O.J. Fuster es sindicalista del movimiento obrero de UCE
Las páginas color «salmón» de un periódico identifican, desde finales del siglo XIX, las que tratan sobre los negocios de los capitalistas. Ahí se publican análisis financieros y de mercados. También es donde las empresas exponen sus estrategias para aumentar sus ganancias. Curiosamente ahí hablan mucho de nosotros, de los trabajadores. Saben que para aumentar esas ganancias deben apropiarse de la plusvalía (riqueza) que genera la clase obrera. Pero también saben que con conciencia y organización, es la única clase que se la puede arrebatar.
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Quién, cuándo y para qué se dice
La portada del suplemento «salmón» de El País del pasado domingo anunciaba el reparto de 38.000 millones de euros entre los accionistas del BBVA, también un manual para empresas en la era Trump, pero el titular estrella aparecía bajo una llamativa foto con fondo rojo, «El fin de la conciencia de clase. El individualismo acaba con la lucha obrera«.
No es ninguna novedad esa socorrida cantinela del fin de las clases, de la lucha de clases, de la historia, o que la revolución científico-técnica mandará definitivamente al paro a toda la clase obrera. Nada nuevo, es el viejo sueño burgués de que su modo de producción es el último y que podrán explotar a los trabajadores en paz y armonía.
Pero cuando esas ideas se difunden desde un medio de izquierdas y sustentado por declaraciones de diferentes personalidades de izquierdas es necesario pararse y preguntarse qué hay de cierto en todo esto. ¿Estamos los sindicalistas, los comunistas, los revolucionarios en general pregonando en el desierto? Rotundamente no.
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Los bulos
Como siempre, para crear una opinión que no esté sustentada en los hechos, es necesario difundir mentiras, medias verdades y opiniones sin fundamento. Y como siempre, para desmontar los bulos que sobre la clase obrera se lanzan desde «las páginas salmón» hay que buscar la verdad en los hechos.
1- Afirman que los trabajadores se consideran clase media.
Antaño hablaban del aburguesamiento de la clase obrera, hoy que nos consideramos clase media. Pero en estos momentos, difundir esa idea es especialmente insultante cuando en España hay 3 millones de trabajadores que, pese a tener empleo, son pobres (Intermón Oxfam). Que el 40% de los trabajadores, según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) se consideren “clase media” no puede tapar la realidad; hay 11 millones de trabajadores, el 60%, que ganan menos de 21.000 € brutos anuales. Ni la subida del salario mínimo a 1.184 € ha podido frenar los estragos que la inflación ha hecho en los bolsillos de la inmensa mayoría de trabajadores.
2- Tampoco es cierto que la clase media esté apuntalada en un mayor número de autónomos. Su peso disminuye desde 1979, sólo repunta en momentos de destrucción de empleo, a lo que añadiríamos que se paralizó por la lucha sindical y de los Riders en particular el intento de uberización o de falsos autónomos que amenazaba con imponerse.
3- Dicen que los trabajadores ya no viven en unas condiciones que favorezcan la unión y la conciencia de clase.
Volvamos a los hechos. Las estadísticas del CIS y del INE sobre las condiciones de vida y trabajo desmontan este bulo: El tiempo medio de permanencia en una misma empresa ha aumentado de 10.3 años en los años 90, a los 11.3 en la actualidad. El tamaño de las empresas donde trabajamos es cada vez mayor y emplean a más gente, las de más de 250 trabajadores emplean al 43% de trabajadores, más de 8 millones. Y frente a la idea de que la movilidad geográfica de los trabajadores a generado aislamiento social, la realidad es que vivimos en la misma casa y barrio más años, llegando al máximo histórico en 2024 con 17.7 años.
Hay más, sobre la mujer, los inmigrantes, los jóvenes o los pensionistas y todos con la misma intención, quebrar la conciencia de clase desde una supuesta izquierda.
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Los datos
No se niega la existencia de la clase obrera, es imposible, ya que se ha pasado de 15 millones de asalariados en 2015 a más de 19 millones en la actualidad y la tendencia sigue subiendo (EPA 2025). Lo que ponen en cuestión es la conciencia de clase, pero la realidad es tozuda y apunta en sentido contrario.
El 14% de los asalariados se reconocen como clase trabajadora, obrera o proletaria es decir 2.675.000 de trabajadores. Un porcentaje similar al de la tasa de afiliación sindical que ronda el 13%, casi 2 millones y medio de trabajadores. La negociación colectiva que ejercen los sindicatos protege al 80% de los asalariados (15 millones de trabajadores). Anualmente se producen más de 700 huelgas de empresa y sector, donde participan más de 200 mil trabajadores. Y si manifestarse es un dato para medir el pulso de la conciencia colectiva, solo en 2023 hubo 31.715 manifestaciones en toda España.
Con estos datos ¿es cierto que no hay conciencia de clase y que el individualismo es la nueva relación laboral dominante? Sin dudar de las buenas intenciones de los que participan del artículo al que nos referimos, ¿no están yendo más rápido que la realidad?
En España hay un tesoro organizado de centenares de miles de trabajadores con conciencia de clase que el gran capital quiere enterrar. En un momento donde las condiciones de vida y trabajo empeoran para un porcentaje cada vez mayor de asalariados, la responsabilidad de las organizaciones sindicales y políticas que nos identificamos con los intereses de los trabajadores es mayor. Denunciar estos bulos e ideas que nos paralizan es por donde empieza la lucha por nuestros derechos e intereses de clase.

