El ébola desbocado

¿Quién responde de este desastre?

El desbocado brote epidémico de í‰bola en el Golfo de Guinea es un desatino del que alguien debe responder. Más de 3000 infectados, de los que han muerto 1500 a fecha de 26 de agosto, el 40% ellos en las tres semanas anteriores a dicha fecha, dan cuenta del enorme fracaso en la contención del brote. En sólo ocho meses ya se han duplicado los casos y fallecidos que suman los 26 brotes de los últimos cuarenta años.

Aunque se cree que el caso 0 fue un niño de 2 años de edad que enfermó el 6 de diciembre de 2013 en la región Guéckédou de Guinea, no fue hasta tres meses después, en marzo, que cundió la alarma. Decenas de personas ya habían muerto en ocho comunidades de Guinea, y aparecían algunos casos sospechosos en Liberia y Sierra Leona. Médicos Sin Fronteras ya advirtió, en esa ocasión, que la extensión y carácter urbano del brote jugaba en contra de su control. La OMS sentenció que la alarma no estaba fundada.

Como resultado, la estrategia seguida en los anteriores brotes, mucho más acotados, no ha funcionado en este. El 24 de junio, MSF declaró que el brote estaba “fuera de control”, que sus equipos habían llegado al límite y reclamó un despliegue masivo de recursos. A 2 de agosto, la Cruz Roja criticaba “la nimia respuesta de la comunidad internacional”. El 15 de agosto, MSF, después de la alerta internacional lanzada por la OMS calificó el esfuerzo para contener el brote de “peligrosamente inadecuado”. ¿Por qué hemos llegado hasta aquí?

“La OMS desoyó la alerta de Médicos Sin Fronteras en marzo”

Verdades ocultasCierto es que la inacción de la OMS corre paralela a la escandalosa falta de voluntad de la industria farmacéutica en invertir en investigación sobre el virus; algo a lo que se niega porque los brotes son tan raros y afectan a tan pocas personas que no es rentable.

Pero su activación nos pone sobre la pista de los vectores que la rigen. Sólo cuatro días después de la cumbre EEUU-África en Washington, a la que no asistieron los presidentes de Liberia y Sierra Leona, la OMS declaraba una emergencia internacional de salud pública y un alto funcionario de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades decía ante el Congreso norteamericano que la extensión a EEUU era inevitable.A los cuatro días, el Comité de Ética de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aprobó el uso de tratamientos experimentales en víctimas del ébola y, acto seguido, la Casa Blanca hace pública la llamada de Obama a los presidentes de los países afectados. Dos semanas después, a finales de agosto, la OMS alarma sobre la posibilidad de que en 6 meses se infecten 20.000 personas y, al alimón; EEUU anuncia los primeros experimentos. Sin embargo, a estas alturas y, tal como nos ha confirmado la portavoz de MSF en Euskadi, Teresa Guilarte, el despliegue de recursos humanos y materiales no se ha hecho todavía.

Los principales avances en investigación, hechas por pequeñas empresas biotecnológicas, sí tiene quien las financie, el Instituto del Ejército de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas de EE.UU. (USAMRIID) en su cruzada contra el bioterrorismo. El gobierno de EEUU detenta la patente de una de las cinco variedades del virus del ébola del cual se desarrollan estos tratamientos.

Los demonios de ÁfricaCierto es que Guinea, Liberia y Sierra Leona son algunos de los países más pobres del planeta. Pero, a la vez, África Occidental en su conjunto es una zona emergente y estratégica. Tras unos años noventa marcados por devastadoras guerras, Sierra Leona y Liberia, y con ellas toda África occidental, estaban experimentando un crecimiento económico significativo.

Mientras EEUU es la única gran potencia cuyo comercio con África ha caído desde el estallido de la crisis en 2007, el de los BRICS, especialmente China, ha crecido. Además, Nigeria acaba de sobrepasar a Suráfrica como el país con el mayor PIB del continente y las previsiones le colocan como la 13ª economía mundial en 2050. Y, sobre todo, los 15 países de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental, incluida Nigeria, mantienen su rotunda negativa a acoger en sus tierras el cuartel general del ejército norteamericano Africom, actualmente en Stuttgart, Alemania.

La epidemia de ébola va a tener repercusiones sociales, económicas y políticas todavía difíciles de calcular. El cártel completo de los OMS, CDC, FMI, BM, UE… se disponen a poner los países afectados bajo la tutela de la “comunidad internacional”. “Incluso en el supuesto de que la epidemia se llegue a controlar en seis meses, como dice la OMS, la economía tardará aún dos o tres años en volver a la situación de 2013”, afirma el presidente de ARCADE, una asociación africana por el desarrollo económico independiente que cuestiona las políticas del FMI y el Banco Mundial. “África occidental estaba atravesando un periodo realmente bueno de estabilidad y avances hacia una mayor unión. Para 2020 estaba previsto alcanzar la unión monetaria. Pero estoy convencido de que todos estos procesos se van a ralentizar”.

Si para los gobiernos occidentales el ébola es un asunto de seguridad nacional de máxima prioridad, para la emergencia de los países africanos dotarse de un sistema sanitario autónomo y fuerte es igualmente un asunto de seguridad nacional. El ébola recuerda al continente africano que no puede emerger sin olvidar sus demonios: la permanente intervención exterior provocando y/o aprovechando en beneficio propio la guerra, el hambre y la enfermedad.

¿No hay recursos? La entrevista, que publicamos en este mismo número, a Josep Pàmies, de la asociación La Dulce Revolución de las plantas medicinales, nos desvela que cualquier enfoque autónomo sobre la enfermedad será silenciado. Su asociación ha ofrecido, de forma gratuita, aportar al Gobierno de Guinea-Conakry, a la OMS y a las principales ONGs, semillas de plantas medicinales y un producto, el Dióxido de Cloro (MMS), que podrían ayudar a la cura del ébola de forma drástica y económica. Se basan en la experiencia de médicos y cooperantes.

“Cualquier enfoque autónomo contra el ébola es ocultado”

Su propuesta ha sido rechazada, a pesar de la documentación que las avala. Una filial de Cruz Roja consiguió revertir, en un poblado de Uganda, más de 150 casos de malaria en 24 horas simplemente purificando el agua con Dióxido de Cloro. Este hecho sigue oculto, mientras más de 300 mil personas han muerto por la malaria durante el brote de ébola. Si con la malaria obstruyen este tipo de tratamientos, ¿por qué hay que creer lo que nos dicen sobre el ébola?

En otra experiencie bien documentada, médicos de la asociación alemana Anamed han reportado resultados esperanzadores con Artemisia annua y Moringa contra el Sida en Tanzania y Mozambique. “Tenemos el problema de que la medicina moderna nos acusa que no estamos haciendo estudios clínicos – pero nadie quiere financiar estos estudios. Pues una hierba que cualquier persona puede cultivar en su propio huerto no trae beneficios para la industria, ni lleva impuestos de importación o venta para el estado. Así que siempre estaremos condenados a trabajar en lo pequeño, haciendo estudios de observación – aunque con consecuencias a nivel mundial, gracias a internet”.

Si EEUU puede probar sus carísimos productos tóxicos experimentales, ¿por qué no probar tratamientos naturales? Si hay un solo cooperante que se ofrece para llevarlo a cabo. Si hay un solo médico que avala su efecto. Si hay una asociación por la salud que ofrece su colaboración gratuita. ¿Qué se pierde en hacer una prueba piloto?

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