Portugal, el éxito de un gobierno de progreso

Portugal empieza a salir de la crisis gracias al “gobierno a la portuguesa”. Apenas año y medio después de la formación de un gobierno progresista, presidido por el Partido Socialista y apoyado por el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista, Portugal se recupera y crece a ritmos anteriores a la crisis, creando empleo, recuperando salarios y pensiones y reduciendo las desigualdades

 Hasta la Comisión Europea lo ha tenido que reconocer aceptando que el déficit de nuestros vecinos bajará del 2%, frente al 2,5% exigido por Bruselas.

¿Cuáles son las claves del cambio de rumbo en Portugal? ¿Cómo se ha hecho posible un gobierno de progreso?

Hace cinco años Bruselas y el FMI imponían un rescate de 75.000 millones de euros y unas condiciones draconianas: drásticos recortes de salarios y de las prestaciones por desempleo, recorte de las pensiones y ampliación a los 66 años la edad de jubilación, supresión de infraestructuras como el AVE Lisboa-Oporto, aumento de impuestos y una cadena de privatizaciones, entre ellas las compañías estatales, la eléctrica EDP, Correos y la aerolínea TAP.

Bajo el gobierno de la derecha de Passos Coelho, ejecutando los dictados de la Troika, Portugal entró en una espiral de degradación y expolio a la población: la deuda subió casi al 130% del PIB, se privatizaron empresas por más de 10.000 millones de euros (la mayoría acabaron en manos del capital extranjero), se disparó el paro hasta el 18%, se recortaron un 25% los salarios y más de 500.000 portugueses, sobre todo jóvenes, tuvieron que salir del país.

Una cambio radical

Hoy, con un gobierno de progreso presidido por el socialista António Costa, constituido en noviembre de 2015 por el acuerdo entre el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Bloco de Esquerdas, la situación es completamente diferente, gracias al cambio de rumbo de la política económica y social.

El nuevo gobierno se ha negado a seguir imponiendo más recortes, aplicado políticas redistributivas, elevando salarios y pensiones y una política fiscal selectiva.«La economía crece al 2,8% (el nivel más alto desde 2007) y el crecimiento económico repercute en las clases populares»

La economía crece al 2,8% (el nivel más alto desde 2007) y el crecimiento económico repercute en las clases populares.

El paro ha caído hasta el 10%. Se han restituido los salarios de los trabajadores de los servicios públicos. Se ha subido el Salario Mínimo un 15%, hasta 557 euros. Y se han recuperado las pensiones.

Se ha reducido el IVA para el sector de la hostelería, especialmente castigado por las imposiciones de la Troika, y en productos de primera necesidad. Y aprobado exenciones fiscales para las familias con rentas más bajas.

Además se ha reducido el déficit por debajo de las exigencias de Bruselas, bajándolo del 4,4% a menos del 2%, este año, lo que está obligando a Bruselas a anunciar que “sacará a Portugal del procedimiento de déficit excesivo”, y por lo tanto a retirar a los comisarios (los hombres de negro de la Troika) de Lisboa, lo que sería otra conquista del gobierno.

Lo que no significa que las grandes potencias y los intereses monopolistas que hay detrás de la Troika renuncien a seguir saqueando a los portugueses y apropiarse de más sectores de su economía. Al contrario, esta es una larga batalla por la defensa de los intereses de los portugueses y del país frente a los saqueadores.

Hace apenas unos meses, en septiembre de 2016, el FMI publicaba un informe amenazando al gobierno progresista con un nuevo rescate si no se recortaba el gasto público en 900 millones de euros. También Bruselas había advertido en esas mismas fechas contra la subida del Salario Mínimo y sobre la necesidad de hacer nuevos recortes en el sector público. Y especialmente contra la desprivatización de la histórica línea aérea portuguesa TAP, que el gobierno ha recuperado en un 50%.

Frente a estas exigencias el gobierno de Antonio Costa se mantiene firme en su línea de propuestas redistributivas que reduzcan las desigualdades, mejoren las condiciones de vida de los ciudadanos y defiendan los intereses del país. Para este año ha fijado como objetivos: una subida de las pensiones y otro aumento del Salario Mínimo para llegar a los 600 euros; la eliminación de la sobretasa sobre el impuesto de la renta, que forma parte del programa de rescate; una reforma fiscal para los grandes patrimonios inmobiliarios a partir de los 600.000 euros… Y un objetivo central, reducir la deuda heredada del rescate y que actualmente es el 130% del PIB.

Las elecciones que lo cambiaron todo

Las elecciones legislativas de octubre de 2015 dieron un vuelco en la correlación de fuerzas en Portugal.

La coalición de derechas entre el Partido Social Demócrata y el CDS-PP perdieron 28 escaños y con ellos la mayoría absoluta en el parlamento. Pedro Passos Coelho, que se había distinguido por aplicar a rajatabla los recortes exigidos por Bruselas y el FMI, perdía 740.000 votos.

Mientras las fuerzas de izquierdas parlamentarias ganaban casi medio millón de votos y 24 escaños, 6 más de la mayoría absoluta. Y, sobre todo se daban las condiciones para formar un gobierno alternativo al de la derecha: 122 escaños y 2,7 millones de votos frente a los 104 escaños y 2 millones de votos de la coalición de derechas.

El Bloco de Esquerdas -liderado por dos mujeres, la candidata presidencial Catarina Martins, y la diputada Mariana Mortágua- se convertía en el auténtico vencedor de las elecciones, obteniendo casi el doble de votos que en 2011, superando por primera vez al Partido Comunista y convirtiéndose en la tercera fuerza política del país. Un triunfo que sería decisivo en la formación del nuevo gobierno.«Las elecciones legislativas de octubre de 2015 dieron un vuelco en la correlación de fuerzas en Portugal»

El presidente conservador, Marcelo Rebelo de Sousa, encargó la formación de gobierno a Passos Coelho, como candidato de la “fuerza más votada”. Pero el intento de que siguiera gobernando “el mejor discípulo de la Troika” fracasó por el acuerdo de las fuerzas de izquierda (PS, Bloco y PCP) para presentar una “moción de rechazo” contra el gobierno de Coelho.

Desde el primer momento la portavoz del Bloco, Catarina Martins, dejó claro que su formación hacía todo lo posible para impedir el gobierno de Passos Coelho porque: “Se dan las condiciones para una alternativa a la derecha estable en el parlamento… y el gobierno de Coelho no se corresponde con la voluntad mayoritaria de los electores”. Ofreciendo al Partido Socialista, y también al PCP, una línea de negociación para presentar la “moción de rechazo” basada en la denuncia de la política de “austeridad y recortes” impuesta desde el exterior y, dejando a un lado las diferencias de programas, buscar un acuerdo de mínimos -en empleo, salarios, pensiones y sostenibilidad del Estado Social- para investir como presidente al candidato socialista, Antonio Costa.

Una línea decisiva

Existían las condiciones para constituir un gobierno progresista, pero fue la línea del Bloco de Esquerdas el elemento decisivo para fraguar un acuerdo y hacerlo realidad. Sobre la mesa de negociaciones sólo hubo una línea roja: el rechazo a las políticas impuestas desde el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, y el convencimiento de que la formación de un gobierno de progreso abría un camino nuevo a Portugal, un cambio de rumbo que creaba mejores condiciones para satisfacer las demandas populares frenando los recortes, y al mismo tiempo hacía más difícil la intervención y las imposiciones que llegaban de Washington y Berlín. «Existían las condiciones para un gobierno progresista, pero fue la línea del Bloco el elemento decisivo para fraguar un acuerdo «

Cada partido dejó a un lado puntos fundamentales de su programa a la hora de negociar un acuerdo de gobierno. El Partido Socialista tuvo que abandonar su propuesta de flexibilización laboral, su apoyo a políticas de austeridad y la privatización del sistema de trasportes. A cambio el Bloco aparcó la reestructuración de la deuda y, junto con el Partido Comunista, el cuestionamiento del Euro o la pertenencia a la OTAN.

Y llegó el acuerdo de “gobierno a la portuguesa”. Un gobierno del Partido Socialista, sin participación directa de las otras dos formaciones de izquierdas, pero con su apoyo parlamentario basado en cuatro puntos:

Contra los recortes salariales. Reposición de los recortes salariales a los trabajadores públicos.

Aumento gradual del Salario Mínimo desde los 515 euros a los 600 en 2019.

Acabar con los recortes de pensiones y actualizarlas.

Revertir las privatizaciones de empresas públicas rentables, revocarlas y recuperarlas.

El “gobierno a la portuguesa” no es estrictamente un “gobierno de izquierdas”, como reconocían tanto el Bloco como el PCP en declaraciones al periódico luso Público. “Nuestro principal objetivo era frenar el programa de la derecha, y lo logramos… El acuerdo fue el mejor posible, era necesario encontrar respuestas a los problemas más urgentes de salarios, pensiones, al funcionamiento del sistema de salud”, declaraba Catarina Martins. Y en el mismo sentido se han expresado los dirigentes del PCP, Jerónimo de Sousa y Jorge Cordeiro: “No se podía perder esta oportunidad, nosotros hemos contribuido para impulsar un conjunto de medidas que van en la dirección de una más grande justicia social”.

La línea defendida desde el Bloco de Esquerdas no sólo fue decisiva en la formación del gobierno progresista, sino que está siendo decisiva en su continuidad y fortalecimiento. Desde las organizaciones que integran el acuerdo de gobierno se destaca que la unidad se trabaja día a día en una intensísima actividad de relaciones. Según fuentes del PS, el secretario de Estado de Asuntos Parlamentarios ha mantenido más de 1.000 reuniones con sus socios, llegando hasta 16 en un mismo día.

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