¿Puede ganar el PT las elecciones sin Lula?

La izquierda brasileña afronta estas elecciones sumida en una más que adversa situación. En 2016 un impeachment golpista lograba desalojar al Partido de los Trabajadores (PT) de Dilma Rousseff e instalar ilegítimamente a Michel Temer en Brasilia. Luego, una farsa jurídica ha conseguido meter a Lula en la cárcel e inhabilitarlo como candidato. Los intentos de excarcelar al líder izquierdista han sido contestados con furiosos ataques mediáticos e incluso con amenazas de levantamiento de algunos generales. Y a pesar de todo esto, el PT y su candidato, Fernando Haddad, aún tienen ciertas posibilidades de ganar las elecciones. ¿Cómo puede ser?

Quizá haya que haber vivido en Brasil para comprender el enorme prestigio que tiene la figura de Lula entre las clases populares, en especial entre los más pobres. El mandatario dejó su cargo con un 80% de aprobación porque durante sus 8 años de mandato, sacó a 30 millones de brasileños de la pobreza, al tiempo que los indicadores de bienestar social -sanidad, educación, alimentación…- se elevaron como nunca. En el plano internacional, Lula puso al que había sido el «enfermo crónico de América Latina» en el club de las potencias emergentes (los BRICS) y alineó a su país con el resto de gobiernos progresistas del continente, en un auténtico frente antihegemonista contra el dominio de Washington.

Durante meses, Lula se ha mantenido como el candidato del PT con una sólida ventaja (más del 40% de intención de voto). Los mismos centros de poder -brasileños y extranjeros- que llevan maniobrando desde hace años para derribar al PT del gobierno, se han esforzado en impedir que el líder izquierdista pueda concurrir a las elecciones. No solo retorciendo la farsa jurídica que ha llevado a Lula entre rejas, sino redoblando la campaña mediática o incluso agitando el ruido de sables de los militares.

En estas más que difíciles condiciones, parecería que poco se puede hacer. Y sin embargo, a pocos días de las decisivas elecciones presidenciales del 7 de octubre, el PT afronta la recta final de la campaña con esperanzas fundadas. El lugarteniente de Lula, Fernando Hadad, sube rápidamente en los sondeos (21% de intención de voto) y parece que tiene posibilidades de llegar a la segunda vuelta para enfrentarse a su principal rival, el ultraderechista Jair Bolsonaro (27% en las encuestas). Si se diera este escenario -un balotaje entre el lulismo y la extrema derecha- no pocos expertos ven posibilidades de éxito para el PT.

La contienda parece dibujarse entre estas dos opciones antagónicas para Brasil. El descrédito de Temer parece haber contagiado a los candidatos de la «derecha moderada», y ha dejado a estas alturas de la campaña que Jair Bolsonaro sea la única opción para que la oligarquía brasileña y Washington puedan seguir controlando los destinos de Brasil.

Este ex-paracaidista de las fuerzas armadas, que no pierde ocasión de mostrar su admiración por Donald Trump, además de ser un conocido misógino, racista, machista y partidario de la dictadura militar brasileña, defiende abiertamente la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía. Y un programa económico que defiende hacer «aún más atractivo» a Brasil para la inversión extranjera, eliminando el derecho de negociación colectiva de los trabajadores o con todo un programa de privatizaciones y ventas al capital foráneo.

Enfrente tienen al PT, que no solo aporta como aval el prestigio de Lula («Lula es Haddad», es el eslogan de campaña) sino una vuelta a las políticas de redistribución de la riqueza (subida de impuestos a rentas más altas y grandes capitales, ambiciosas políticas sociales, defensa de la sanidad y la educación públicas para los más empobrecidos) y volver a alinear a Brasil con los BRICS, con el comercio Sur-Sur y con los gobiernos progresisas de América Latina.

A pocos días de la cita con las urnas, la batalla está completamente abierta. A pesar de las malas condiciones, el PT tiene todavía opciones para ganar sin Lula. No está nada decidido, y las declaracciones de Bolsonado -«no aceptaré un resultado de las elecciones diferente de mi elección»-, o de algunos militares -«el PT solo gana mediante fraude»- indican que las posibilidades de Haddad no son nulas. Los trabajadores cariocas y los movimientos sociales de Brasil no van a tirar la toalla. Sea cual sea el resultado.

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