético, sin reducción de calorías, ni metas de pérdida de peso o de ejercicio físico. Demencia, depresión, infarto, ictus, diabetes… son el cortejo de enfermedades, de las grandes epidemias de nuestro tiempo, ligadas a la inflamación crónica que se instaura en nuestro cuerpo cuando la dieta se compone de un exceso de azúcares de alta densidad y un exceso de grasas proinflamatorias omega6 en detrimento de las antiinflamatorias omega3.

Décadas de intervención de la industria alimentaria, cuyo beneficio va ligado al uso de aceites y azúcares baratos y malsanos, y la industria farmacéutica, cuyo beneficio va ligado a asignar una pastilla a cada enfermedad, han impedido concebir una estrategia de prevención basado en recuperar lo bueno de nuestra alimentación tradicional. No se trata de hacer un régimen especial, sino de potenciar algo en lo que España era espejo y ejemplo hace unas décadas.

Recuerda, dieta mediterránea.

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